Apócrifo. 4. Anunciación

Por Carlos de Bustamante

( Capilla de la Anunciación en Nazarret. Acuarela de David Robert en “View the Holy Land”; odisea2008.com)(*)

El “Virutas” es un ratoncillo amigo mío. Nos conocimos en el taller de José. Como Myriam solía llevarnos allí el almuerzo y conversar un poco con el que ya era su marido, Virutas rondaba entre ellas a nuestros pies por si caía alguna migaja del buen pan cocinado por mi Ama y Señora en el horno de casa; o, con suerte, alguna pizca del añadido a la torta olorosa. De la visita diaria y por habérseme concedido el privilegio de hablar con todo bicho viviente e incluso no viviente (¡!), hicimos buenas migas. Amistad. Al vivísimo resplandor surgido repentinamente en la noche oscura, sólo en la casita de mis amos en Nazareth, también acudió Virutas. Asustado y aún somnoliento.

¡Qué, ¿qué pasa Tarsicio?!, me preguntó aún con los pelos erizados del hociquillo por el repentino amanecer, esplendoroso como ningún otro.

-Es ahí adentro Virutas, le contesté sin responder a la pregunta que en absoluto sabía.

-¿Quieres hacerme un favor Virutas?, le dije tembloroso.

Por lo mismo que yo, silencio. Los ojos como platos… pequeños. De postre para ratones.

-Es que en la habitación de mi Ama Myriam, no debo entrar, le dije más como excusa por el miedo con el que se me rilaban las piernas.

Silencio por lo mismo que yo.

-Mira, le dije algo más compuesto; como eres más pequeño, entras con el sigilo que tú bien sabes cuando quieres. Te informas de lo que ocurre ahí adentro y luego vienes y me lo cuentas ¿Vale?, traté de convencerle.

– Ven tú conmigo Tarsicio, que por delante, yo te protejo, me contestó importante.

Entramos. Agazapado en un rincón donde creí que pasaría mejor inadvertido, aunque no oculto porque allí todo era luz, contuve hasta la respiración. Quería ver sin ser visto. Y lo vi sin que me vieran. Creo. Fue algo inenarrable. Intentaré que lo entiendan.

Sin saber cómo ni por dónde entró un Ángel. El que luego dijo llamarse Gabriel. Con voz que no podía proceder si no del cielo, se dirigió a mi Ama y Señora: “Dios te salve (alégrate), llena de gracia, el Señor es contigo, bendita tú entre las mujeres”.

Virutas, extasiado como yo dejó de temblar. Como yo. Escuchamos con mayor atención – si cabe- la “conversación”. Antes debo decir, que mi Ama y Señora al escuchar semejante saludo y piropo, se turbó. O sea, que ante la inmensa claridad las mejillas tomaron un ligero color. El que tiene lo que los mayores llaman rubor. Al ver en Ella tanta belleza, recordé la historia que me contó un día José durante el almuerzo. Palabras que repetí interiormente para mi Ama y Señora:

“Tú la gloria de Israel. Tú eres el orgullo de nuestra raza”.

-¿Qué…?, preguntó Virutas que, como si me leyera el pensamiento, estaba “al plato y a las tajadas”.

-No; nada, Virutas. Hablaba con el Ama Myriam. Listo como un ratón, no me creyó en absoluto.

-¡Bueno, calla!, le espeté impaciente de no perder ripio del ahora sí, prodigio ante nuestros ojos. De lo que le dijo el Ángel, sólo recuerdo:

“No temas, Myriam…. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo…Le pondrás por nombre Jesús…., será ….. Hijo del Altísimo…. , reinará eternamente…”. Tarsicio, servidor de ustedes, se quedó “in albis”. Eso sí, asustado. Asombrado. Como lo estaba Virutas que sin entender nada de nada, creo, tuve que mandarle cerrar la boca largo tiempo abierta.

Encarnación:

Les ruego perdonen que finalice. He de recordar el porqué de otro prodigio. Impresionante. Otro día si Yahveh, YO SOY, es servido.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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