Historias de mi madre. La Virgen sin manos

Por Carlos de Bustamante

(Virgen de San Lorenzo, Patrona de Valladolid, cuya fiesta celebramos hoy)

Aficionado al canto y enamorado de la Virgen, no sin un deje de íntima tristeza, canté durante todo el trayecto de regreso a la Señora. Tristeza mínima, porque la estatua era de tamaño superior al de las dos hornacinas del retablo. No obstante, veía en mi interior tan bella a la Virgen Inmaculada, que canté en oración agradecida:

Estrella hermosa que anuncia el día,
eres, oh Madre, Virgen María,
eres María,
Estrella hermosa que anuncia el día,
eres, oh Madre, Virgen Maria.
Más que el lucero, ya en tu alborada
brillas, oh Madre, oh Madre Inmaculada.
Inunde el seno del alma mía
tu luz purísima, Virgen María.

Al llegar a Tudela de Duero, paré frente a la joya que en este pueblo tienen por Iglesia. Visita al Santísimo al que “dije” cuánto le estaba agradecido. Don Saturnino, el párroco y amigo desde hacía años, me saludó con afecto. En el despacho parroquial, le conté con detalle la jornada del día anterior y el posterior regalo del retablo y de la extraordinaria talla de la Virgen ,¡ay, demasiada grande para colocar en las hornacinas!

-Ven conmigo-me dijo- que creo tener en casa una imagen que pudiera resultar apropiada. Subimos.

En una galería –cuarto trastero- y dentro de un viejo armario, reposaba una maravilla de Virgen, cuya talla tenía todas las características del gran imaginero Gregorio Fernández. Preciosa hasta decir basta, y del tamaño exactamente apropiado a las hornacinas del retablo. Mas , ¡ay!, que era una Virgen a la que le faltaban las manos. Lejos de rechazar tal maravilla, acepté de inmediato el ofrecimiento. Estaba convencido de que, tantas gracias habría repartido “a manos llenas”, que por eso u otra vez la barbarie, la habían mutilado. Envuelta cuidadosamente en una manta, deposité con sumo cuidado la “Virgen sin manos” en la parte posterior del Land-Rover. Agradecido con un gran abrazo “de oso” a don Saturnino, continué viaje. Y la oración cantada, brotó espontánea en la impresionante cantiga de Alfonso X, el Sabio:

Rosa entre rosas, flor de las flores…
Virgen de vírgenes y amor de amores
Rosa en que el Señor, puso su querer
Flor la más hermosa que se vio nacer.
Amor que hace dulce todo padecer
Amor que hace nuestros sus castos amores…
Rosa entre rosas, flor de las flores,
Virgen de vírgenes y amor de amores…

Todavía en el aire “Amor de amores…”, coloqué en la hornacina, que ni hecha a medida hacía siglos, quedó maravilla la maravilla de la Virgen sin manos. En la penumbra acogedora de la capilla, dejé hablar a los afectos contenidos. Y hablaron. Y cantaron. Llegaron, seguro, a su destino.

En la otra hornacina, equidistante como la primera de una preciosa Cruz central sin crucificado, san José, en moderno, pero sin desdecir en exceso, completó el hermosísimo retablo. Siento no poderles ofrecer esta imagen para ilustrar, como las otras, esta historia. Sencillamente, porque no la tengo. “Velay” que la consiga…. Velay que sí.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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