“La horda”, de Antonio Burgos, y “Del hecho al dicho”, de Javier Nart

(Viñeta de Montoro en La Razón el pasado día 16)(*)
LA HORDA
Artículo de Antonio Burgos publicado en Abc.es el pasado día 15
EL sábado tuve una experiencia única. Desagradabilísima. Aunque esté feo el decirlo, yo había corrido delante de los grises, lo que no tiene más mérito que la edad y el amor a la libertad. Pero nunca había corrido delante de los rojos. No a carrera abierta, porque ya dijo Rogelio el del Betis que correr es de cobardes, pero sí a buen paso, porque venían a por mí y por Isabel, la horda detrás insultando. Si escribo un día una novela histórica sobre cómo las hordas de Sevilla cercaron y lincharon al afrancesado Conde del Águila, el relato tendrá bastante verosimilitud. Bastará poner casacones y sombreros goyescos donde las mugrientas camisetas del Che o los trajecitos oscuros para la toma de posesión del nuevo alcalde. Porque servidor, como todos los invitados a la constitución del nuevo Ayuntamiento, sufrió los insultos y gritos, cuando no los escupitajos, de la horda.
De la horda de toda la vida. Yo he visto con estos ojos cómo un grupo de indeseables con acento norteño, campando por sus respetos, ante la total ausencia del principio de autoridad, perseguía a la Duquesa de Alba, insultándola y vejándola, Entrecárceles arriba. Ante unos guardias municipales que no movían un músculo.
Y a mí mismo, el grupo que se me vino detrás en cuanto me reconoció camino del Ayuntamiento me llamó de todo, haciéndome blanco de todas las iras contra ABC, como si yo fuera el dueño, por lo que estoy por pedirle a Catalina Luca de Tena que por lo menos me haga del consejo de administración, para que los cafres antidemocráticos me puedan insultar la próxima vez con mayor propiedad como representante legal de estas queridas Tres Letras, tan acostumbradas por otra parte a los ataques de las hordas y las incautaciones de los rojos. Y, además, los agitadores de esta importación masiva de kale borroka calé nos pusieron delante a un tío con un vídeo, para que fuera filmando la provocación, por si le pegábamos las tres guantás de reglamento al conocido cartero de un pueblo del Aljarafe que dirigía la horda, horda que yo conocía por los libros, pues era la misma que quemó San Julián o le metió fuego a la casa de los Mensaque en Triana: el cobarde anonimato de la masa.
¿Qué pasó en España el sábado, que el Ministerio del Interior hizo una total dejación de funciones, y no impidió que la constitución de los ayuntamientos pudiera hacerse en libertad, sin que los asistentes fueran objeto de las iras de las hordas, que insultaban cuanto llevara chaqueta y corbata? No era ya la Puerta del Sol, donde no quisieron hacer una reedición de la carga de los mamelucos. Anunciada la algarada, todo era tan fácil como tomar policialmente los alrededores de los ayuntamientos para asegurar el normal desarrollo del acto democrático. Pero nada hicieron. Aquí en Sevilla, cuando vinieron unos barandas del G-7 o cosa así, la Policía tomó la ciudad y cercaron con vallas el Hotel Alfonso XIII donde los jerarcas se alojaban. Los antisistema quedaron a dos kilómetros de su objetivo y nadie dijo que eso fuera antidemocrático. El sábado, no. El sábado los tuvimos en plan «mírala cara a cara que es la primera», en los talones, como Gary Cooper a los indios de la tribu de los mamones, al grito de «no nos representan». ¿De qué y de cuándo? Los que tomaban posesión nos representaban entre los tres partidos a 289.274 votantes, cifra que estos perrofláuticos no reúnen ni aunque repartan porros gratis. Lo que hay que preguntar es a quién representan los del 15-M. ¡Mira cómo no había un solo indignado insultando ante los ayuntamientos entregados por el Constitucional a los proetarras de Bildu! Esos cojones, en San Sebastián, hijos míos.
DEL HECHO AL DICHO
Artículo de Javier Nart publicado en La Gaceta el pasado día 18
Cada día despertamos con un nuevo sinsentido de quienes en lugar de enredar, deberían resolver. Me refiero a nuestra casta política, de la que la ciudadanía desconfía con sobrada razón. Los Partidos Popular y Socialista conjugan, sin reconocer esquizofrenia, declaraciones de austeridad presupuestaria… con una práctica ubicada en las antípodas.
En los últimos tres años, ¡y en plena crisis!, el Estado –el autonómico y municipal de cada partido y el central del PSOE– ha creado ¡244.000 nuevos funcionarios! La contabilidad oficial es infiable, así las finanzas internacionales han empujado el tipo de interés del bono español al 5,48%. ¿La causa? La certeza de que ante el cambio de Gobiernos autonómicos y municipales se descubrirá el mismo agujero negro encontrado en Cataluña: una deuda pública que doblaba a la declarada.
Y si de lo categórico pasamos a lo anecdótico, cómico si no fuera indignante, su excelentísima excelencia el muy izquierdista, progresista y socialista ex presidente de Extremadura –la comunidad más pobre de España– precisa para su dignidad institucional dos millones de euros en gastos, cuatro servidores, cuatro vehículos oficiales… los ex gobernadores del Estado de California –cuyo PIB es superior al de España– ni sueñan con disfrutar semejantes prebendas.
Y como en el puchero todos meten la cuchara, recordemos al Ayuntamiento de Madrid, cuyo parque móvil tiene más coches –y chóferes– que toda la comunidad y ayuntamientos juntos. Y en Valencia la Caja de Ahorros del Mediterráneo zozobrando tras las alegrías, fastos y gastos del gürteliano Camps con sus mitománicas pirámides de Terra Mítica, Premio Fórmula 1, proyectos urbanísticos en el Turia o un aeropuerto del que jamás ha despegado un avión.
Es de aurora boreal que los que prometen de futuro hicieron de pasado y presente exactamente lo contrario que ahora predican. Puedo confiar en la castidad de un convento, no en la de un burdel de acreditada fama.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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