Los lunes, revista de prensa y red

“Mas y los inmortales”, de Federico Jiménez Losantos, y “Más que Mas”, de Alfonso Ussía

(Viñeta de Puebla en ABC el pasado día 29 de Octubre)(*)

MAS Y LOS INMORTALES

Artículo de Federico Jiménez Losantos publicado en quiosco. elmundo. orbyt.es
el pasado 31 de Octubre

Artur Mas promete en su programa electoral que en la Cataluña independiente que él presidirá y que en 2020 se pondrá a la cabeza de la UE sin tener siquiera que pertenecer a ella (será la UE la que pertenezca a Cataluña), la cantidad y calidad de vida mejorarán de forma milagrosa: los accidentes de tráfico se reducirán a la mitad; las muertes por cáncer, un 5%; y los años de vida saludable aumentarán otro 5%. Sin independencia, la gente se moriría y se mataría como siempre, pero no creo que vayan a perder la ocasión. Sin la ocupación militar invisible del Estado español, los catalanes de Mas emprenderán con paso firme el camino a la inmortalidad.

El proceso será pacífico y democrático: la ralentización del envejecimiento dará paso al rejuvenecimiento y es seguro que a Don Jordi-Benjamin Button-Pujol le volverán a crecer el pelo y los votos, si es que hay gente capaz de someter a votación la Eternidad. No creo. Los catalanes vivirán tanto que, para los forasteros, será como si no murieran nunca. Por ejemplo, los paisanos oscenses de Duran i Lleida irán dejando este valle de lágrimas al clásico modo aragonés, o sea, muriéndose, mientras ven cómo Duran gana el Vich-Dakar y queda segundo en GandíaShore. Lo tendrán por semidiós, y si Jordi-Benjamin-Jehová lo permite, por dios adjunto.

Esto no es, pues, simple electoralismo sino Revelación; y se basa en un vertiginoso avance científico cuya pista nos da también Mas: tres universidades catalanas, dice, estarán entre las 200 mejores del mundo. ¿Biotecnología? ¿Celulas madre y madre-madre, o sea, abuelas? Sí, pero no sólo. Tras la revolución física y metafísica, los premios Nobel catalanes, que serán todos, cambiarán radicalmente las reglas de la economía. El paro, que es del 23,5% por culpa de España, cuya media es del 25%, en la Cataluña independiente bajará hasta el 10%, la media de la UE. ¿Cómo? Fácil. Creciendo más que Europa, creando 60.000 empresas y 100.000 puestos de trabajo, para empezar. ¿Y la deuda regional más alta de Europa, 44.000 millones de euros? ¡Bah! Cuando sea deuda nacional catalana desaparecerá. Lo dijo ayer Junqueras, de ERC, socia de CiU en la búsqueda de la eterna juventud: «con la independencia, Cataluña tendrá el mayor superávit de Occidente». Así, cualquiera.

MÁS QUE MAS
Artículo de Alfonso Ussía publicado en La Razón el pasado día 2

Ignoro los enlaces que tiene la Generalidad de Cataluña en Rusia, pero visto el resultado de la visita de Mas a Moscú, me sobra el derecho a pensar que su capacidad de influencia en el Kremlin y las altas esferas de la política rusa es más escasa que la que podría tener, por poner un ejemplo de fácil comprensión, la Asociación de Taxidermistas de la Isla Conejera en el «Foreign Office». No le han conseguido ninguna entrevista importante para explicar lo fundamental que puede llegar a ser una Cataluña independiente para Rusia, y el diario más importante de Moscú se ha negado a mandarle un propio para hacerle una entrevista.

Hace pocos años un grupo de escritores, periodistas y maestros de la comunicación audiovisual fuimos invitados a Moscú. Presidía la delegación Marcelino Oreja Aguirre, el que fue en su día ministro de Asuntos Exteriores con la Unión de Centro Democrático. Recuerdo a Pepe Oneto, Antonio Burgos, Manu Leguineche, José María Carrascal e Iñaki Gabilondo, entre otros. Nos recibieron, y muy amablemente, todos los rusos posibles y probables. Desde Shevarnadze a Gorbachov, que nos había reservado en su agenda una audiencia de quince minutos y nos regaló más de dos horas de su tiempo. Lo hizo en el edificio, feísimo como casi todos los de Moscú, que Boris Yeltsyn le había adjudicado a su Fundación Mihail Gorbachov, y que fue, durante los períodos siniestros de Brezhnev, Andropov y Chernenko, el que cobijaba a los terroristas internacionales para mejorar su aplicación y rendimientos. Por allí pasaron criminales de la ETA, del IRA, de las FARC y de los países árabes. Con Gorbachov en su sede, el edificio siguió siendo muy feo, pero mucho más digno.

Shevarnadze nos recibió en su casa. En su salón de reuniones tenía un busto de Kennedy. Manu Leguineche le preguntó si su futuro estaba en Rusia o en Georgia, y el georgiano respondió contundentemente que en Rusia. A la mañana siguiente, cuando despegábamos en un avión de la KLM del aeropuerto de Sheremetievo II, elevaba su morro en Sheremetievo I el «Tupolev» que llevaba a Shevarnadze hacia Tiflis, con el fin de preparar adecuadamente un golpe de Estado en Georgia. Shevarnadze tenía la melena blanca, hablaba con parsimonia, lucía en los puños de su camisa sus iniciales y su traje era un «Príncipe de Gales» londinense.

Gorbachov, el comunista pragmático, admirador del Papa Juan Pablo II y de Ronald Reagan –los que le hicieron ver la ineludible vía de la apertura, la «Perestroika»–, era un soviético con sonrisa de occidental. La URSS no sonreía bien, y Gorbachov lo hacía con soltura. Oír de aquel extraordinario personaje su descargo de conciencia supuso una experiencia inolvidable. Y nos recibió el Presidente de la Televisión Rusa, el director de «Pravda» , el Presidente de la recién creada Federación de Empresarios de Rusia, y no aceptamos más visitas porque perdíamos el avión. Llegué a la conclusión de que no había nada más fácil en el mundo que el ser recibido por una alta personalidad política o económica de Rusia. De ahí que me haya extrañado que a Artur Mas sólo le hayan prestado atención Oleg Shumarov, Dimitri Nikolaiev, Boris Tchapaiev e Irina Valkusova, es decir, el jefe de recepción del Hotel Metropol –muy bien ubicado, eso sí, junto a la Plaza Roja y el Teatro Bolshoi–, el camarero que lleva los desayunos a la «Suite» principal, el conductor del coche alquilado que habla un perfecto español y la jovencísima y bellísima pianista del bar del hotel, que está clausurada a todo tipo de pasión eventual por ser la amante del propietario del establecimiento, un uzbeko con muy malas intenciones.

Lo que demuestra que para Rusia fue mucho más importante nuestra visita que la de Artur Mas, que para demostrar en Barcelona que había estado en Moscú se vio obligado a adquirir en los puestos desmontables de la calle Arbat un par de matrioshkas de media gama como recuerdo de su importantísima visita. «Dozvidania, gaspod Arturov». Es decir, «Adiós, señor Arturo». O lo que es igual: «Que le den».

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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