Por José María Arévalo

( Reconstrucción del convento de san José de los capuchinos, siguiendo los dibujos de Ventura y Diego Pérez) (*)
Concluye el capítulo “Zona de Santiago, Zorrilla y Campo Grande”, del libro “Rincones con fantasma. Un paseo por el Valladolid desaparecido”, de Juan Carlos Urueña que estamos reseñando, con el Convento de san José de padres capuchinos y la iglesia de los agustinos recoletos. Como ya explicamos, decía Urueña que la aportación gráfica de la “Historia de Valladolid” de Juan Ortega Rubio, “permite reconstruir algunos edificios del gran patrimonio conventual del entorno Campo Grande desgraciadamente perdido: el monasterio de san Juan de Dios y los conventos de la parte este y su prolongación, que fueron san Nicolás de Tolentino (de agustinos recoletos), Jesús y María (de monjas franciscanas), san José (de mercedarios descalzos), y el de los capuchinos de igual advocación”. Recogidas las reconstrucciones de los primeros en los dos artículos anteriores, vamos ahora con estos dos últimos.

( Recreación de la iglesia de los agustinos recoletos. Aproximadamente, así veríamos la iglesia de los Recoletos en la esquina de la calle del Perú, si se hubiera conservado) (*)
En la reconstrucción que recogemos del convento de san José de los capuchinos, siguiendo los dibujos de Ventura y Diego Pérez, aclara Urueña que el de Ventura se centra más en la tapia y la portería que en el propio convento. Esa falta de interés se explicaría por la sencillez arquitectónica del complejo, en consonancia con los demás de la Orden. Sin embargo, el dibujo de Diego Pérez es mucho más detallado y, aunque pequeña, retrata una iglesia de cierto empaque. No está nada claro el tema de las ventanas del monasterio, que en el dibujo de Ventura parecen unos improbables balcones.
“El convento de san José de los Capuchinos –comienza en el texto Urueña- tampoco ofrece ninguna anécdota reseñable y no fue un edificio notable (“Patrimonio perdido: conventos desaparecidos de Valladolid”, de M.ª Antonia Fernández del Hoyo, pág. 619). Esta rama de los franciscanos pretendía recuperar la austera forma de vivir del santo de Asís y por lo tanto huía de conventos grandes y ostentosos. Cuando pretendieron fundar en Valladolid, como en otros casos se les echaron encima los frailes de su propia orden, en este caso los de san Diego.

( Plano de Ventura Seco correspondiente al convento de san José de padres capuchinos. La situación de la iglesia se corresponde casi exactamente con el actual emplazamiento de la estatua de Colón) (*)
Curiosamente, a éstos últimos les pasó exactamente lo mismo, pues como veremos más adelante, cuando pretendieron abrir su convento fueron víctimas de los furibundos ataques de sus correligionarios del de san Francisco. Se ve que entonces las órdenes eran seráficas pero poco fraternas, y es que “don Dinero” mandaba hasta en los más espirituales cenobios, y eran muchos conventos para repartirse la caridad de los ciudadanos.

( Dibujo de Ventura Pérez del convento de san José de padres capuchinos) (*)
Según Sangrador, fue la virtuosa doña Marina Escobar la que alentó a los desanimados frailes a perseverar y, por divina disposición, sus enemigos cambiaron de idea de la mañana a la noche. Así fue como en 1631 los Capuchinos establecieron su primer convento en una finca de recreo perteneciente al marqués de Távara que se encontraba junto al Pisuerga, cerca de la Puerta del Campo, del lado del actual Paseo de Zorrilla.

( Dibujo de Diego Pérez realizado en 1788, del convento de san José de padres capuchinos) (*)
Pero a los cuatro años de establecerse ocurrió la célebre crecida de 1636 que casi destrozó la ciudad, y su pobre convento quedó destruido, teniendo los frailes que salir literalmente a nado a refugiarse en el del Carmen. Un año más tarde comenzaban la construcción en su emplazamiento definitivo y, con los años, la ciudad de Valladolid adquirió su patronato.

( Aproximadamente así luciría el convento de san José de los capuchinos al final de Recoletos, si no se hubiera derribado) (*)
Aquí estuvieron hasta 1820, año en que la comunidad se trasladó a Rueda. El edificio fue dedicado a presidio, cuartel, manicomio, almacén del ferrocarril, y su huerta a vivero, hasta que se derribó en 1860.

(La Plaza de Colón) (*)
Los Capuchinos volvieron a Valladolid en 1944 y ocuparon el convento de san Felipe de la Penitencia en la Plaza de España. Sobre parte de su solar edificaron la actual iglesia de Ntra. Señora de la Paz”.
“Los agustinos recoletos –continúa Urueña, pasando a esta otra comunidad- eran la rama descalza de la Orden, cuya normativa fue redactada por fray Luis de León a finales del siglo XVI (“Patrimonio perdido: conventos desaparecidos de Valladolid”, de M.ª Antonia Fernández del Hoyo, pág. 501)”

(Fragmento del plano de Ventura Seco correspondiente al convento de los agustinos recoletos) (*)
Explica Urueña, en la recreación que realiza, y que incluimos, de la iglesia de los agustinos recoletos, basada en el correspondiente dibujo de Ventura Pérez: “El dibujo es bastante claro y sólo ha sido necesario corregir las proporciones. Lo único dudoso es, como en el caso de los Capuchinos, el extraño cerramiento de las ventanas superiores que el autor ha interpretado como celosías. La fachada contaba con una hornacina que contenía la imagen de san Nicolás de Tolentino, su patrono. La puerta estaba coronada por un tímpano decorado con dos ángeles sosteniendo el corazón traspasado por tres flechas, símbolo de los agustinos.”

(Dibujo de la iglesia de los agustinos recoletos por Ventura Pérez) (*)
“Después de fundar cerca del monasterio de Prado –prosigue Urueña en el texto-, pasó lo de siempre y todos los conventos y parroquias del contorno pusieron el grito en el cielo. A pesar de ser una comunidad mendicante y de quedar arruinados por la obra, fueron expulsados del lugar. Tras algún que otro avatar, consiguieron establecerse en unas casas de la calle del Perú sobre 1606, fundando su convento con la advocación de san Nicolás de Tolentino. Durante más de 30 años, los Recoletos siguieron comprando casas adyacentes. Como supondrá el lector, la Acera de Recoletos se llama así en su recuerdo.

( Fragmento del plano dibujado por Diego Pérez en 1788. Vemos que contaba con un cimborrio que coronaría la cúpula que cubría el crucero) (*)
Prácticamente desmontado durante la guerra de la Independencia y abandonado cuando la Desamortización, sobrevivió con diferentes usos hasta la última década del siglo XIX en que se empezó a construir en su solar. Actualmente, los Agustinos Recoletos tienen su convento y colegio en la Carretera de Madrid.”
La semana próxima seguiremos con lo que recoge Urueña sobre el Paeo de Zorrilla, empezando por la reconstrucción de lo que fuera la puerta del Carmen.
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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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