Hay algo que no encaja en este país. Por un lado, más de tres millones de viviendas vacías. Por otro, jóvenes que no encuentran un alquiler que no se coma medio sueldo. Y en medio, un mercado que no termina de arrancar.
Diego Moya lleva años mirando esa contradicción. Y en lugar de esperar a que los políticos la resuelvan, ha decidido actuar.
Su modelo es sencillo sobre el papel: comprar edificios abandonados o en ruina, rehabilitarlos y ponerlos en el mercado de alquiler. Pero la ejecución tiene algo de artesanía. No compra cualquier cosa. Busca esos proyectos que quedaron paralizados tras la burbuja, esas promociones a medio hacer que nadie quiere tocar. Los rescata, los termina, los convierte en viviendas dignas.
Y funciona.
Hasta ahora, su iniciativa, a través de VibeX Global, ha dado hogar a 1.500 familias. La previsión es alcanzar las 5.000 antes de que termine 2026. En la provincia de Valencia ya han rehabilitado más de 200 viviendas, en localidades como Puerto de Sagunto, Xirivella, Paiporta, Pobla de Vallbona o Alaquàs. Y el objetivo a cinco años es movilizar una inversión privada de 900 millones de euros.
“El mercado de la vivienda sí tiene un problema de voluntad política”, afirma Moya sin rodeos. “Los inversores y promotores podemos hacer un esfuerzo enorme con lo que hay, pero la única solución real pasa por la liquidación completa del Sareb, la salida al mercado del producto infrautilizado en manos de bancos y fondos, y la recalificación de terrenos con aceleración de licencias”.
El Sareb, el banco malo, tiene prevista su liquidación para noviembre de 2027. Pero el proceso no será limpio. El Estado asumirá un agujero de 16.500 millones de euros por la deuda de la entidad. Y al Sareb aún le quedarán alrededor de 18.000 inmuebles por sacar de su balance cuando entre en disolución. De hecho, el Gobierno ya ha ordenado el traspaso de más de 40.000 viviendas a la empresa pública de vivienda. Pero mientras tanto, esas casas siguen vacías.
Moya cree que el capital privado puede acelerar ese proceso. Y los números le dan la razón.
El déficit de vivienda en España ya supera las 730.000 unidades, según CaixaBank Research. Casi la mitad se concentra en cinco provincias: Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante y Murcia. En la Comunidad Valenciana, el déficit supera las 164.000 viviendas. Y mientras tanto, el precio del alquiler no para de subir: en Valencia capital ya roza los 16,7 euros por metro cuadrado.
“Si en Valencia faltan entre 35.000 y 50.000 viviendas, ¿por qué no intentamos juntarnos entre inversores y generar un impacto real?”, plantea.

El origen de Diego Moya no tiene nada que ver con el ladrillo. Construyó Entrenarme, el primer marketplace que conectaba entrenadores personales con clientes fuera de los gimnasios. Lo vendió justo antes de la pandemia. Y con los beneficios, empezó a comprar pisos.
Pero no pisos cualquiera. Compró carteras de viviendas vacías procedentes de bancos, como las del Banco Popular adquiridas por Banco Santander. Edificios en ruina. Proyectos parados. Y los fue rehabilitando uno a uno.
“Analizamos distintas ciudades y vimos que la periferia de Valencia tenía rentabilidades netas superiores al 7%, mientras en el centro y en Madrid estaban por debajo del 4%”, explica.
Así nació VibeX Global. No es una inmobiliaria al uso. Es un ecosistema de gestión patrimonial que integra inversión inmobiliaria, estructura societaria, fiscalidad y visión de legado en una sola arquitectura. Lo llaman el Plan de Vida. Cada inversor, empresario o profesional que entra pasa por un proceso de diagnóstico, ordenación y proyección. Hoy, miles de personas en más de doce países operan bajo este sistema.
Pero hay algo más. Moya ha construido una comunidad. No una academia, no un curso. Una comunidad de inversores conscientes, como él los llama.
Gente que entiende que “el mejor negocio del próximo ciclo inmobiliario es también el más necesario”.
Y lo comparte todo. En Instagram, donde supera los 120.000 seguidores, publica de manera altruista lo que sabe, lo que descubre y también los errores que comete. Sin filtros. Sin postureo.
“Empecé a compartirlo en redes sociales y en solo seis meses pasamos de cero a más de 50.000 seguidores, principalmente inversores con intereses avanzados en fiscalidad y planificación patrimonial”, cuenta.
No es la primera vez que Moya habla claro. Hace unos días, en El Debate, defendió al futbolista Ferran Torres de las críticas de Sumar por invertir en inmobiliario:
“Lo que les molesta es que un chaval de 26 años de un pueblo de 8.000 habitantes haya entendido las reglas del juego mejor que ellos. Atacar al que invierte bien en lugar de arreglar el mercado que ellos mismos han roto es más fácil que gobernar”.
El modelo de VibeX no es perfecto. No va a resolver el problema de la vivienda por sí solo. Pero en un contexto donde el precio del alquiler en España ha marcado un nuevo máximo histórico, con una subida interanual del 4,2% en junio de 2026, cualquier oferta adicional cuenta.
Y lo que hace Moya es eso: añadir oferta. Viviendas que estaban vacías, que nadie quería, que se estaban cayendo. Y que hoy son hogares.
“El impacto social de corto plazo con subvenciones perpetúa una mentalidad de escasez”, reflexiona. “Nos gustaría crear una fundación que ofrezca acompañamiento real a personas vulnerables”.
Mientras los políticos discuten sobre el Sareb, las licencias y la recalificación de suelos, Diego Moya sigue comprando edificios en ruina. Los reforma. Los alquila. Y cada vez que una familia entra por la puerta de una de esas viviendas, el ladrillo deja de ser un problema y se convierte en lo que siempre debió ser: un hogar.
Porque, al final, de eso va esto. De gente que necesita un techo. Y de alguien que decidió hacer algo al respecto.
