Labores de Ayer. Filigrana moruna

Por Carlos de Bustamante

(Soto. Acuarela de Alvaro Castagnet en watercolorspainting.com)(*)

Durante los ¡ocho siglos! de ocupación musulmana de España, hubo diversas fronteras en la lenta progresión de reconquista iniciada por don Pelayo en Asturias. Fronteras que fueron debidas a circunstancias diversas: falta de medios para el combate; escasez de tropas desde el principio en comparación con las tropas moras asentadas en nuestro suelo como si fuera propio; terreno accidentado de difícil progresión; pobreza sobre lo reconquistado que hacía imposible vivir, moverse y combatir….

Tal fue el caso de los inmensos páramos de terreno yermo y al final de ellos el obstáculo del río Duero. Aprovechando vados y puentes improvisados con barcas, a duras penas prosiguió la reconquista por terrenos del valle del Duero.

Hay testimonios suficientes en las tumbas todavía existentes en la margen que durante siglos fuera mora de que el Duero fue frontera durante años de continuo guerrear, hasta expulsar al moro de las tierras feraces que cultivaron durante los dichos ocho siglos con singular esmero.

No es por ello aventurado afirmar que la filigrana moruna en el riego del valle, abundante acuífero explotado por los del Islam, dejara esta herencia a los que nunca debieron dejar de ser dueños del terreno hispano. Sea como fuere, el castellano del valle tras la reconquista, hizo propia esta filigrana en el arte del riego que perdura hasta nuestros días. Mejor: que perduró hasta que el imparable progreso hizo de “Ayer” la herencia recibida.

Retomo, pues, lo que no hice en mi artículo anterior: “El riego en los patatales”. Nuevamente vuelvo al pago del Sotillo en la Dehesa de Peñalba donde las huellas morunas son sobremanera abundantes. Curioso y significativo de la bondad del terreno. Prueba también de ello, son los vestigios vacceos (celtas) y romanos. Tampoco descarto civilizaciones anteriores allí asentadas por alguna pieza encontrada (instrumentos de sílex. Cuchillo primitivo o hacha pequeña, negra, y por supuesto de la edad de piedra.

Con tales antecedentes, no tiene nada de extraño que el labrador castellano del valle del Duero, sea maestro en el riego practicado allí desde “quisió” las generaciones.

Por si el padre Duero no llevase suficiente caudal para hacer “Verde” la Dehesa de Peñalba, los “inginieros” y “péritos” “vinon” a proporcionar un extraordinario añadido a río y acuífero con el canal del Duero para el riego. No fue éste el proyecto originario del canal, sino introducido por estos pagos el cultivo extensivo de la remolacha, fue preciso proporcionar a la fábrica de azúcar (Sta. Victoria de la Industrial Castellana) agua abundante para el proceso de elaboración del dulce producto final. Tampoco el de suministrar agua potable a la ciudad. Fue la impresionante expansión de la capital vallisoletana de posguerra la que hizo necesario compartir el canal entre fábrica, ciudad y labradores.

Tras levantar el señor Santiago el Sábanas gradualmente las trampillas para el riego corría agua abundante por un “almorrón” de gran capacidad y paralelo al canal. De él los regadores del Sotillo-nunca menos de cuatro- abrían las “tornas” que aportaban el oro líquido al patatal por tres o cuatro surcos, según la cantidad que bajaba…
-¡Baja una miaja la trampilla señor Sábanas!, voceó Santiaguillo “Cagaris” al que se le arpaban almorrón y regadoras por diferentes lugares. -¡O es que “quies” que se “marrote” el patatal!, añadió cabreado.

-¡Nada, agua, agua y agua!, le respondió el cachicán… al tiempo que le bajaba dos puntos la trampilla. Aún así, Cagaris se las veía y deseaba para abrir y cerrar tornas con detenciones de tierra a golpe de azadón para que las aguas hicieran su cometido sin volver tal cual al río de donde procedían. ¿Hilos de plata por todo el Sotillo…? ¡Sudor a chorros por las frentes nobles de los castellanos regadores! Aún así y como “sigún” es la pendiente en “rampla” hacia el río, “Cagaris, “Peduco” y los demás regadores se veían obligados a dibujar sobre el terreno filigranas morunas para, detenida la corriente en fuga hacia el río, hacerla subir lentamente en trayectos cortos. Riego que por estos pagos y desde “quisió” cuándo se llama “a culebrillas”: idas y venidas del agua en recorridos lentos de verdadera filigrana y laberinto. Sudor a mares en el primer riego sobre todo de enorme trabajo.

Las pequeñas plantas que “espuntaron” diminutas con riego del cielo, pronto adquirieron vigor y envergadura de adultas. Y como “el agua del cielo no quita riego”, el señor Santiago insistía erre que erre a los regadores:

-¡Nadhambre, agua, agua y agua! La “risión” fue cuando visitó el “corte de Peduco”.
-¿Qué tal te “ runde” Peduco…? Y ¡zás!, se hundió en el terreno recién regado hasta más arriba de las rodillas.
-¿No dices que agua, agua y agua?, le dijo el regador contenida la risa a duras penas. “¡Pos a vei táhugas!” en ella, le “espetelló” socarrón al tiempo que le tendía el azadón al que el Sábanas se agarró desesperadamente. Luego y puesto ya “a salvo” añadió muy serio:
-“¡Que no pué ser, que no pué ser tantaagua; que désta trastornamos!”. Pero el cacho de las Palogán crecía y se desarrollaba “que daba la bendición”. Proseguía el cachicán la visita a los cortes, cuando le llamó Leocadio el “tío Pichón” que regaba a culebrillas próximo a la Cuadra de Caballo.
-¡Venga “agudo” señor Santiago que a las palogán le están naciendo “sapos”! Una pareja de escarabajos “enganchados” recorrían las hojas de varias matas mordidas casi por entero. El cachicán Cortó algunas y, al volverlas, se rascó, confuso, la cabeza bajo la gorra, todavía sudorosa por el esfuerzo para salir de las “arenas movedizas”.
-Esto lo “tié” que ver el amo. Que cuando “siabran” los “buevos” que “puson” los sapos en el “envés” de las hojas, masculló, “pué” que los sapos de las patatas (con ese nombre se quedaron) se coman hasta los palos. Y muy “agudo” marchó al caserío.

Son muchas las labores que aún restan hasta que las Palogán “den el frito”. Labores de Ayer, que si Dios es servido, conocerán en otros relatos.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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