Por José María Arévalo

(Vista cenital de la excavación de la Gran Dolina. Foto de R. Ordóñez en El Norte de Castilla)
Todos los veranos nos hacemos eco de la campaña de excavaciones que tiene lugar por estas fechas en Atapuerca, primero porque es uno de los yacimientos paleontológicos más importantes del mundo, y además porque siempre nos llegan noticias de nuevos hallazgos, lo que nos asombra mucho, teniendo en cuenta que ahora los trabajos son fundamentalmente de recogida de muestras que después se estudian todo el año en el laboratorio. Cada temporada se excavan solo unos centímetros, y ello con gran dolor de los científicos, que temen destruir pruebas importantes; dicen que algún día, en vez de excavar, se podrá escanear con la misma eficacia. Nos lo contaba uno de los investigadores, la primera vez que fui a Atapuerca, hace ya unos quince años, con mi madre, que ya se nos fue al cielo, tan contenta en su silla de ruedas, dando botes por los cascajos de la antigua trinchera del ferrocarril. Ahora el recorrido es mucho más cómodo, pero ya no tiene tanta gracia, quizá porque somos muchos más los visitantes y los guías son estudiantes que se lo saben bien, pero no es lo mismo,
Titula la prensa la última noticia de las excavaciones: “Un útil con filo sitúa al Antecessor hace un millón de años en Atapuerca”. Yo creo que en los últimos tres o cuatro años se hablaba menos del “homo antecessor”, no sé si por las críticas internacionales a la definición de ese nuevo tipo de homínido que hiciera el equipo de Atapuerca, o porque los nuevos hallazgos más antiguos asumen el protagonismo; ahora lo veremos. En todo caso me alegro de que vuelva a la palestra, y con tanta fuerza. “El nivel TD4 del yacimiento de Gran Dolina de la sierra de Atapuerca (Burgos) deja al descubierto industria lítica de casi un millón de años, lo que hace sospechar que en este nivel del yacimiento podrían encontrarse restos de Homo Antecessor de mayor antigüedad a los aparecidos hasta la fecha, 800.000 años. «Es un choper, una piedra de río, que tiene una serie de retoques para configurar un filo», explicó el responsable de este hallazgo, Jordi Rosell”.
Hasta ahora –continúa la noticia- se conocía que el yacimiento era una cueva, donde entraban algunos animales. «Había otros que se caían dentro de la cueva y varios depredadores entraban a comérselos hace un millón de años», relató el arqueólogo. «Precisamente encontramos que uno de esos depredadores fueron los homínidos y ésta sería una de las herramientas que usaban para comer a estos animales caídos», señaló Rosell. Un hallazgo en un nivel superior de Gran Dolina que hace pensar que en este yacimiento haya habido presencia humana de Antecessor hace un millón de años, lo que explicaría, además, que en Atapuerca «hubo pobladores en todas las épocas», apuntó el investigador, que añadió que «vemos que hay gente circulando durante todo el período desde el 1,2 millones de años hasta los 800.000».
«Completar la línea del Homo Antecessor no sé, pero sé que esta industria nos está dando continuidad entre él y los homínidos de la Sima del Elefante que son mucho más antiguos», destacó Rosell. El responsable manifestó que «esperamos ampliar esta colección de industria». Bermúdez de Castro subrayó que es uno de los objetivos del proyecto Atapuerca. Saber si hubo continuidad o no en la Sierra burgalesa y si fueron nómadas, son los retos fundamentales a resolver -recoge El Norte de Castilla-.
Recientemente también se ha celebrado la concesión de los Premios Evolución, que reconocen la labor de personas o instituciones que han apoyado al Proyecto Atapuerca de forma relevante. Se crearon en 2009 y este año se han concedido al profesor Trinidad de Torres, por la incidencia de su estudio en el conocimiento de la especie humana y su evolución, ya que fue quien descubrió los primeros fósiles humanos en la Sima de los Huesos mientras desarrollaba su tesis doctoral sobre los osos del Pleistoceno; y al Grupo Espeleológico Edelweiss que desde los años 50 ha trabajado en la protección del yacimiento, bajo las órdenes de José Luis Uribarri, localizaron los primeros restos de herramientas líticas, primero en la Trinchera del Ferrocarril y luego en la Galería del Sílex, de forma que son los primeros miembros del equipo Atapuerca.
Noticia reciente ha sido también la inauguración, el 11 de Julio, de la exposición “Haciéndonos humanos” en el complejo científico y tecnológico Tecnópolis de Buenos Aires. La importante muestra está dedicada a la evolución humana y en ella se encuentran reproducciones de los principales fósiles encontrados en la Sierra de Atapuerca, así como numerosa información de los yacimientos y del Museo de la Evolución Humana de Burgos. Estará abierta al público hasta el mes de noviembre, y se espera sea visitada por más de cuatro millones de personas.
Otra noticia que vino también de Hispanoamérica fue, en Junio pasado, la publicación en la revista científica “Plos One” del estudio de un equipo hispanoamericano en el que se compara el desarrollo facial del chico de la Gran Dolina de los yacimientos de Atapuerca, clasificado como Homo Antecessor, y el joven de Turkana de la especie Homo Ergaster. La prensa titulaba: “La cara humana que conocemos apareció hace un millón de años, según De Castro”. En efecto, en esta investigación, en la que han participado José María Bermúdez de Castro y María Martinón-Torres, en el grupo encabezado por Rodrigo Lacruz y Tim Robin de Nueva York, se ha determinado que, en la especie localizada en la Sierra burgalesa, la morfometría facial tiene un desarrollo similar al del humano moderno, mayor que en el fósil descubierto junto al Lago de Turkana (Kenia),
En esta ocasión la prensa se hacía eco de cómo la determinación del chico de la Gran Dolina como Homo Antecesor, aparecido a principios de los 90 en los yacimientos de Atapuerca, generó críticas internacionales a los investigadores que formularon su hipótesis, entre ellos, el codirector del equipo, Bermúdez de Castro. «Fueron muy duros», recuerda, así que «pensamos que teníamos que hacer otra filogenética». Una de las cuestiones que servían de base en las contestaciones al artículo publicado en ‘Science’ en 1997 era que «el individuo que representaba a la especie era inmaduro», explica. «Dicha crítica era discutible, puesto que al menos una especie de gran relevancia en la evolución humana, Australopithecus africanus, fue definida a partir de un individuo infantil», añade Bermúdez de Castro. La especie Homo Antecessor ganó en credibilidad con la obtención de especímenes de adultos y con el hallazgo de la mandíbula humana en el yacimiento de la Sima del Elefante en 2007. Aún restaba por saber si la morfología de la cara de esta especie, estudiada en el chico de la Gran Dolina, se debía tan solo a su muerte joven o era fruto de la evolución.
Bermúdez de Castro concluye que, tras una larga investigación basada en la remodelación que sufre el hueso durante el desarrollo, que deja huellas inequívocas de la dinámica de crecimiento de cada elemento óseo, la cara del joven encontrado en Atapuerca, cuyo aspecto había sido utilizado como un carácter diagnóstico de la especie, estaba creciendo y habría seguido desarrollándose como la del Homo Sapiens, en caso de haber sobrevivido más años. Los autores recuerdan que el moderno rostro humano se diferencia del de los primeros miembros del género Homo en que nuestro perfil es relativamente plano. «El chico tiene un remodelado facial igual que el hombre moderno», anota el científico del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana. Sin embargo, el chico de Turkana, asignado a la especie Homo Ergaster, no, ya que «responde al modelo primitivo que los primeros Homo comparten con el Australopithecus». Así, «el Antecessor está muy próximo a las poblaciones modernas, tan cerca que puede ser lo mismo», subraya.
Por tanto, «ahora podemos afirmar que la cara moderna apareció en alguna población humana hace al menos un millón de años y que Homo Antecessor sigue siendo la especie más antigua con ese rasgo anatómico». De Castro señala que sus rasgos faciales están en consonancia con su tamaño cerebral y con su patrón moderno de desarrollo dental.
Estas colaboraciones con Hispanoamérca encajan en el «compromiso con la internacionalización» que destacaba hace unos meses el director de Políticas Culturales de la Junta, Alonso, «una vez que el Sistema Atapuerca ha alcanzado más del millón de visitantes». Lo expresaba con motivo de la visita que la doctora Jane Goodall, –una de las tres sucesoras de Leakey, considerado el padre de los estudios modernos sobre evolución humana–, realizaba entonces al Museo de la Evolución Humana y a los yacimientos de Atapuerca. «Que alguien como Goodall quiera verlo, muestra al nivel que se mueve este museo», afirmó. La primatóloga inglesa impartió una conferencia en el Fórum Evolución sobre la lucha por la protección de los chimpancés en el Parque Nacional de Gombe (Tanzania).
Un par de meses antes, el 1 de enero, fue nombrado director del Centro Nacional de la Evolución Humana Alfredo Pérez González Doctor en Ciencias Geológicas y Catedrático de Geodinámica Externa en excedencia, que llegó a Burgos en enero de 2008 para comenzar la selección del personal del centro que ahora dirige e inaugurar junto a su colega y ex director José María Bermúdez, el que definió como «el mejor centro científico del mundo» en el campo de la evolución humana. Como geólogo –declaraba- está orgulloso de que hayan sido la Geología y los aspectos geocronológicos los que dijeron que el Homo Antecessor era del Pleistoceno Inferior y destronó la idea que había de que eran del Pleistoceno Medio.
“Los restos de Atapuerca –dijo también- que están en el Museo de la Evolución Humana, en Madrid y en Tarragona, deben de volver aquí. Esos restos, de una manera ordenada, tienen que volver, e intentaremos que vuelvan todos los fósiles de Atapuerca a Burgos, porque tienen que estar en el centro para ser estudiados por el equipo investigador que hay en la capital burgalesa. En este momento, los fósiles de la Sima de los Huesos están en Madrid y el resto en Tarragona. Solo los fósiles del TD-6 que controló José María Bermúdez están en el CENIEH. Queda mucha información y comenzaremos los protocolos administrativos para que esas piezas vuelvan a su lugar de origen”.
También informaba El Norte de Castilla por esas fechas que “El Museo de la Evolución Humana (MEH) se suma a la realidad aumentada con un nuevo recurso que interactúa con el visitante y potencia su discurso museográfico, al dar vida a los distintos paisajes que contienen la vegetación de la Sierra de Atapuerca a lo largo de la Prehistoria. El visitante puede ver la evolución de las especies desde hace un millón de años hasta la actualidad, al recrearse la vida del homo antecessor, heidelbergensis, neandertal y sapiens, así como la fauna que ha existido desde hace 850.000 años”.
Desde un punto fijo instalado en la planta segunda del Museo, se observa cómo los cuatro paisajes interiores cobran vida con diferentes homínidos y animales. Todo este trabajo, según informaba Ical, ha sido realizado de acuerdo con la documentación encontrada en la Sierra de Atapuerca. El primer paso fue la realización de los modelos 3D de cada uno de los personajes que iba a formar parte de las escenas. Posteriormente, se realizó la animación de las escenas así como la programación de la aplicación.
La primera escena relata la vida en la Sierra hace 850.000 años (Pleistoceno inferior) y muestra un Homo antecessor consumiendo el cadáver de otro individuo (en el nivel TD6 de la gran Dolina ha sido documentado un episodio de canibalismo). La segunda recrea la Sierra hace 600.000 años (Pleistoceno medio) y la escena principal consiste en un jaguar cazando un gamo. Asimismo, se han añadido otras especies como hienas, que están pendientes de consumir los despojos de un animal o macacos saltando entre las ramas. Aquí aparecen varios individuos de la especie Homo heidelbergensis recolectando en el bosque.
La Sierra de Atapuerca hace 350.000 años es la tercera de las escenas que se pueden ver en el interactivo. Un Homo heidelbergensis se dispone a cazar una presa y tras la caza arroja su lanza de madera al espectador. Además, se representan dos carnívoros que poblaban la Sierra en el pasado, como son un oso y un león. La última de las escenas se corresponde con la vida en la tierra hace 50.000 años y se centra en un grupo de neandertales situados en un paisaje nevado haciendo fuego y curtiendo pieles”.
El problema puede ser que cada año haya que actualizar las escenas, dados los continuos nuevos hallazgos. Supongo que la aplicación lo tendrá previsto. Bueno, que ese sea el mayor problema. Deseamos los mayores éxitos a la actual campaña, como todos los veranos. Y que ustedes se acerquen a verlos.