Por Javier Pardo de Santayana

(Retrato del general Rafael de Riego -1785–1823- en Wikipedia)(*)
Colección de caricaturas: así podríamos describir lo que es la visión que la mayor parte de la gente tenemos de la historia, reducida a píldoras simplificadoras para que sea más fácilmente digerible. En efecto, si preguntáis a un joven por la Edad Media, seguramente encontraréis que no tiene de ella sino una foto fija, generalmente en blanco y negro y formada por personajes más o menos oscuros y siniestros. Y Egipto será, seguramente, la imagen de Tutankamon y Nefertitis, las pirámides y poco más. Esto por no citar tiempos más cercanos vividos por nosotros mismos, que se evocan ahora como deformados estereotipos tragados sin digerir por los educadores de la corrección política.
Traigo esto a colación casi entonando el mea culpa. Hace unos días presenté el libro de un amigo mío en el Congreso de los Diputados. Acepté el reto movido por la amistad y a sabiendas de las dificultades que entrañaba mi entusiasta colaboración, ya que se daba la doble circunstancia de que el protagonista de la historia – se trataba de un trabajo biográfico – era a la vez antecesor del autor de la publicación y un personaje de quien lo poco que yo mismo conocía merecía un desfavorable juicio previo: me refiero a Rafael del Riego, para la mayor parte de los españoles, «el del famoso himno».
El trabajo, basado en gran parte en documentos familiares, tenía el atractivo – y el interés también – de hacer surgir al verdadero hombre de entre los consabidos estereotipos, lo cual nos permitía descender a los en general poco accesibles territorios del alma, revelados en comportamientos más íntimos y por ello más significativos que los habituales gestos sociales y políticos.
El resultado ha sido descubrir a un personaje casi diametralmente opuesto al cliché que de él tenía. Donde yo veía a un intrigante que se había alzado contra su rey y cuya actuación respondía al dictado de las logias, encontré a un joven de raíz cristiana que hizo cuanto hizo con la intención de servir a la nación sin renunciar a la continuidad de la Corona. Por si ustedes dudan de ello, les diré que, según su propia confesión, rezaba el rosario diariamente tal como su madre le enseñó, y que su muerte con el crucifijo en la mano fue tan conmovedora como edificante. Más ésta no fue la única demostración de su profunda fe cristiana. De ahí que el autor de la publicación, aunque admita que Riego hubiera podido mantener contactos con la masonería, lo atribuye a la necesidad de buscar apoyos y la pujanza que en aquellos días tenían las logias españolas. En cuanto a su relación con el monarca, es evidente que Riego mostró en el fondo bastante más lealtad hacia él que la que él mostró consigo mismo. Así que el hecho de que el famoso himno acabara siendo el símbolo de los republicanos no pasa de ser una «boutade».
Por otra parte, el Riego que imaginábamos tan sólo cortesano y político acudió a la llamada de su Patria y se fajó con los franceses por dos veces aunque tuviera que descender de los salones al campo de batalla; esto es, en la patriótica y romántica guerra de la Independencia y en la invasión posterior de España por las tropas del duque de Angulema: los mal llamados «Cien mil hijos de San Luis», cuya entrada en España olía a revancha de la derrota sufrida poco tiempo antes por las tropas de Napoleón. Y sufrió largos años de cautiverio tras ser hecho prisionero en combate, para escapar al fin por Inglaterra, y, a su llegada a España, jurar una Constitución proclamada ya en Cádiz años antes. Hechos estos que configuran una vida de pasión y aventura sufrida y gozada desde una actitud de servicio y disposición para asumir el sacrificio, y que dio ocasión a nuestro hombre para no admitir ascensos y pagos por su levantamiento en Cabezas de San Juan; que no quería que nadie pudiera decir que lo hizo por medrar. Al final fue impulsado a la admiración hasta merecer la laureada y varios cargos de gran responsabilidad. Pero con ello acabó siendo signo de contradicción en una triste división entre españoles, y murió de muerte infame como algunos otros héroes de la lucha contra los franceses.
Recordé yo en la presentación que cuando leí por vez primera el borrador del libro la televisión mostraba el rodaje de «Tosca» en sus propios escenarios naturales, y que entonces pensé que Rafael del Riego bien podría haber inspirado una opera romántica cuyo protagonista sería un joven héroe que conoció el reconocimiento y la gloria para acabar muriendo en el patíbulo. Quizá sería entonces el paradigma de la lucha por la libertad: un hombre singular que peleó en dos guerras tan patrióticas como románticas y vivió la derrota, la cruz del cautiverio en tierra extraña, la aventura de la escapada, la alegría de la liberación y la victoria, la pasión por su Patria y la ilusión del cambio, la popularidad y los honores y los títulos. Y que acabó con una muerte infamante en la horca cuando sólo tenía treinta y nueve años sin llegar a conocer su rehabilitación por la Corona, que llegaría demasiado tarde.
Como ustedes ven, nada faltaría al libreto imaginado: ni tan siquiera una bella historia de amor fugaz y atípica – boda por poderes con una joven sobrina huérfana -, que pasaría volando como otro sueño más que la suerte negaría a este hombre singular.
Así presenté yo al famoso Rafael del Riego, con la satisfacción de ver como los ilustres que me acompañaban en el acto coincidían con esta versión de su biografía, nueva y bastante más favorable, pese a sus posibles sombras, que la caricatura que unos y otros habíamos incorporado a nuestras mentes sin conocer al hombre en la soledad de la adversidad y ante situaciones tan extremas como las que experimentó este muchacho asturiano de familia noble formado en un ambiente de inquietud intelectual y apasionada preocupación por el futuro de su patria. Un joven al que los avatares de la historia hicieron vivir una aventura humana que difícilmente cupo en la caricatura que leímos en nuestros textos juveniles.
Referencia: «Apuntes biográficos del general Rafael del Riego». Autor, Gonzalo Parente. (De la colección de biografías de parlamentarios del Congreso de los Diputados).
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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