Rincones con fantasma. 10. La casa de Berruguete y el Rótulo de Cazalla

Por José María Arévalo

(La casa de Alonso Berruguete, dibujo de Valentín Cardera, grabado en 1836 para ser publicado en la prensa; en Vallisoletvum.blogspot.com.es)(*)

Continuamos el recorrido por el Valladolid perdido, siguiendo el libro de Juan Carlos Urueña Paredes “Rincones con fantasma. Un paseo por el Valladolid desaparecido”, en la edición que publicó El Ayuntamiento de Valladolid en el año 2006, que estamos reseñando – y que completamos con textos de Vallisoletvm- en el que Urueña ha recreado el aspecto exterior de buen número de edificios desaparecidos, insertándolos en el entorno actual, y comentado su devenir, acompañando todo ello con curiosidades y anécdotas de los libros que usó para documentarse. Después de la reconstrucción de la iglesia del Convento de San Benito, Urueña se refiere a la casa de Berruguete y al Rótulo de Cazalla.

(Juan Carlos Urueña incluye esta reconstrucción aproximada del famoso “Rótulo de Cazalla”, lápida que dio nombre a la calle durante más de 220 años.) (*)

“En la casa que queda a la derecha de la iglesia [ se refiere Urueña a la de San Benito ] tuvo su domicilio y taller el gran imaginero Alonso Berruguete, y aún se puede contemplar la portada renacentista de la entrada”. “La casa de la esquina a la calle del General Almirante –explica Vallisoletvm por su parte en el artículo “La Casa de Alonso Berruguete”, de Enero del 2010 -, donde estuvo la Comandancia de Ingenieros Militares, es la que hizo, vivió y en la que tuvo sus talleres el maestro de los maestros escultores del Renacimiento español, Alonso Berruguete. Muy diferente está de como se la viera de 1532 a 1561. La puerta principal está tapiada en la fachada de la calle de San Benito, acusada, sin embargo, por columnas flanqueando el hueco. El interior conserva todavía dos patios de la época con capiteles, en las columnas, si nó del estilo del maestro, bien inspirado en su arte prodigioso”.

“Berruguete adquirió en marzo 1528 el terreno poco despues de contratar la obra del retablo mayor del convento de San Benito. Berruguete y sus herederos ocuparon la casa, hasta mediado el siglo XVII. Luego la poseyó Don Félix Gamiz, y un sucesor suyo, Doña Catalina, las mandó al colegio de San Ignacio de la Compañía de Jesús. En 1770 fué adquirida por el Cuerpo de Milicias, estableciendo allí sus cuarteles. Después fue Comandancia de Ingenieros y en la actualidad alberga el museo provincial”.

(Portada de la casa de Berruguete, hoy convertida en ventana)(*)

Aborda Urueña a continuación lo referente al Rótulo de Cazalla: “Al lado está la calle del doctor Cazalla, famoso luterano quemado vivo por la Inquisición en el Auto de Fe de 1599. El escarmiento que este pobre hombre sufrió, además de su ejecución, fue que sus casas fueran derribadas y sus suelos sembrados con sal. En el solar se colocó un rótulo recordando tan lamentable episodio, y tantos años se conservó que terminó dando nombre a la calle llamada “del Rótulo de Cazalla” largo tiempo. Tanto que es posible que se trate del bando de una sentencia que más se ha conservado al público, pues fue sucesivamente renovado hasta el año 1820 en que el Ayuntamiento lo mandó quitar. Así fue como la memoria del doctor Cazalla estuvo expuesta a la vergüenza durante más de 220 años (Juan Agapito y Revilla, “Las calles de Valladolid. Pág. 115)”.

(Texto del Rótulo de Cazalla, dejado por Matías Sangrador)(*)

En el pié de foto recoge Urueña: “Reconstrucción aproximada del famoso “Rótulo de Cazalla”, lápida que dio nombre a la calle durante más de 220 años. No ha quedado ningún dibujo en que inspirarse, pero sí varias copias del texto con algunas variaciones. Agapito y Revilla cita que el rótulo fue cambiado en 1766, quizá por estar muy deteriorado, y varios textos recopilados corresponden a ese cambio. Debajo se reproduce la copia más fiable, la del texto dejado por Matías Sangrador que sería el de la lápida original. Parece copiada tal y como estaba escrita, y gracias a eso podemos ver que la placa era semicircular en su parte superior y estaba compuesta de dos textos separados. Aunque la copia está transcrita en caracteres góticos que el autor usaría por hacerla legible y por razones ornamentales (pues fue un tipo de letra muy usado durante la época romántica), la placa estaría escrita en mayúsculas clásicas, escritura utilizada en ese periodo. Además, Canesi lo corrobora al citar las disposiciones del Santo Tribunal ordenando que la inscripción fuera: “…con letras muy abiertas y claras, encima (sobre) de una columna de piedra.”

Hay otras tres pistas sobre el aspecto original del Rótulo de Cazalla. La primera la dio Sangrador al decir que el rótulo estaba en un “hueco reducido, cerrado por una tapia”; no sería por lo tanto una tapia muy larga. Antolínez nos aclara el material del que estaba hecha la tapia: “un paredón de piedra que contiene un letrero manifestador de su delito”. La tercera pista nos la da Agapito y Revilla al reproducir el acta levantada por el Ayuntamiento cuando se desmontó la lápida en 1820: “se quitó la piedra y pirámide del rótulo”.

(Rótulo de Cazalla: La placa era semicircular en su parte superior y estaba compuesta de dos textos separados)(*)

Esta última puede ser una pista liosa, pues la “pirámide” debe referirse a un remate de esa forma que coronaba la inscripción. ¿Pertenecería tal pirámide a la placa original o a su copia del siglo XVIII? No hay manera de saberlo, pero siendo un motivo decorativo clásico y propio de las fechas del primer rótulo, se ha optado por incluirlo en la reproducción”.

Sigamos con el texto íntegro de los pies de foto. “En el plano de Ventura Seco (arriba) podemos ubicar el solar donde seguramente estuvieron las casas del doctor Cazalla (señalado). Canesi nos las sitúa en el “término del colegio de san Ignacio”. En ese término, claramente identificado en el plano, se ve el solar de la única casa que falta en toda la calle, que quizá fuera la de nuestro desafortunado doctor.

Una medición aproximada basada en el plano sitúa su correspondencia en la calle actual con la foto del recuadro. Si no estaba exactamente ahí no quedaría muchos metros más lejos. Agapito y Revilla aseguró en sus escritos conocer exactamente el lugar, ubicándolo “en el número 4 de la calle, entre lo que fue el parque de Artillería (colegio de san Ignacio) y el popular salón de baile Romea”. De aquellos parajes, de principios del siglo XX, quedan los mismos restos que de los retratados en el mapa de Ventura Seco: nada”.

(En el plano de Ventura Seco (arriba) podemos ubicar el solar donde seguramente estuvieron las casas del doctor Cazalla (señalado). Canesi nos las sitúa en el “término del colegio de san Ignacio”)(*)

Volvemos al texto principal que incluye Urueña en este capítulo. “Gracias a la novela “El Hereje” de Miguel Delibes, se ha hecho popular el pobre doctor. El lector puede acudir también a la “Historia de Valladolid” escrita por Canesi a mediados del siglo XVIII, donde se describe de una manera más o menos rigurosa la forma en la que fueron capturados el doctor y sus correligionarios, y más fidedignamente el Auto de Fe en el que acabó el tétrico asunto. Quizá es la crónica más curiosa de cuantas se hayan escrito sobre él. Relata que el conciliábulo de Cazalla fue delatado por la mujer de un platero que también era luterano, al que convenció para acompañarle a sus reuniones. Como el platero, al grito de “aleluya”, quiso “practicar como marido” delante de un crucifijo, quedó ella perpleja y delató a todo el personal a la Inquisición. Otro dato curioso que da, es que a la delatora se la dedicó una estatua … «pintada de verde, que hasta hoy permanece en la casa en la que vivió en medio de la Platería, a mano derecha como se baja del Ochavo en un hueco pequeño.»

La casa en cuestión ya no existe, como tampoco ninguna otra referencia a tal estatua. No dudo que existiese, y por ser de color verde quizá se podría relacionar de alguna manera con la vecina cofradía de la Vera Cruz que tiene ese color como distintivo, en consonancia con sus orígenes franciscanos. Que representase a la delatora sería una leyenda popular, ya que esto está escrito 150 años después de los hechos”.


(Correspondencia de la casa de Cazalla, en la calle actual, con la foto del recuadro)(*)

Como Urueña nos invita a ampliar esta historia por nuestra cuenta –cuando se refiere a la “Historia de Valladolid” escrita por Canesi a mediados del siglo XVIII-, vamos a recoger lo que nos dice al respecto Vallisoletvm sobre el Doctor Cazalla y los ajusticiamientos de aquella época, en el artículo “El Campo Grande, lugar de ejecuciones” de Octubre de 2010. “La Puerta del Campo [la actual entrada al Campo Grande] albergó durante un tiempo el patíbulo donde eran ejecutados los condenados tanto de la Inquisición como de la justicia ordinaria y militar. En el año 1506, fue colocada la horca en un lugar cercano a la entrada. Según Juan Agapito y Revilla, el campo se conoció con el nombre de la «hoguera» o el «brasero», por esta razón, en el siglo XIX pasó a denominarse Campo de la Feria, ya que allí eran quemados los herejes. Los Autos de Fe se trasladaron desde la Plaza Mayor hasta el lugar de la ejecución. Según el relato de Manuel Canesi con motivo de las ejecuciones era llevado al Campo Grande la imagen del Cristo del Perdón perteneciente a la Cofradía de la Pasión que era situado junto al patíbulo.

(Auto de fe en la Plaza Mayor. Grabado flamenco del siglo XVII )(*)

Uno de estos Autos solemnes fue el que se celebró el 21 de mayo de 1559. El principal acusado fue el doctor Agustín Cazalla, sacerdote que había sido predicador en la Iglesia de Santiago y capellán del Emperador Carlos V. Cazalla, que fue acusado de luteranismo y de haber arrastrado a varias personas a esa herejía, fue juzgado junto con otros 31 reos. De estos, quince, entre ellos Cazalla, fueron condenados, mientras que el resto fueron reconciliados.

Terminado el Auto de Fe, los condenados, montados en mulas, salieron por la calle de Santiago hasta la Puerta del Campo, donde se habían levantado quince hogueras. El Dr. Cazalla, arrepentido, exhortaba al pueblo, que en gran número presenciaba el suplicio, a permanecer fieles a la Iglesia y rechazar la herejía.

( Auto de fe en la Plaza Mayor. Copia de verico de la lámina del Voyage de Laborde, pag 393)(*)

En 1561 se celebró otro Auto de Fe importante, presidido por el Arzobispo de Sevilla e Inquisidor General. Fueron reconciliados veintisiete reos y condenados a muerte diez. El Corregidor les condujo al Campo de Marte para su ejecución.

Durante el reinado de Carlos III, en 1667, se celebró otro Auto notorio. Para la ejecución de los condenados se construyó en el Campo, fuera del Arco de Santiago, un amplio círculo, vallado de madera, en cuyo centro había dos elevados postes con argollas de hierro.

En 1729 el cadalso se levantó cerca de las casas llamadas del Chapitel, situadas en lo que actualmente es el Paseo de Filipinos.

Posteriormente las noticias de ejecuciones en el Campo corresponden a los malhechores condenados por la justicia civil o víctimas de los trastornos políticos. En 1801, se ahorcó a un malhechor en la zona entre San Juan de Dios y San Ildefonso, aunque advierte Ventura Pérez que “no se puso la horca en la Plaza por ser ese día de visita general de cárceles y pasar el Acuerdo por allí para ir a la ciudad”. Deducimos que por esa época el lugar más frecuente para poner la horca no era el Campo, sino la Plaza Mayor. En realidad, ambos lugares habían compartido tan dudoso honor desde tiempo atrás, sin que por ello fueran mirados con recelo ni perdieran su estimación como lugares importantes de la vida ciudadana. (Cita como fuente “Desarrollo urbano y proceso histórico del Campo Grande de Valladolid”, de María Antonia Fernández del Hoyo).

Lo que completa Vallisoletvm en otro artículo, “Los autos de fe de 1559. El proceso de los Cazalla” de Enero de 2010 , en el que recoge que “La villa de Valladolid se convirtió en al año 1559 en el lugar de uno de los más importantes acontecimientos de la Europa religiosa del momento: los autos de fe de mayo y octubre. Fueron acontecimientos que se grabaron en la memoria colectiva de los vallisoletanos.

(Copia de la época. Precioso documento del célebre Auto inquisitorial celebrado en Valladolid el 21 de mayo de 1559 que terminó con el grupo castellano de Erasmistas; en Vallisoletvum)(*)

Con estos autos se quiso frenar el creciente luteranismo, que, aunque muy reducido en número, se hubiese multiplicado en el caso de no haber actuado con la suficiente rapidez.

El supuesto grupo luterano vallisoletano estaba formado por élites intelectuales y religiosas que se lanzaron a la búsqueda de las nuevas ideas en los libros más recientes, dirigidos por la familia de los Cazalla. Agustín Cazalla era el mejor preparado del grupo. Permaneció mucho tiempo fuera de España dado su cargo de Capellán del Emperador Carlos y predicador de la Corte.

En Alemania entró en contacto con el luteranismo, convirtiéndose en el punto de referencia ideológico y espiritual de su familia, haciendo de su casa el lugar de reunión y difusión de dichas ideas para todos las personas que a él se acercaron.

El proceso inquisitorial se llevó a cabo con celeridad y severidad, en presencia de la regente Juana de Austria, que siempre estuvo influenciada por un Carlos V (fallecido el año anterior) que veía a los procesados por esta causa más como rebeldes políticos que como herejes religiosos.

No todos lo condenados por el tribunal eran ejecutados. Se quemaban efigies cuando el acusado había muerto o se había fugado. En el caso de Leonor de Vivero, madre de Agustín de Cazalla, muerta antes de descubrirse el grupo, enterrada como católica en San Benito, fue desenterrada y quemada en el Campo Grande. Solamente ardían vivos los que no habían dado muestras de arrepentimiento. A los que habían abjurado (entre ellos el propio Cazalla) se las hacía el “favor” de ser estrangulados por el garrote antes de ser devorados por las llamas. Junto a Cazalla tambien fueron ejecutados sus hermanos Francisco, Beatríz y Pedro (este último en el auto celebrado en octubre).

Entre las ejecutadas en mayo de 1559, se encontraron cuatro monjas bernardas del monasterio de Belén, situado en la parroquia de San Juan y otras tres que sufrieron penas menores, convirtiéndose este hecho en un duro golpe para dicho monasterio.

Si Cazalla fue el protagonista del primer auto, fray Domingo de Rojas lo fue del segundo el 8 de octubre ya en presencia de Felipe II. Era este un dominico aristócrata hijo de los marqueses de Poza, alumno de Bartolomé de Carranza, arzobispo de Toledo. Junto a el fueron condenadas un grupo de 30 personas. El propio Carranza sería apresado el 22 de agosto.

Una vez ejecutados los autos de fe, la inquisición no se conformó con terminar con la persona de Agustín Cazalla, sino también con la memoria de su familia y de los lugares en los que habitaron. Sus casas fueron derribadas y sus suelos sembrados de sal, erigiéndose un paredón de piedra que contenía un letrero manifestador de su delito y pena”.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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