Acuarela: Décimo paso, “que corra el agua”

Por José María Arévalo

(El Pisuerga cerca de Simancas . Acuarela de J. M, Arévalo. 36×45)(*)

Me comentaba un compañero –al que no le gusta que le nombre- que últimamente realiza sus acuarelas, sobre todo los árboles en las de paisajes, dando, tras hacer el cielo, una primera marca con mucho pigmento –“pellas” de crema directa del tubo- sobre zona humedecida, y deja que corra bien el pigmento sobre el agua del papel (húmedo, no mojado), añadiendo pellas sucesivas de un par de colores más, y deja que escurran bien los pigmentos aplicados. Aprovecha las formas que ha dado el agua a los pigmentos, para construir la forma definitiva, primero cuando empieza a secar, y después, una vez secas ya. Se lo he visto hacer y la verdad es que resultan unas formas realmente originales, muy sueltas y vistosas. La inclinación del papel es fundamental para que corra el agua como uno quiere, incluso variándola, mientras corre el agua, lo que convenga, y recogiendo los excesos, sobre todo por abajo, con un papel absorbente.

Realmente el arte de la acuarela, sobre todo cuando se realiza en húmedo –que es lo que ahora se lleva, las acuarelas fundamentalmente en seco eran el medio de los grandes acuarelistas del siglo pasado-, consiste en arreglar los desaguisados que se producen a la primera pasada, antes de que seque del todo, para no perder la limpieza y transparencia propias de la acuarela. Incluso cuando una forma no ha quedado del gusto del artista, cabe rociarla de agua con un pulverizador y dejar que escurra de nuevo, añadiendo si es conveniente y siempre antes de que seque nuevos toques de pigmento bastante cargado, como requiere normalmente el trabajo en húmedo. Pero a veces hasta el defecto de pigmento sobre el papel húmedo produce formas interesantes donde los colores están muy diluidos – lo que es muy conveniente para pintar lejanías- y el agua seca dejando rebordes que son los que dan la forma (en la página siguiente pongo un ejemplo).

Creo haber comentado ya en este blog aquella frase de Séneca: “No es arte lo que llega a su cumplimiento por azar”. Pero a la vez señalaba cómo se cuenta que Apeles, irritado, arrojó una esponja con agua sobre la pared y al observar la huella que había dejado en ésta, empezó a trabajarla y acabó haciendo una maravilla. Pues de eso se trata, de aprovechar las fechorías que el agua realiza con los pigmentos, que los retuerce, los mezcla, los aclara y distribuye como bien le parece y nosotros permitimos. El trabajo con acuarelas en húmedo requiere –se suele decir- un gran control, y de ello ya hemos comentado en pasos anteriores; pero también hay que saber fomentar el descontrol y aprovecharlo convenientemente.

En el Taller de iniciación a la acuarela que tenemos los miércoles en la sede de nuestra Asociación de Acuarelistas de Castilla y León, llevamos varios días aplicando este procedimiento con buenos resultados. Empecé aplicando el sistema del pulverizador sobre las zonas que iban saliendo muy regular –poco creíbles o demasiado en seco- a algunos de los recién incorporados, que es como mejor se explica lo de dejar correr el agua. Gran sorpresa para los afectados por mi invasión con el spray de agua. Después ya abordamos directamente la operación de dejar correr los pigmentos sobre el papel humedecido, e ir aprovechando las formas que salían. Tarea dura pero muy gratificante.

(Estación de Ariza. Acuarela de J. M, Arévalo. 36×45)(*)

Ahora me ha pedido ayuda por la red un compañero autodidacta, Antonio, que tiene muy buen dibujo pero que prácticamente solo lo colorea, completamente en seco, y cuando intenta dar formas a los árboles en húmedo le quedan verdaderos churros, por exceso de agua. “La acuarela que me mandas –empecé comentándole- está muy limpia y bien estructurada, solo le faltan más matices, y soltura, como dices. Eso lo puedes conseguir pintando más en húmedo, de lo que he escrito mucho en esa serie de artículos –a estos “pasos” me refería-, incluido el primero que te remito. O sea, en el tema que me mandas, sobre el dibujo estupendo que haces, tienes que empezar, con papel en casi horizontal, dando agua al cielo y metiendo pigmento en un par de pinceladas en barridos con paletina -por ejemplo- rápidos, y dejar que el agua realice lo que quiera. Después humedecer el campo y de nuevo meter pigmento «a zorrombulón» como dice Forges, a la que salga, dejando correr el agua, y antes de que seque dar algunos trazos con más pigmento para enriquecer. Y después lo mismo en cada parte de lo construido, sobre húmedo, y añadiendo pigmento sucesivamente. Al final, ya en seco, puedes meter algunos trazos para reforzar donde haga falta, pero no rayitas, sino manchas.
Bueno, seguiremos hablando, mándame más de lo que hayas pintado”.

Y el último consejo que le he enviado: “Creo que cuando cojas lo del humedo ( a ver si me mandas pruebas, no acabados todavía, ni lo intentes) debías repetir todos estos temas, que pueden quedar bien. Ánimo y que no te hundan mis críticas”.

En fin, especialmente a Antonio dedico este artículo, aun consciente de la dificultad de entenderse por la red para avanzar en este tan difícil arte de la acuarela. Suerte le deseo. Y sobre todo paciencia, que Reyes, el otro Antonio y Juan llevan tiempo trabajándolo y todavía tienen que luchar con la cantidad de pigmento a añadir al agua, que es la clave. Pero ya han conseguido mucho, eso de las “formas creíbles” que decimos. Ánimo a todos. Y ya sabéis: si algo no sale a la primera, “agüita del avellano”, como solemos decir, con el pulverizador, y que vaya secando, a ver qué sale. Seguro que algo mejor.

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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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