Los lunes, revista de prensa y red

“De la no-crisis al no-rescate”, de Thomas Baumert, y “Las gotas de agua”, de Luis Alejandre

(Viñeta de Montoro en La Razón del pasado día 23 de Julio)(*)

DE LA ‘NO-CRISIS’ AL ‘NO-RESCATE’

Artículo de Thomas Baumert, profesor de Economía Aplicada en la Universidad Católica de Valencia, publicado en La Gaceta el pasado 30 de Julio

Reza una vieja máxima bursátil que los inversores saben sobrellevar las buenas y las malas noticias, pero no la incertidumbre. Cabría suponer que este principio fuera de sobra conocido por nuestros representantes políticos, pero los vaivenes informativos de los últimos días parecen refutar este supuesto.

Baste recordar las contradictorias declaraciones del presidente Valcárcel, en un amago dialéctico que rozaba la “doble negación” hegeliana, anunciando, negando y confirmando –en un lapso de apenas 24 horas– la adhesión de Murcia al Fondo de Liquidez Autonómica. No había resultado más afortunado días antes Máximo Buch, el consejero de Economía valenciano, al apuntar, ante idéntica situación, que “llamar rescate [a este mecanismo de financiación] sería como llamar rescate a una hipoteca”. Sorprende en este caso la doble confusión de términos: en primer lugar, al insinuar que rescate y mecanismo de financiación son conceptos antagónicos, cuando aquel no es sino una versión particular –en tanto que condicionada a ciertas reformas, habitualmente estructurales– de este; y, en segundo lugar, al equiparar una hipoteca –cuya finalidad es, por definición, financiar una inversión– con un crédito destinado a pagar los gastos corrientes de la Generalitat Valenciana. Valgan estos dos ejemplos como botón de muestra, la lista pudiera ampliarse fácilmente.

Y es que, al igual que durante el último mandato del presidente Zapatero el Gobierno se obstinó en proclamar la no crisis, todo apunta a que en estos días cualquier requiebro retórico es lícito con tal de no emplear los términos intervención y rescate. Si entonces se consideraba antipatriótico hablar de crisis, ahora el portavoz del Ejecutivo catalán se permite adscribir, a quienes especulen con un posible rescate de Cataluña, a “una campaña mediática para perjudicar a la Generalitat”. Lo que, por cierto, no ha sido óbice para que prácticamente toda la prensa escrita del país lo haya hecho acto seguido, quizás recordando pasadas críticas del propio portavoz Homs a Rajoy, achacándole el empleo de eufemismos para evitar hablar de un rescate a la banca. Esta situación trae a la memoria el célebre dicho acuñado por el poeta satírico Christian Morgenstern (1871-1914) –perdóneme el lector la osadía, en estos tiempos de incipiente germanofobia y antipatía a la canciller Merkel, de invocar precisamente a un autor alemán– que venía a constatar la propensión humana a convencerse de que “no puede ser lo que no debe ser”.

Como resultado de esta política se puede comprobar la aparición de un surtido florilegio de perífrasis y circunloquios que hubiera hecho las delicias de cualquier poeta hispano-musulmán –tan dados a estas figuras– y que parece haber convergido, por el momento, en el consensuado eufemismo línea de liquidez, esquivando así la cuestión central, a saber: si el término va –o no– acompañado del adjetivo condicionada. El problema radica en que los inversores y analistas de mercado, singularmente los extranjeros, se caracterizan por presentar una escasa sensibilidad poética, por lo que, en lugar de deleitarse con la riqueza léxica de nuestro estamento político, tienden a percibir estas continuas y contradictorias explicaciones –a menudo matizadas luego hasta la negación– como una señal de inseguridad y descoordinación que, en términos financieros, se traduce en incertidumbre, provocando especulaciones a la baja y una alta volatilidad.

Al margen de que estemos enfrentados a especulaciones desmesuradas e intencionadas en corto, y de que las medidas adoptadas por el Gobierno sean, a grandes líneas, correctas –aunque todavía insuficientes–, el equipo del presidente Rajoy haría bien en tratar de homogeneizar las declaraciones institucionales que emiten los diferentes cargos políticos, a fin de transmitir a los mercados una imagen de control sobre la situación. De lo contrario, los titubeos, ambigüedades y retractaciones pueden acabar derivando en consecuencias mucho peores –y, sobre todo, de mayor duración– que aquellas que el Ejecutivo pudiera estar tratando de evitar. Porque, en ocasiones, como nos viene a demostrar la prima de riesgo, lo que no debe ser… ¡aun así, ocurre!

LAS GOTAS DE AGUA

Artículo publicado por el general Luis Alejandre el pasado 19 de julio, en La Razón

Las gentes de armas solemos contar una historia, mas o menos real, pero significativa. A comienzos de la Primera Gran Guerra se necesitaba a alguien que interpretase fotografías aéreas. Se le encomendó la misión a un soldado con brillantes estudios universitarios relacionados con el tema. Dos días después, éste se presentó a su jefe para decir que necesitaba otro ayudante ya que había demasiadas fotografías. De paso solicitó ser ascendido a cabo. Sus sucesivas peticiones fueron satisfechas, de modo que al cabo de tres meses mandaba sobre 85 soldados y ostentaba el grado de teniente coronel. Pero ya no podía interpretar fotografías aéreas porque estaba demasiado ocupado atendiendo a la administración de sus hombres.

Ésta podría ser la historia de nuestro actual «Estado fallido». Montamos nuestra especial interpretación del Estado en múltiples entes, y al final no sabemos o no podemos interpretar su esencia más elemental, que es el servicio público. Demasiadas veces parecen olvidar las instituciones, que están para servir. De vez en cuando debo recordárselo a alguien: «Usted es un servidor público», cuando me devuelve la mirada entre la estupefacción y el odio. Me contestará el lector que la idea de un estado de las autonomías era buena; que la ha pervertido una clase política y que esta perversión tiene un coste inasumible. También hay mucha gente honesta al servicio de los demás.

Las Fuerzas Armadas siguen sirviendo a este «Estado fallido» que es el nuestro, a pesar de las dificultades. Cada día tendrán nuevas noticias. Si amenazan de cierre una Academia en el Pirineo leridano, se pondrá en pié toda una comarca e incluso un president de Govern, nada proclive, apelará al necesario patriotismo para mantenerla. Si el buen general Fulgencio Coll pone sobre polines el 60% de la flota de vehículos del Ejército, se alarmarán fabricantes, proveedores y gasolineras. Y si la Armada «alquila con opción de compra» el buque de aprovisionamiento «Cantabria» a Australia, alguien pensará que estamos desarbolando nuestra seguridad y cediendo soberanía. Cuando se diseñó el buque -10 o 15 años- ya dijo alguien que no era imprescindible. Poco imaginaba que acabaría surcando lejanos mares, reforzando la buena saga de ventas que abrieron el «Camberra» (febrero 2011) y recientemente el «Adelaide» botados en Ferrol. Ninguna de las decisiones adoptadas ha sido fácil, no lo duden. El martes anunció el ministro Morenés el repliegue de la misión del Líbano. Habló de costes y me pregunto en qué condiciones decidió el despliegue su antecesora. He conocido contingentes canadienses que reportaban beneficios a su Ejército, al condicionar su participación a cuotas que debían pagar Naciones Unidas u otros donantes. Como también he conocido Fuerzas Aéreas que «vendían» sus servicios como compañías chárter para «hacer caja».

Y estas Fuerzas Armadas dotadas del 0,59% de nuestro PIB -a nivel de Luxemburgo- se han mantenido dignas, honestas, unidas y disciplinadas. Ni un escándalo económico, en épocas en que por todos los costados de nuestra rosa de los vientos proliferan. Son gentes -sea cual sea su grado- que saben que sus retiros se igualan a los de todos los ciudadanos en la Seguridad Social, sin la menor prima. Son gentes que llevan años -junto a muchos funcionarios- que copagan sus medicinas, sin la menor queja.

Ahora, ante la situación, contagiados por otras alternativas surgen voces de protesta. Tienen razón, pero no va con nuestro estilo. Nunca como ahora Defensa se había preocupado tanto por el aspecto moral de nuestra vocación: Cruces Rojas por Bosnia que llevaban décadas pendientes; la Laureada colectiva al regimiento de Caballería Alcántara que se debía desde 1921; el reconocimiento a heridos y enfermos en misiones exteriores etc. Alguien me dirá que no es suficiente. Y tendrá razón. Pero nuestro estilo no es la pancarta, el exabrupto periodístico o el insulto tertuliano.

Pienso en lo que deben sufrir nuestros hombres que patrullan la ruta Lithium allá por Afganistán. ¡Claro que les preocupa que para elegir al presidente del Consejo del Poder Judicial sus veinte miembros hayan presentado, hasta elegirlo, más de treinta candidaturas! ¡Claro que les preocupan los escándalos y las primas de Caja del Mediterráneo o de Nueva Caja Galicia, porque sus padres podrían tener allí sus ahorros! Y no se explican cómo se ha llegado a este «rompan filas de la decencia» en el que parece que el que no roba es tonto. Ellos que ayudan a levantar un real Estado fallido sienten suspendida su soberanía económica y sienten fallida a su propia Patria.

Las gotas de agua deben servir para aliviar la sed. No para torturar. Pero también hay que evitar que rebosen en los vasos de la paciencia.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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