Rincones con fantasma. 21. Del lado de la Magdalena y las Huelgas

Por José María Arévalo

(Dibujo antiguo de la Iglesia de la Magdalena, en Vallisoletvm) (*)

Concluido el capítulo “Zona de Santiago, Zorrilla y Campo Grande”, del libro “Rincones con fantasma. Un paseo por el Valladolid desaparecido”, de Juan Carlos Urueña, que estamos reseñando, iniciamos el siguiente, que Urueña titula Zona del Prado de la Magdalena, con una primera parte sobre “Del lado de la Magdalena y las Huelgas”. Como en anteriores capítulos, completamos con textos de Vallisoletvm la información sobre monumentos y su historia.

( Puerta mudéjar del palacio de María de Molina, en el jardín del Monasterio de las Huelgas Reales) (*)

“El Prado de la Magdalena –escribe Urueña- fue un ameno paraje, de lo más frecuentado en la época dorada de Valladolid. Sus praderas regadas por el Esgueva eran recorridas en aquellos años por lo más granado de la vida cortesana de la ciudad; era uno de los principales lugares donde las damas se exhibían en sus carrozas y los caballeros de capa y espada alardeaban su habilidad como jinetes. En el espacio, hoy en parte ocupado por el hospital Clínico y las diversas dependencias universitarias que se levantan a su espalda, se hallaba este gran jardín en cuyo centro estuvo la celebrada casa de las Chirimías, de la que se decía que cada vecino poseía una teja; en ella se interpretaban las músicas que amenizaban aun más el lugar”.

“En esta parte del Prado – comienza Joaquín Urueña la primera parte, “Del lado de la Magdalena y las Huelgas” – se encuentran muchos vestigios de la relación de nuestra ciudad con el Nuevo Mundo: la casa de Colón, la Magdalena con el escudo de su fachada adornado con alegorías de ultramar y la fachada del palacio de los marqueses de Revilla, hoy englobada en el colegio de la Enseñanza, que como descendientes de los Gasca también está blasonada con un escudo similar.

Aquí encontramos varios conventos. Con el dinero obtenido de la venta del solar del convento del Corpus Cristi derribado en el Campo Grande, se construyó en 1884 el nuevo que hoy ocupa esta congregación en la calle del Prado de la Magdalena.

A poca distancia se alza el importante monasterio de las Huelgas Reales, adosado a la iglesia de la Magdalena. Fue fundado por la reina María de Molina a principios del siglo XIV, lindando con el desaparecido palacio donde residía junto a su marido el rey Sancho el Bravo. Con los años, el convento pasó a englobar los pocos restos de dicho palacio que aún se conservan, como la puerta mozárabe del recinto. En el centro del crucero de su iglesia está el sepulcro de alabastro de la Reina y el retablo mayor contiene un extraordinario altorrelieve de Gregorio Fernández: el abrazo de Cristo a san Bernardo, entre otras obras”.

Recogemos ahora más información, del artículo que publicó Vallisoletvm en Abril de 2010, “El Monasterio de las Huelgas Reales”, en el que cita como fuente la web huelgasreales.es/monasterio.htm. “El monasterio Santa María la Real de Huelgas es especialmente famoso en los Anales de la Orden Cisterciense debido principalmente a su historia, el empaque de sus construcciones, las joyas artísticas que contiene, la importancia de su Archivo documental, y hasta la nobleza de sus orígenes.

A pesar de ello resulta muy difícil encontrar documentación sobre la vida de esta casa tan noble. Su nombre, proviene de su emplazamiento en un lugar destinado a recreo y solaz de quien se cree fue su fundadora, la reina doña María de Molina.

Cuando en 1282 sufre el monasterio el fatal incendio que lo destruyó totalmente, lo mismo que sus Archivos, sería ya cisterciense la comunidad y, según Ortega, lo habría fundado doña Sancha, la hermana de don Alfonso VII.

En esa época, la llamada “Tierra de campos”, era un lugar fronterizo muy codiciado, de manera que Alfonso VII el Emperador se la concedió a su hermana. Al ser nombrada gobernadora, disponía de tierras y dinero y por ello fue fundadora de varios monasterios La que sería gobernadora de Castilla, cedió su alcázar como nuevo convento para las beatas de la orden del Cister y eligió ya desde entonces el monasterio para su sepultura.

( El monasterio Santa María la Real de las Huelgas) (*)

Todavía hubo de sufrir el monasterio una parcial destrucción en 1328, causada por las tropas de Alfonso XI, quien, en parte quizás por esto mismo, quiso compensarlo con la confirmación y ampliación de sus privilegios. A partir de entonces, la comunidad desenvuelve sin mayores avatares su vida plácidamente y de manera prácticamente ininterrumpida hasta hoy.

Con el tiempo, irían afluyendo con normalidad las vocaciones y, a la vez, iría redondeándose el extenso dominio territorial de las Huelgas con fincas rústicas y urbanas, así como con privilegios y derechos señoriales.

La primera de sus abadesas conocidas, fue doña Teresa Gil, y consta lo era aún en 1298. Tras ella, ocupa el cargo abacial otra gran abadesa, doña Isabel de Herrera, hija de don García de Herrera y doña Elvira de Guzmán. Ella fue quien primero se sometió a la Congregación cisterciense reformada de Castilla, en la persona de su Reformador General en 1482, reinando los Reyes Católicos.

Con esta abadesa, comienzan los años de plenitud del monasterio hasta pasado el primer tercio del siglo XVII. Cuatro grandes abadesas llenan todo este tiempo. Todas ellas pertenecerían a un mismo linaje, el de los Mendoza: Isabel de Mendoza (1510-1543); Ana Quijada y Mendoza (1543-1590); Ana de Mendoza y Cerda (1596-1599) y por último Isabel de Mendoza II que lo presidió sin interrupción de 1608 a 1614, de nuevo de 1620 a 1626, y el trienio 1629-1632. Ana de Mendoza Quijada, es quien comienza la obra de la Iglesia, que acabará veinte años mas tarde (1579-1599).

( Sepulcro de doña María de Molina) (*)

Por referencias documentales de 1537, sabemos la exacta ubicación del antiguo monasterio antes de su incendio, que motivó su traslado a los alcázares junto a la Iglesia de la Magdalena, donde sigue hoy. Parece pro tanto que las «Huelgas viejas» se encontraban localizadas en el Arrabal de la Magdalena, Arrabal de la Cerca (junto a la calle Renedo) y algo del Arrabal de San Juan. La comunidad cuenta en 1665 con un total considerable de 42 religiosas, 20 criadas, 2 religiosos, 2 criados y 1 ama.

Serán particularmente dramáticos los avatares de la comunidad en el siglo XIX, con los sucesivos desastres de la Guerra de la Independencia, y después del bienio progresista y de la legislación desamortizadora de Mendizábal que acabó con el considerable patrimonio territorial del monasterio. Es ahora cuando demuestra su temple religioso, su capacidad de reacción y su vitalidad para salir adelante.

Tras estos acontecimientos, la comunidad vuelve a ser floreciente. Prueba de ello es la aparición del Colegio, durante el abadiato de Pilar Oña (siete veces abadesa en la casa), quedando formalmente erigido en 1895 con las primeras profesoras tituladas, siendo abadesa Teresa Veneciano. La comunidad regida por la abadesa Sagrario Martín (1921-1947), capea el temporal de la guerra civil y siendo abadesa la madre Purificación Carlón, puede erigir un Colegio de nueva planta en 1959 que comienza a funcionar desde 1966. La comunidad fortalecida y bastante numerosa, pudo igualmente hacer frente, en 1980 y siendo abadesa la madre Teresita García, a la restauración por Bellas Artes de la Iglesia Mayor.

Muerta la madre Teresita, el 14 de septiembre de 1989, fue elegida el día 17 del mismo mes para sucederla la madre Mª Ángeles Valle. El 28 de diciembre de 2002 fue elegida abadesa del monasterio sor Mª de Mar (Elena Martínez López) que gobierna ahora a su comunidad”.

( Puerta mozárabe del palacio de María de Molina que no se puede admirar por estar casi oculta tras una tapia. Sería estupendo –dice Urueña- que mandasen cambiar el muro por una verja y así poder verla) (*)

A continuación incluye Vallisoletvm un interesante apartado dedicado a la iglesia del convento, su museo y la llamada por Urueña “Puerta mozárabe” y por este otro artículo “Fachada Mudejar”. Ya hemos comentado en otros artículos nuestros la frecuente confusión entre ambos términos; en este caso si la construcción es del XIV, como dirá Vallisletvm, tienen éstos razón; pero si es anterior, como señala Urueña, que reconoce fue fundado el convento por la reina María de Molina a principios del siglo XIV, pero añade que lindaba con el desaparecido palacio donde residía junto a su marido el rey Sancho el Bravo, y “con los años, el convento pasó a englobar los pocos restos de dicho palacio que aún se conservan, como la puerta mozárabe del recinto”; en cuyo caso podría tener razón Urueña. Pero volvamos a la información de Vallissoletvm.

“Hay que comenzar hablando de una huella insigne de los tiempos mismos de la segunda fundación de las Huelgas: la fachada mudéjar (único ejemplar en su estilo que se conserva hoy en la ciudad), con la puerta de entrada al palacio de la reina fundadora, doña María de Molina, de comienzos del siglo XIV. Este elemento arquitectónico construido con ladrillo, es lo único que nos depara esa primera época del monasterio.

Posee el monasterio un espléndido archivo documental con un total de más de 200 pergaminos, algunos de ellos con notables miniaturas y sellos, diversas pinturas de valor, y la original colección de ramos de plata. El retablo mayor de la Iglesia fue realizado por el maestro Gregorio Fernández y contratado por la abadesa doña Isabel de Mendoza II el 15 de abril de 1613, exigiendo al autor que estuviese terminado en el plazo de un año. La madera había de ser de madera de pino de Hontalvilla (Soria), blanca, sin nudos y cortada en buena luna. Así mismo, las figuras debían ser huecas, para evitar que se hendieran. El retablo mide diez metros de ancho por otros tantos de alto. El cuerpo principal tiene dos pisos, separados por un sencillo friso. Ostenta cuatro relieves muy hermosos con los evangelistas echados, cada uno con su animal heráldico.

Centra el primer piso el famoso relieve de Cristo desclavándose de la cruz para abrazar a San Bernardo. A ambos lados, se disponen sendos lienzos, como los del piso superior obra de Tomás de Prado. En las calles laterales aparecen las figuras de San Juan Bautista y San José con la vara florida y el niño cogido en la mano. La misma composición aparece en le segundo piso, con el relieve central de la Asunción de María y en los laterales, con las figuras de San Benito y San Bernardo.

Existe un segundo retablo del mismo autor conocido como Retablo del Nacimiento (1614), en la capilla que fuera de San Juan, junto al coro, que da a la Sacristía. En el centro del relieve está el Niño en cuna, la Virgen lo adora con las manos plegadas y hay un pastor ofreciendo un cordero. Junto al Niño hay un ángel de rodillas y más arriba están San José y otro pastor. En el fondo, se divisa la choza, con techa de ramaje, y un fondo arquitectónico.

Otra importante obra de escultura es el sepulcro de doña María de Molina, reina fundadora del monasterio. Está hecho de alabastro y se sitúa en el centro del crucero de la Iglesia, delante del altar mayor. Los costados están decorados con escudos de castillos y leones. En el de la derecha hay un relieve de la Virgen con el Niño y un santo benedictino en el de la izquierda. En el lado menor de la cabecera aparecen dos relieves, uno de San Juan Bautista y otro de San Cristóbal”.

“La iglesia del monasterio (1579) fue edificada en un breve periodo de tiempo y de una sola vez. El exterior es de una gran austeridad y de corte clasicista. El interior es realmente amplio y lleno de la luz que le viene de los vanos termales. La planta es rectangular, afectando sin embargo la forma de cruz latina, con un amplio crucero. En el ábside cuadrado se sitúa el espléndido retablo de Gregorio Fernández, uno de los mejores del artista. La nave única se continúa con el coro, en el mismo eje longitudinal situándose tres capillas laterales a cada lado de ella. Sobre el entablamento se sitúan los vanos termales y todo ello cubierto con una bóveda de cañón, con arcos fajones y lutenos. El crucero se corona con una media naranja de ocho cascos. La bóveda se decora mediante triángulos y óvalos , y sencillas placas en la media naranja del crucero, sobre pechinas. Las capillas laterales se conforman con sencillas cupulillas y bóvedas. Una de ellas abre al exterior la única puerta de la iglesia. El templo carece de fachada, sustituída esta de hecho por el coro, dispuesto en tres naves, la central techada con bóveda de cañón rebajada, y de arista en las laterales”.

( Retablo de la Iglesia de la Magdalena) (*)

Hasta aquí la información de Vallisoletvm sobre las Huelgas Reales. Concluido este tema, sigue Juan Carlos Urueña con la iglesia de la Magdalena, de la que dice “se construyó sobre una pequeña ermita levantada a principios del siglo XII. Don Pedro de la Gasca, obispo de Sigüenza y virrey del Perú, tomó su patronato y construyó el actual templo en cuya fachada colocó su singular escudo de armas, pues se considera que es el más grande del mundo en piedra. Este escudo contiene alegorías de los logros de don Pedro, consistentes en aplacar a Pizarro en aquellas tierras americanas”.

Hubo problemas durante la construcción del nuevo templo; y es que, antes de tomar los Gasca su patronato, la familia Corral había construido su suntuosa capilla, afectando de tal manera la estructura de la vieja iglesia que ésta amenazaba con caerse. Martí y Monsó publicó parte del pleito que se suscitó al empezar los Gasca la reconstrucción del templo en el Boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones de diciembre de 1907. El proyecto de reconstrucción de los Gasca no contaba con respetar la capilla de los Corral, y les ofrecieron derribarla y volver a levantarla en un sitio más trasero de la nueva iglesia. Los Corral, lógicamente, se negaron, y la soberbia de los Gasca les llevó a ordenar el comienzo de las obras de manera que la dichosa capilla se quedase apartada del templo «…de suerte que la dexaba fuera del cuerpo de la iglesia, en el campo sola y hecha hermita.». La justicia dio la razón a los Corral, y obligó a juntar las paredes del templo con la capilla. Este episodio deja más memoria de la altivez de los Gasca que el escudo de la fachada.

Cuenta Pinheiro en su Fastiginia una curiosidad referente a un olmo que crecía a la puerta de la iglesia, del que se tenía por cierta la siguiente historia: Un clérigo estaba rezando con su breviario al lado del árbol, y al tomar un descanso apoyó el libro en un hueco del tronco, de donde resbaló cayendo a su interior. No pudo el religioso alcanzarlo y allí quedó dentro del olmo. Pero resultó que el clérigo no era tan piadoso como debiera, pues tiempo más tarde fue excomulgado. Coincidiendo con la excomunión, se secó misteriosamente nuestro árbol y así quedó la cosa. Tres años después, un gato se coló por el agujero del olmo y sacó el devocionario totalmente podrido y oliendo muy mal, y una vez libre de aquella ponzoña reverdeció el árbol en sólo tres días. Buen pícaro sería el clérigo para ganarse la excomunión y resultar maldito hasta su breviario”.

( Iglesia de la Magdalena) (*)

De nuevo acudimos a Vallisoletvm para ampliar la información sobre la Iglesia de la Magdalena, a la que dedicaba un artículo en Enero de 2010. “Los orígenes de la la iglesia datan de mediados del siglo XII, cuando, sobre una de las puertas de la muralla de Valladolid, que se encontraba en el ámbito de la actual iglesia, se erigió una pequeña capilla.

Hacia 1538 fue edificada, asociada al edificio medieval, una capilla sepulcral mandada construir por el Doctor Corral. Esta capilla posee planta cuadrangular y se cubre con bóveda de terceletes y combados. El abulense Pedro de la Gasca, reconstruyó a partir de 1566 toda la iglesia parroquial, con la idea de que sirviera de enterramiento suyo. Lo primero realizado fue la capilla mayor, interviniendo en la construcción Rodrigo Gil de Hontañón y otros artistas de primer orden. Debajo se dispuso una gran cripta para alojar los restos mortales del patrono y sus familiares.

A partir de 1570 se realiza el cuerpo de la iglesia. El diseño inicial, obra de Gil de Hontañón, era un templo en forma de cruz latina, con una única nave de grandes proporciones, con tres tramos y coro alto a los pies, con grandes contrafuertes al exterior para contrarrestar a las bóvedas. Sin embargo, el crucero del lado de la Epístola no pudo ser realizado al estar en su solar la capilla del Doctor Corral. Se ofreció a los descendientes de éste demoler la capilla y reedificarla en un lugar adecuado y abierta a la nave de la nueva iglesia. Los descendientes del Doctor Corral se negaron y por ello la iglesia actual muestra la notable asimetría de no tener el brazo del crucero del lado de la Epístola. Por el exterior se puede ver incluso cómo están dispuestos los arranques de las bóvedas que hubieran cubierto ese brazo del crucero no realizado.

Todo el edificio está realizado en ladrillo, tapial y piedra, esta última reservada para los lugares más nobles y más comprometidos constructivamente. A pesar de las avanzadas fechas en las que fue realizado, el templo se cubre con bóvedas de crucería estrellada, con terceletes y combados. En las claves muestra las armas del patrono, que se repiten en numerosos lugares del interior y exterior del edificio. A lo largo de las paredes del templo, a la altura del arranque de las bóvedas, corre un friso con una leyenda relativa al Patronato del templo. El cantero Francisco del Río fue el encargado de la construcción.

La majestuosa fachada presenta un gran rectángulo de piedra y está presidida por el inmenso escudo en piedra del pacificador del Perú, el obispo Pedro de la Gasca. La rumorología local dice de él que es el escudo esculpido en piedra más grande del mundo. En la parte inferior, la fachada lleva dos puertas gemelas de medio punto y al lado del Evangelio se levanta una torre de planta cuadrada con un cuerpo superior de campanas, torre que fue reconstruida en los años cuarenta del siglo XX, respetando totalmente su fisonomía original, ya que se hundió en 1942.

En el interior destaca el sepulcro en alabastro y jaspe de De la Gasca, obra del escultor romanista Esteban Jordán. El obispo aparece con todos sus atributos episcopales: capa pluvial, mitra y báculo. En un principio este sepulcro se encontraba en la capilla mayor, aunque fue trasladado a mediados del siglo XX a su localización actual, en el centro de la nave de la iglesia, para desentorpecer el culto.

El retablo mayor posee traza manierista y las esculturas se deben también a Jordán que trabajó en ellas de 1571 a 1575, encargándose de la arquitectura, escultura y policromía. El retablo muestra banco, tres cuerpos y ático, con tres calles. En el banco se encuentran pasajes de la vida de Santa María Magdalena. Una imagen de la santa dispuesta en el primer cuerpo y representada en el momento de su traslación, preside el retablo. En los cuerpos segundo y tercero y en el ático, se encuentran pasajes de la vida de Cristo en relieve. El retablo se corona con un Calvario, flanqueado por sendos escudos de De la Gasca.

La capilla del Doctor Corral, está presidida por un magnífico retablo plateresco tallado a mediados del siglo XVI por Francisco de Giralte, que muestra pasajes de la vida de Cristo. Se trata de uno de los retablos señeros de su época. En la misma capilla también existe una notable reja de hierro coetánea del retablo.

En otra de las capillas se encuentra el Cristo de las Batallas, obra de Francisco del Rincón y que es muy similar al Cristo de los Carboneros de la Iglesia de las Angustias. Ambas obras participan en las procesiones de la Semana Santa de Valladolid”.

Concluye el artículo Urueña señalando: “En frente de la Magdalena está la Casa Museo de Colón. Las prisas por ubicar el lugar de su muerte y una investigación poco profunda, dieron lugar a esta errónea localización. Y no sólo le adjudicaron esta casa en la que nunca estuvo ni de visita, sino que encima pusieron una lápida que reza “Aquí murió Colón”. El edificio actual es una réplica de la casa de Diego Colón, hijo del almirante, que se encuentra en Santo Domingo”.

Ampliamos también esta breve referencia a la Casa Museo de Colón con lo que recogía Vallisoletvm en Octubre de 2009. “La Casa Museo de Colón es un centro museístico ubicado en la ciudad de Valladolid en el que se encuentran documentos y recuerdos de la figura del descubridor de América, Cristóbal Colón. Además es la sede del Centro Cultural y Casa del Americanismo de Valladolid, un centro de investigación y estudio de la historia de la América colombina.

Aunque la tradición popular sitúa en las inmediaciones del actual edificio la última morada de Cristóbal Colón, que falleció en Valladolid el 20 de mayo de 1506, se tiene constancia de que fue en el desaparecido Convento de San Francisco situado entre la calle de Santiago y la Plaza Mayor donde murió el descubridor, por lo que la existencia de la Casa de Colón en Valladolid no responde a criterios estrictamente históricos.

En las inmediaciones de la Iglesia de Santa María Magdalena se conocía la existencia de una casa, de humilde porte, propiedad de una familia apellidada Colón. En el siglo XIX se pretendió identificar esta vivienda como la casa en la que murió el ilustre navegante, hasta el punto de que se llegó a colocar en el año 1866 un medallón con el busto de Colón, tallado por Nicolás Fernández de la Oliva con la inscripción: «aquí murió Colón». Esta antigua casa desapareció con motivo de las reformas urbanísticas de la zona, pero la iniciativa de un grupo de intelectuales y universitarios impulsaron al Ayuntamiento de Valladolid a acometer la compra de un solar y edificar un museo que recordase la figura del almirante.

Esta nueva edificación se inspiró parcialmente en una casa palaciega propiedad de Diego Colón, hijo mayor de Cristóbal Colón, adquirida para su residencia familiar en 1509 en la isla de Santo Domingo, en estilo gótico isabelino con una ventana en la esquina. En la fachada, por su parte, se instaló la portada de la casa vallisoletana de Pedro de Arrieta, escribano de la Chancillería de Valladolid, y de su mujer Agustina de Garibay.

En un arco lateral del jardín se instaló la placa de 1866. Posteriormente se colocaron en el jardín una reproducción en hierro de la nao Santa María y un busto del descubridor vallisoletano Juan Ponce de León.

En el año 2006, coincidiendo con los actos conmemorativos del centenario de la muerte de Colón en Valladolid se procedió a una ampliación del edificio y del espacio expositivo con la construcción de un anexo que recrea una nave de época. Asimismo, se realizaron modificaciones estructurales en el jardín”.

Sobre los “Fondos del museo”, continúa Vallisletvm: “El museo reconstruye con sus objetos el ambiente del Siglo de Oro español sin olvidar los motivos coloniales y prehispánicos, entre los que destaca una colección de cerámicas de distintas culturas indígenas, maquetas de navíos, libros e instrumentos de navegación. Entre las piezas artísticas más destacadas pueden citarse una gran sarga con la representación del Calvario, original de Luis de Villoldo, una copia del denominado lienzo de Tlaxcala, junto con varias pinturas de autores mexicanos. Se guarda también en el museo un boceto parcial del monumento que la República de Panamá encargó a Mariano Benlliure en 1929 para ensalzar la figura de Simón Bolivar”.

En el próximo artículo recogeremos el apartado que denomina Urueña “Al otro lado del Prado: las Descalzas, Chancillería, san Pedro y santa Clara”.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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