Por Carlos de Bustamante

(Viñeta anónima difundida estos días por la red)(*)
Cuando, como en la presente ocasión, se escribe sin refugiarse en el anonimato, pudiera ser sensato cuidar muy mucho las palabras. Más arriesgada la “tecla” que la tinta y cálamo, por mayor facilidad de difundir ideas, noticias, aconteceres… he de confesarles mi insensatez. Amparado en “eso” que llaman democracia y que en absoluto es la que “gozamos” en España, me acojo a la libertad de expresión-tan democrática ella-, para expresar lo que me venga en gana.
Como aperitivo, y porque aun habiendo votado no a la Constitución, debo acatarla y la acato, sin ser único ni novedad, rotundamente digo, que las diez y siete autonomías españolas son un auténtico disparate. El hombre providencial que acaudilló el heroísmo de nuestros mayores, nunca hubiera apoyado ni consentido tamaño desatino. Recientes en su tiempo los acontecimientos de 1934 en Cataluña, no era preciso ser un lince, para darse cuenta del error. Pero el Generalísimo Franco, exprimido por nuestra Patria como un limón, había pasado a mejor vida. Como el imberbe sucesor y la pandilla de corifeos asesores no le llegaban a la altura del zancajo, cayeron en la trampa. Hasta los reyes Isabel y Fernando pudieron haberse levantado de sus tumbas, para oponerse a la multiplicidad de reinos de taifas, que ellos lograron reducir a una sola nación: la España unida y precursora del más grande imperio jamás conocido. Caro estamos pagando la necedad de los iluminados politicastros.
Cometido el error, de poco vale lamentarse. Más(o sea,mejor) necesitamos un hombre con redaños que enderece lo torcido ahora por “Mases y Puyoles” con españoles aborregados que, hábilmente enardecidos, les siguen la corriente independentista. ¡Qué ingenuidad! ¿Votaciones en Cataluña para elegir, antes de tiempo, un nuevo presidente autonómico? Como el anuncio que me repatea: “¡Yo no soy tonto!”. Creo. ¡Elecciones catalanas, para repetir la historia! ¿Qué buscan en realidad estas elecciones? Para quienes hacen cabeza con infinitas ansias de poder (y euros), buscan eso: más poder y más dinero, “como sea”. Me niego a creer (las elecciones nos lo dirán mañana) que la mayoría de los verdaderos catalanes-españoles, que haberlos háylos, sean separatistas. La historia -insisto-, se repite una y otra vez. Exaltar a las turbas, al pueblo llano, es fácil. Un himno, unas banderas, ¡un equipo de fútbol! Son suficientes para, debidamente manipulados, enardecer al más indolente. Cantos, sí, de sirena, pero que arrastran levantando pasiones. Difícil control, pero no imposible. Confío en los españoles-catalanes. Y creo en el eslogan. “Cataluña necesita a España y España necesita a Cataluña”. Veremos…
Hay, sin embargo, otro asunto que, dada su importancia, es motivo de la mayor preocupación. Me refiero a las Fas, a las que, retirado, pero no extinguido, me honro pertenecer. Hicimos solemnemente un juramento. Y como por goleada somos cristianos, el juramente hecho a Dios, con la solemnidad de un acto que no admite componendas atenuantes, juramos, con el mayor compromiso que pueda darse, defender (entre otras cosas) la unidad de España. Responsabilidad, pues, ineludible para los que con mente, alma y corazón juramos plenamente conscientes. Sin límites. Aun a costa de derramar, si fuera preciso, “hasta la última gota de nuestra sangre”. Al que desde la zarza ardiendo le dijo a Moisés “Yo soy el que soy”, no le podemos agraviar por el solemne compromiso adquirido. Y es tan grave, que los cristianos en las FF.AA. de España, con él nos jugamos (¿) el alma.
¿Serán conscientes de ello los que hacen cabeza en la querida Región española? ¿Habrán sopesado el riego de que con un solo corazón los componentes de las Fas cumpliríamos a rajatabla nuestro solemne juramento? Si de verdad aman a su Tierra, desde aquí llamo a la cordura a “Mases” y Pujoles”. Por favor, no enreden. En serio.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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