Apócrifo. 10. Viajeros

Por Carlos de Bustamante

(Roca de Moisés Wady el Lega. Acuarela de David Robert en “View the Holy Land”; odisea2008.com) (*)

Acudí todo lo aprisa que pude a la llamada de Myriam. Cuando me habló oí sonidos muy limpios de cascabeles de plata bruñida. Música que no parecía de este mundo.

-Es que, Tarsicio, me dijo, quiero emprender un largo viaje para visitar a mi prima Isabel que me necesita. Recordé de inmediato lo que le dijo el Ángel Gabriel. “ Que aún siendo mayor y estéril, estaba embarazada”. “Porque para Yahveh, Dios, nada hay imposible”. Entonces, apenas entendí el significado de estas palabras. Misteriosas. Hoy al ver a mi Ama y Señora, claras como el agua del pozo de Nazareth. Donde la “conocimos”.

-¿Querrías acompañarnos?.- Así, añadió, ayudarías a José y llevarías del ramal a Pequeña por el mejor camino. Calló la música. Que se reanudó unos instantes cuando dijo: “Salimos mañana al alba”.

Cuando volví al taller, vi pasar ante mí un “ánima en pena”. A Virutas no le faltaba más que llorar. Los ratones también lloran.

-Me pasa, respondió a mi pregunta, que, como sólo soy ratón y encima virutas, no han querido contar conmigo para el viaje.

-¿Cómo lo sabes?, le pregunte sorprendido de que conociese la noticia.

-¿También tú crees que soy un ignorante?, me dijo incluso ofendido.- ¿O es que como tú no oí también las palabras del Ángel a “nuestra Ama y Señora”?, concluyó. Se fue a llorar a su madriguera. El pobre.

Al alba, como nada tenía para llevar de equipaje, sin nada estaba ya preparado. Di un buen brazado de yerba a Pequeña y esperé sentado junto a la casita de Virutas. Sin haber dormido apenas nada, salió frotándose los ojillos vivos aunque todavía inundados de lágrimas.

Enseguida llegaron Myriam y José. Aparejó con una buena albarda a Pequeña; cargó sobre sus lomos un buen equipaje, tomó al hombro las alforjas repletas de comida preparada por el Ama e íbamos ya a partir, cuando pude ver como Virutas se acercaba sigilosamente. Cuando José, mi padre y señor dijo: “ ¡Vamos, a Ain Karem”!, Virutas en un salto prodigioso se coló en las alforjas. Luego, asomó la cabecita, puso uno de sus dedos, como alfileres, sobre el hociquillo, y emprendimos, entre dos luces, la marcha.

Al tiempo de cerrar el portón con fuerza, solamente yo pude oír:

-Ji, ji, ji, ji… Virutas se quedó luego dormido entre las fragancias del queso y demás alimentos entre los que se encontraba oculto. Largo camino hacia las montañas de Judá.

—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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