Dehesa ganadera. “Testaje” de sementales

Por Carlos de Bustamante

(Cabeza de oveja. 1791. Dibujo de Francisco Bayeu y Subías en el Museo del Prado; pintura.aut.org)(*)

Quiero decir, y perdonen los versados en esta ciencia ganadera, selección de carneros que transmitan a su descendencia la mejora en los caracteres de la raza y producción lechera de las hembras: Genotipo y fenotipo. Desaparecieron de los apriscos en la Dehesa las tradicionales ovejas castellanas. En su lugar se alcanzó la cifra considerada tope de mil cabezas de pura raza churra. La que mejoraba notoriamente la producción de leche y la calidad de los excelentes lechazos para consumo de lujo. Aunque a duras penas siempre, la “salvación”, como les dije para pago de jornales primero y maquinaria nueva luego, más que con la labranza, corrió a cargo del nuevo rebaño. En producción las hembras dejadas parto tras parto “para vida”, prosiguieron las anotaciones en el libro de registros y genealogía paterna y materna.

Al igual que se comprobaba la creciente calidad en producción de las hembras, de inevitable consanguinidad, parejamente la cualidad de transmisión de los corderos, futuros carneros sementales. Mientras tanto, en el ambiente ganadero de la especie ovina, corrió como la pólvora la noticia de las excelencias –ciertas- del ganado de la Dehesa. El interés se tradujo en continuas visitas desde los lugares cercanos y aún desde los más remotos. La presencia de lotes de ambos sexos en ferias y exposiciones, contribuyó ¡y de qué manera! a que la “noticia” corriera de boca en boca.

Cuando el visitante se disponía a contemplar el ganado “que ni aún en Israel”, había de enfundarse los pies en plásticos aparentes, para evitar contagios de enfermedades de otros apriscos. Medidas que lejos de molestar, contribuyeron a incrementar la demanda tanto de hembras como de sementales. Los que con la garantía del “testaje”, alcanzaban las más altas cotizaciones. Providencial para los gastos cuantiosos y en continuo “in crescendo”.

Excepto las corderas que se debían de dejar para reponer las desechadas por no producir un litro diario de leche, todas las demás se vendían a otros ganaderos para vida, a precios sensiblemente mayores que el de los lechazos para comidas de lujo… El listón establecido para cubrir las bajas que, sospechosamente, se producían en demasía, era muy alto. Nos lo advirtió Valeriano, el mayoral:

-“¡Que mirusté mu bien lo quihace, jefe, que si no refresca la sangre, quisió si no tendremos la catastro! Y la “catastro”-(fe) se produjo. Posiblemente no fue la causa de producirse el exceso de consanguinidad en lo que a la aparición masiva de mastitis se refiere, sino otras que no son del caso pormenorizar. Lo cierto fue que las mejores “uvejas” tomaron en no pequeña cantidad una tras otra el “camino del pinar”. Cementerio habitual del ganado por la facilidad de cavar las fosas en la arena mollar. Serio traspiés en la Dehesa ganadera, que el relator no quedó exento de culpa por la masificación y transmisión-contagio en la novedosa y pionera sala de ordeño… sin las precauciones debidas.

Dicho que no debía pormenorizar las causas, es obligado indicar, que mi gran amigo el veterinario Ismael, no pudo tener culpabilidad alguna, puesto que el Señor se lo llevó antes a cuidar de otros ganados en las mejores praderas donde “ni ojo vio, ni oído oyó lo que Dios tiene preparado para los que le aman”. O aquellas otras palabras que, pensado en él, como hago cuando pienso o escribo sobre estos asuntos y que proceden del Apocalipsis, referidas también al lugar donde Ismael Blanco Flecha nos espera:

“Y Dios enjugará de sus ojos todas las lágrimas, no habrá ya muerte, ni llanto ni alarido; no habrá más dolor, porque las cosas de antes son pasadas. Y dijo el que estaba sentado en el solio: he aquí que renuevo todo. Y me indicó: escribe, porque todas estas palabras son dignísimas de fe, y verdaderas. Y añadió: esto es un hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al sediento, le daré de beber graciosamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere poseerá todas estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo”. Y puesto que volvió Ismael a salir a escena, me place recordar lo que a buen seguro también recordarán con agrado su mujer e hijos. Y que me perdonarán si a ustedes se les ponen “los dientes largos”. Con el mayor afecto, “va por ellos”:

Era frecuente que algunos domingos “libres de servicio” ambos, marchásemos junto con las familias –numerosas y alegres- a pasar el día a la Dehesa. Junto al esparcimiento y disfrute de tan amigable compañía, aprovechábamos “los hombres”, para revisar y dictar él las normas oportunas en la conjunta selección emprendida con este ganado. Y como “lo cortés no quita lo valiente”, o, mejor, “no pongas bozal al buey que trilla”…. Buey aplicado en este caso en forma de alegoría y sólo al relator…. sI el tiempo era bonancible (primavera o verano) la comida en el jardín era extraordinaria con el ¡cómo no! “lechazo asado en barras”. Manjar exquisito donde les haya; y que creo haber descrito o hecho alusión al menos en más de un artículo del “Tres Foramontanos –blog- en Valladolid”. Mención especial requiere cuando el día era en “ivierno” o invernizo. Entonces, las dos familias “hermanadas por amistad entrañable”, tomaban el camino del monte.

Entre la espesura de robles centenarios , había algunos “claros” por haberse hecho allí carbón vegetal de cuando los “montaneros” venidos de tierras charras (recuerden: Salamanca la blanca/quién te mantiene/cuatro carboneritos que van y vienen…/) hacían la corta de cada diez años. Con maestría sin igual, “chiscaban la pira” de la buena madera perfectamente apilada que, consumida lentamente bajo la capa de tierra, daba como resultado el antaño utilizado en los braseros de todas las casas, “carbón de encina”. El claro en el monte evidenciaba la labor realizada. Mas al desaparecer todo vestigio de la negrura del carbón, era lugar privilegiado para, acoger a su agrego a no menos de dos familias gozosas de campar libremente por sus respetos. Los vientos y temporal desapacible, se quedaba enredado en la espesura que les cobijaba. Lugar, pues, en extremo acogedor. Lo habitual era que el grupo se incrementase con la familia del tercer y entrañable amigo de ambos y muy anterior entre ellos. Caballero de Arma y montañés, que, junto a su esposa, goza también del Lugar antes referido para Ismael, y que de verdad vale la pena.

Cuando crepitaba el fuego de los manojos de sarmientos, se producía la inmediata agrupación del pleno familiar en torno a la hoguera. Con el atractivo singular del fuego, y el calorcillo junto a él, aumentaba la agradable amistad entrañable que se respiraba en el ambiente.

Pero ahora debo dejarlo, porque el relato de hoy lleva visos de la pesadez insoportable. Será en el próximo cuando, si Dios es servido, podrán percibir un importante giro en la “serie”. Giro con el que tal vez finalice. Ojala no sea también con su paciencia.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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