Por Carlos de Bustamante

(El Taller del carpintero, del álbum «Spadarfvet». 1904-1906. Acuarela de Carl Larsson en pintura.aut.org)(*)
Virutas y yo estábamos muy contentos. Felices tras la noche luminosa del gran prodigio. Entusiasmados con Myriam. Tarsicio, muy mayor…, sabía el cómo y porqué del Yahveh-hombre que llevaba en su Seno. La nueva Casa de YO SOY. Maravilla.
Mi amo en cambio, estaba -con perdón- de un humor “de perros”. Trabajaba, pero con la tristeza reflejada en el rostro siempre alegre. Antes. Y ¡cosa rara!, ahora hasta me trataba como a un esclavito; sin serlo. Cuando Myriam nos llevaba el almuerzo, yo me lo comía todo: ¡que Myriam tenía unas manos “divinas” para la cocina! Mi amo, que no probaba bocado, miraba como un búho a la tripa de Myriam, cada día más abultada. Comprometidos los dos con lo que alguien (Virutas) me dijo llamarse “voto de virginidad”, no entendía nada de nada. Tristeza. Me dio pena. Pero sin meterme en “camisa de once varas”, callé. Como un muerto. Virutas se puso como un “tasugo”. El almuerzo que dejaba mi amo tal cual, Virutas y familia se lo zampaban. Pero… confiado, se dejó ver entre las virutas que de mala gana hacía mi amo. Se salvó de un escobazo por pies. “No estaba el horno para bollos”… Sentí pena. Como él. Virutas ¡y familia! asomaban descarados la cabeza entre el poco serrín esperando cada día el riquísimo almuerzo. Descarados. Un verdadero abuso. Se lo dije y me salió respondón.
-Pues tú, Tarsicio, que dominas idiomas ¿por qué no se lo dices…? Aunque-añadió generoso- nos quedemos toda la familia virutas sin almuerzo.
-Que no, Virutas, que no; que a mí nadie me ha “dado vela en este entierro”, le dije. No entendió nada, claro.
Hasta que un día… que será otro si Yahveh quiere; porque hoy “se acabó lo que se daba”. No se lo pierdan…
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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