La inspiración

Por Javier Pardo de Santayana

(Echo of angels. Acuarela de Paul Jackson en pauljackson.com)
(*)

Sintonizo Intereconomía, y el programa resulta ser un espacio musical. Interesante. De entrada aborda los orígenes del vals, basado, según dicen, en un ritmo popular llamado ländler». Y de éste nos muestran ejemplos como «Edelweiss» o el baile protagonizado por Cristopher Plummer y Julie Andrews en «Sonrisas y lágrimas». Luego nos hace ver cómo la versión más refinada, que es la conocida propiamente como «vals» y cuyo exponente típico sería el famoso «Danubio azul», consta de una introducción seguida de tres valses sucesivos. Muy atractivo todo ello, porque más allá de la belleza y del impulso de esta música austriaca, uno imagina el momento del acto creativo, cuando aquellos sonidos envolventes fueron abandonando la mente y el corazón de sus autores para convertirse en arrebatada emoción.

Luego nos hablan de la ópera y nos presentan un proyecto fascinante – un programa de Internet en el que se involucrarán amantes de este arte de todo el ancho mundo – y con tal motivo presenciamos momentos extraordinariamente intensos, como los últimos conciertos de Pavarotti y Von Karajan. En este su canto de cisne, la apasionada voz del italiano en el «Nessun dorma» de Turandot nos hace comprender el triunfo alcanzado por este inmenso artista pese a que, según algunos dicen, no llegara a leer las partituras. Algo parecido podríamos decir del director austriaco, cuya expresión se muestra tan intensamente emocionada en este momento de la despedida que parece anticiparla concentrando en un instante la intensa vida que vivió. Y toda la emoción de los artistas se transmitirá a nosotros como expresión de la autenticidad del arte, moviéndonos a descubrir el secreto de la emoción que éste provoca.

Finalmente, los presentadores del programa nos trasladarán a la casa de la calle de Sagasta que fue hogar del maestro Alonso, o sea, de la esencia misma de la inspiración basada en el alma de un pueblo. Subrayo lo de «inspiración», porque aunque ésta aparezca en la interpretación vocal y en la dirección de orquesta, es en el acto puramente creativo donde cobra mayor protagonismo. Y ahora, en lo que fue el hogar del gran maestro, salen a colación sus aires zarzueleros, sus cuplés castizos y su música de sainetes y revistas, y con ellos muchas de las melodías que hoy se identifican con nuestros propios pueblos y ciudades.

Ya escribí en estas mismas páginas virtuales algunas cosas sobre la influencia de la música en el alma de la ciudad. Entonces me referí a Lisboa y al fado, a Paris y el vals musette; a cómo la ciudad inspira al músico, y cómo, luego, la inspiración de éste acaba por convertirse en puro ambiente. De esta forma el «alma de los poetas» se integra en lo más profundo del alma de la ciudad. Ahora, ante la presencia invisible del maestro Alonso, no puedo por menos de pensar en este Madrid nuestro – tan evidentemente presente en «Los Nardos» («por la calle de Alcalá…») o en el «Pichi», (que «es un chulo que fascina…») – y también en otros rincones de España, como en el caso del «Canto a Murcia («Murcia, que hermosa eres…») o de «Maitechu mía…»; que también esta canción tan entrañablemente vasca es fruto de la inspiración del genial granadino y madrileño de adopción cuyo busto ve hoy pasar por su lado a los peatones que transitan por la más significativa arteria de la capital. Porque un artista tan apasionadamente español como el maestro Alonso pudo identificarse sin mayor problema con todas nuestras regiones hasta hacerse él mismo parte del corazón de todas y cada una de ellas. Pudo, en efecto, hasta expresar su concepto de la patria común en esa «Banderita» que es de todos («Allá por la tierra mora…»).

Lo cual nos hace plantearnos qué es, en el fondo, la inspiración. Supongo que requiere, de entrada, una identificación con las almas ajenas al tiempo que con la propia y un esfuerzo por hacer brotar lo más profundo de ellas; encontrar esa clave misteriosa y compartida que reside en el fondo de nosotros mismos: esa clave que ni siquiera nosotros mismos conocemos y reconocemos, pero que puede incluso, traducirse en música. Mas, ¿qué acordes y sonidos tienen la potestad de hacerlo? ¿Cómo puede materializarse en acordes y en sonidos y ritmos algo que ni nosotros mismos sabemos concretar? Y, sin embargo, hay artistas que lo consiguen misteriosamente; creadores de arte que saben manejar los registros de la sensibilidad. Gente en general irrepetible que posee el don de despertar con la sencilla complejidad de una partitura sensaciones inefables que se nos meten dentro y nos trasladan a un mundo tan real y auténtico como misterioso pero en todo caso nuestro; que nos hacen sentirnos a nosotros mismos en la alegría o la melancolía y en la identificación con unas sensaciones compartidas; que nos descubren ese poso de la aventura común en el que todos nos encontramos unidos experimentando un mismo sentimiento.

Quizá por eso digan que la música es un poderoso factor de unión entre los pueblos…

—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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