Historias de mi madre. Singular recibimiento al príncipe de la Iglesia

Por Carlos de Bustamante

(Simancas. Acuarela de José Antonio Regidor en aseda.blogspot.com)(*)

Me permitirán un nuevo inciso en el relato, para que comprenda mi improbable lector la idiosincrasia sencilla y amable de nuestras gentes del campo ante un acontecimiento, para ellos irrepetible:

En cuanto el cachicán se hubo enterado del ilustre personaje que acudiría a inaugurar la capilla, orgullo de todos los peñalberos de la Dehesa, inició los preparativos, para el recibimiento más adecuado a tan gran autoridad eclesiástica, nunca vista por estos pagos.

En el cruce de caminos donde comienza la Dehesa, hizo con sus solas manos, un gran “arco triunfal”, con ramera del monte inmediato. En el frontis, un gran letrero rezaba: BIENVENIDO A LA DEHESA DE PEÑALBA. A la hora previamente anunciada, el cachicán esperaba escondido con una extraña carga entre las matas frondosas de roble. Quiso el Señor Arzobispo hacer el recorrido a pie desde el arco en el lugar denominado “La Raya”. La distancia desde el arco triunfal hasta el caserío – un kilómetro y algo más de medio- fue más que suficiente, para que el recibimiento fuera propiamente “sonado”.

En cuanto el purpurado puso un pie en tierra de la Dehesa, subió con silbido siniestro una estela luminosa, incandescente, que a no mucha altura del cielo purísimo, explosionó como una bomba de grueso calibre. Sin entender el señor Arzobispo el porqué de tal bombazo, dio tal respingo, que poco le faltó para aterrizar en el asiento recién dejado del automóvil. Gratamente impresionado el cachicán por el efecto causado, que interpretó a su modo, corrió luego entre las matas, sin ser visto, a una nueva posición más avanzada. Repuesto del inesperado susto inicial, caminaba el “príncipe”, embelesado por la belleza del lugar. Nuevo silbido; nueva estela luminosa, y espectacular nuevo bombazo, aún más próximo al purpurado. Y nuevo y mayor respingo, claro.

Al inicio del puente sobre el canal del Duero, otro gran letrero de bienvenida sobre monumental arco distrajo al ilustre visitante, a la vista ya del caserío.

De entre las ramas de un enorme almendro de los muchos que jalonaban el último tramo de la “carreterilla”, surgió el fogonazo y posterior estampido, que, nuevamente llenó de espanto a su Eminencia… Sin robles que ocultaran al artillero, comprendió el porqué corría cargado con los cohetes más potentes para espantar (con perdón) a los grajos de los sembrados. Era como en la capital por ferias y fiestas, el horrísono saludo sorpresa de bienintencionada bienvenida. La sonrisa agradecida del agasajado y de satisfacción en el cachicán artificiero, se fundieron en el beso reverente al anillo.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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