Por José María Arévalo

(Reconstrucción de Juan Carlos Urueña Paredes, de la antigua Iglesia del Convento de los santos Mártires san Cosme y san Damián.)(*)
Continuamos el recorrido por el Valladolid perdido, siguiendo el libro de Juan Carlos Urueña Paredes “Rincones con fantasma. Un paseo por el Valladolid desaparecido”, en la edición que publicó El Ayuntamiento de Valladolid en el año 2006, que estamos reseñando, en el que Urueña ha recreado el aspecto exterior de buen número de edificios desaparecidos, insertándolos en el entorno actual, y comentado su devenir, acompañando todo ello con curiosidades y anécdotas de los libros que usó para documentarse.

( Dibujo de Ventura Pérez de la iglesia del monasterio de san Cosme y san Damián)(*)
“Ya que nos hemos dedicado –prosigue Juan Carlos Urueña- a la zona del puente Mayor y la Huerta del Rey, nos acercaremos al barrio de la Victoria. Le da nombre el desaparecido monasterio franciscano de Nuestra Señora de la Victoria, del que se conserva la iglesia, actual parroquia, tras ser demolido el convento por los franceses.
De la plaza de san Bartolomé, que tomó el nombre del convento de religiosas que en ella hubo, partía el camino de los Mártires, hoy camino del Cabildo, que conducía al convento homónimo de la orden de san Basilio. Este monasterio de los santos mártires san Cosme y san Damián se constituyó al hacerse cargo los monjes basilios de la ermita de aquella advocación, que era propiedad de la cofradía de su nombre”.
“Al trasladar las reliquias de los santos a su hospital de la plaza del Rosarillo, la cofradía dejó la ermita abandonada y los basilios la reclamaron. No sólo consiguieron el edificio sino que además las reliquias fueron devueltas.
En notas a las fotos, señala Juan Carlos Urueña, bajo el dibujo de Ventura Pérez de la iglesia del monasterio de san Cosme y san Damián, que “Se trata del templo “provisional” erigido tras la riada de 1636 que arrasó el convento y la primitiva iglesia. Por eso resulta tan pobre y sencillo, pero de arquitectura marcadamente clasicista. El templo definitivo se construiría en 1771, por lo que a pesar de ser esta iglesia un remedio temporal, se usó durante casi siglo y medio”.

(El plano de Ventura Seco elaborado en 1738 representa claramente los tres pabellones construidos a partir de 1648)(*)
Y, junto alas fotos de la reconstrucción y el plano explica: “No puede saberse la posición de la iglesia respecto al monasterio. El plano de Ventura Seco, elaborado en 1738, representa claramente los tres pabellones construidos a partir de 1648 formando un patio cerrado por una tapia. Lo que no se ve es la iglesia, quizá a causa de la penuria del convento que en 1662 declara “no tener con qué acabarla ni campanario”, y siendo tan sencilla no se distinguiría a vista de pájaro de los pabellones. En el plano se ve que uno de los pabellones sobresale del rectángulo que forma el monasterio… ¿Sería la iglesia? No puede saberse y tampoco tiene excesiva importancia, pero para ambientar la reconstrucción se ha optado por esta interpretación por parecer la disposición más lógica”.
“Fue uno de los conventos más pobres del antiguo Valladolid, pero no por ello menos popular (M.ª Antonia Fernández del Hoyo, “Patrimonio perdido: conventos desaparecidos de Valladolid”. Pág. 419)”.
Y concluye Urueña Paredes el cometario con una anécdotas muy simpática: “Éste fue el escenario de una de las hazañas del capitán Lisón, nuestro pucelano héroe policial del siglo XVIII, cuyas aventuras recogió el “Diario Pinciano”, primer periódico que existió en nuestra ciudad, dirigido por el culto y mordaz José Mariano de Beristain a finales del siglo XVIII. Cuenta cómo una peligrosa banda de contrabandistas fue atraída astutamente por el Capitán al monasterio, el 19 de mayo de 1787… «y para asegurar la empresa sin exponer la Partida a recibir ni a hacer daño, dispuso el capitán Lisón que Francisco García, granadero de Milicias (que se dispuso gustoso a ello) se disfrazase con el hábito de religioso para abrir la puerta de la huerta, ayudarles a descargar, apartarles las armas y sorprenderles. Todo lo cual se logró como se había meditado, abrazándose con el principal (con el jefe de los malos) el granadero, y acudiendo la Partida en el momento sobre los demás.»
Termina comentando: “Recuerda a los capítulos de `Curro Jiménez´ ”.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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