Valores y dignidad

Por Carlos de Bustamante

(Avenida. Acuarela de Dusan Djukaric en dusandjukaric.com)(*)

Aunque aburra hasta a las ovejas tanto hablar de crisis, no creo que les suceda tal a los que, realmente, la padecen. A propósito resalto “realmente”, porque aun siendo muchos los que la “mentamos”, no todos la padecemos igualmente. Escasa o abundante – mejor diría suficiente-, somos muchos los jubilados los que, hasta ahora, nos defendemos curiosamente con lo que recibimos cada mes. Sin ser como para tirar cohetes y con menos alegrías que antaño, nos defendemos; raspando, sí, pero llegamos a fin de mes sin gastar más de lo que percibimos. Secreto a voces y elemental para no caer en el pozo de la desesperanza. Cuando la sabiduría popular reza “quita mucho y no pon, pronto se llega al hondón”, se hace mucho más cierta cuando es escaso, o nulo por desgracia demasiadas veces, el hondón de donde quitar. Sabemos que en la España de hoy, son miles de familias donde ninguno de sus miembros ingresa “ni un duro”.

Pero hay más que decir en lo de la palabra que no quiero mentar, no resulte que sea yo quien ahora les aburra. “La crisis sólo se remonta con una sociedad con valores”, dijo en una entrevista el catedrático de economía Antonio Argandoña previa a la conferencia inaugural del VI Simposio de San Josemaría: “El trabajo como servicio” dada en Jaén los días 16 y 17 pasados de este mes. “En unos momentos tan difíciles, con continuas incertidumbres laborales -para los afortunados que tienen un empleo – dijo-, ¿cómo se entiende el trabajo desde la perspectiva de un servicio a la comunidad?. Pienso que esta crisis es económica, social, política, pero que también tiene un componente ético muy importante. Este último asunto es el que centrará mi conferencia del próximo viernes en Jaén. En muchas de estas conductas aparecen rasgos comunes como son la arrogancia, la codicia, la injusticia, la mentira, el fraude…

Creo que lo más grave es que nuestra sociedad ha cambiado sus valores y ahora somos muy individualistas, muy emotivistas, muy relativistas y hemos convertido los problemas económicos y políticos –entre ellos el paro- en una cuestión técnica.

Esperamos que el Gobierno o las empresas hagan algo al respecto, cuando el problema es de la sociedad al completo. Debemos plantearnos cada uno que si hacemos lo posible para que todo el mundo disfrute de su derecho a ganarse la vida, es de todo punto necesario una sociedad con valores.

Sin embargo, hay una gran contradicción entre quienes darían lo que fuera por un empleo y quienes se sienten alienados y «quemados» en su puesto .Esto es lo que yo llamo la paradoja del trabajo. El trabajo es importantísimo, es fundamental en nuestra sociedad, pero, al mismo tiempo, en ocasiones es deshumanizador, precario y sin reconocimiento.

Muchas veces, para nosotros, el trabajo es una carga, algo que hay que hacer para ganarse la vida, y por ello pierde su sentido. Pienso que debemos ver nuestra labor diaria como el lugar donde nos relacionamos con los demás, aprendemos, hacemos amigos… Creo que el trabajo es un gran factor de humanización y, también, un medio de santidad. No es un castigo, ni es un fin, pues mediante él nos acercamos a Dios.

Numerosos investigadores y economistas hablan de la crisis económica unida a la de valores, los gobiernos tratan de buscar liquidez y financiación, pero, ¿cómo se recobra la ética? Esto es algo que no le podemos pedir al Estado, tiene que ser la sociedad civil. Cada uno de nosotros debemos molestarnos y preocuparnos por darle a nuestro trabajo ese sentido y explicárselo a los demás. Todos podemos hacer mucho más. Lo que sí debemos pedir al Gobierno es que no ponga obstáculos a esta manera humana de ver el empleo. Cuando alguien se queda en el paro sólo preocupa que cobre para que siga consumiendo, pero ¿quién atiende a la dignidad de esa persona?

El relativismo es uno de los aspectos mencionados que más afecta a esta crisis de valores. El Papa ya lo advirtió… ¿En qué manera lo hace? La idea principal es que «mi vida es mía y yo la vivo como quiero”:

Perdemos el sentido de la relación con los demás, ni siquiera los más cercanos, como la mujer o los hijos. Tenemos una especie de esquizofrenia social, le pedimos a la gente que se comporte de una manera, pero ni queremos ni nos dejan ayudarles a encontrar esa forma. Debe ser la sociedad civil quien salga a la calle y diga que quiere hacer frente a estos problemas con sentido humanitario
.
¿Han olvidado las empresas su responsabilidad social?

En esto pasa como en todo. Pretendemos que éstas sean modélicas y no lo son. Lo que sí debe ser importante es que sean cada vez más sensibles con estos temas”.

En éste solo esbozo de lo que sería el Simposio de referencia (“El trabajo como servicio”), intervinieron quince profesionales de los ámbitos de la docencia, la enfermería, el deporte, el arte, el cine, la teología y el derecho. Como resultaría arduo y en extremo farragoso resumir lo que al respecto dijo cada uno de los intervinientes, renuncio a ello; pero no sin dejar constancia de que los valores y la dignidad del ser humano estuvieron presentes en todas y cada una de las exposiciones. Una bocanada, en fin, de aire fresco en un ambiente cada vez más enrarecido por la clamorosa ausencia de ambos en la España convulsa en que vivimos.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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