Gaudí en la sala de la Pasión

Por José María Arévalo

( Ambientación de la exposición sobre Gaudí en la Sala de la Pasión. Foto de nortecastilla.es ) (*)

No queremos dejar pasar sin comentar esta exposición sobre el Gaudí más desconocido, que lleva casi todo el verano y concluye mañana en la Sala municipal de La Pasión, y que se plantea como una aproximación clara y didáctica a la persona y a la obra del arquitecto catalán, una de las más figuras más destacadas de la arquitectura y el arte de todos los tiempos. Tras el 11 S, una de las soluciones que se propusieron para sustituir a las torres gemelas fue la construcción del rascacielos que Antoni Gaudí estudió sobre 1910, para ser destinado a hotel en Nueva York, del que se conservan algunos bocetos; con sus 310 metros de altura, hubiera sido el más alto de Nueva York en su época – el Empire State, construido 20 años después, lo sobrepasaba sólo en 60 metros-. Entre 1984 y 2005 siete de sus obras han sido consideradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Su figura comenzó a ser reivindicada en los años 1950, por Salvador Dalí en primer lugar, seguido del arquitecto Josep Lluís Sert. En 1957 se organizó la primera gran exposición internacional sobre su obra, en el MOMA de Nueva York.

En la actual muestra de la Sala de la Pasión, que comisaría Charo Sanjuán, mediante planos, dibujos, maquetas, muebles, elementos arquitectónicos y fotografías de época, el visitante se acerca a su compleja personalidad y a algunas de las principales obras del eminente arquitecto en un recorrido que abarca desde sus proyectos de estudiante y el templo de la Sagrada Familia —su obra más conocida— hasta el Palacio Güell y las casas urbanas Calvet, Batlló y Milà, popularmente conocida como La Pedrera, una de las obras maestras de la arquitectura del siglo XX. De diferentes fondos, las obras y el material que constituyen la muestra, alrededor de un centenar de piezas, proceden, en su mayor parte, de los fondos de la Cátedra Gaudí, además de algunas piezas propiedad de instituciones tan relacionadas con la obra gaudiniana como la Junta Constructora del Templo de la Sagrada Familia y la Fundació Catalunya Caixa.

Formado –explica Hoyesarte.com- según los cánones de la época en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, Gaudí surge en ese período de efervescencia creativa que es el Modernismo catalán y desarrolla una arquitectura totalmente nueva, recorriendo su propio camino de creador individual. Su concepción es revolucionaria, aunque, como todos los arquitectos de su generación, empieza con la mirada puesta en el pasado, en la arquitectura medieval, en la que se inspira y de la que parte para realizar una obra absolutamente moderna y original.

Dotado de una fuerte intuición y capacidad creativa, Gaudí concebía sus edificios de una forma global, atendiendo tanto a las soluciones estructurales como las funcionales y decorativas. Estudiaba hasta el más mínimo detalle de sus creaciones, integrando en la arquitectura toda una serie de trabajos artesanales que dominaba él mismo a la perfección: cerámica, vidriería, forja de hierro, carpintería, etc. Asimismo, introdujo nuevas técnicas en el tratamiento de los materiales, como su famoso “trencadís” hecho con piezas de cerámica de desecho.

Después de unos inicios influenciados por el arte neogótico –explica Wikipedia-, así como ciertas tendencias orientalizantes, Gaudí desembocó en el modernismo en su época de mayor efervescencia, entre finales del siglo XIX y principios del XX. Sin embargo, el arquitecto reusense fue más allá del modernismo ortodoxo, creando un estilo personal basado en la observación de la naturaleza, fruto del cual fue su utilización de formas geométricas regladas, como el paraboloide hiperbólico, el hiperboloide, el helicoide y el conoide.

Gaudí fue un arquitecto con un sentido innato de la geometría y el volumen, así como una gran capacidad imaginativa que le permitía proyectar mentalmente la mayoría de sus obras antes de pasarlas a planos. De hecho, pocas veces realizaba planos detallados de sus obras; prefería recrearlos sobre maquetas tridimensionales, moldeando todos los detalles según los iba ideando mentalmente. En otras ocasiones, iba improvisando sobre la marcha, dando instrucciones a sus colaboradores sobre lo que tenían que hacer.
(Gaudí rezando, en un grabado expuesto en la Sala de la Pasión) (*)

Hombre de profunda religiosidad y de vida ascética, se ha propuesto la beatificación de Antoni Gaudí, proceso iniciado en 1998 por el arzobispo de Barcelona, Ricard Maria Carles. El año 2000 fue autorizado el inicio del proceso por parte del Vaticano con el decreto nihil obstat, por el cual Gaudí pasa a ser considerado siervo de Dios, el primer peldaño para la beatificación.

Antoni Gaudí (Reus, 1852) fue atropellado por un tranvía el 7 de junio de 1926 cuando se dirigía a la iglesia de San Felipe Neri, que visitaba a diario para rezar y entrevistarse con su confesor, mosén Agustí Mas i Folch. Gracias a la insistencia del capellán de la Sagrada Familia, mosén Gil Parés, y de Domènec Sugrañes, que recorrieron incansablemente los dispensarios y hospitales de la ciudad, se le pudo identificar entre los enfermos de la sala pública del Hospital de la Santa Creu, agonizante. Había sido confundido con un mendigo dado su pobrísimo atuendo, propio de su madurez, tras su dandysmo juvenil. Murió el 10 de junio. Dos días después, un gran cortejo recorría las principales calles de Barcelona para acompañar sus restos hasta la cripta de la Sagrada Familia, donde recibió sepultura.

Sobre la obra más conocida de Antoni Gaudí, el templo de la Sagrada Familia, de Barcelona, recientemente abierto al público tras años de construcción gracias a donaciones populares, las más recientes previsiones calculan que se podría llegar a finalizar dentro de unos 30 años, esto es, antes de que se celebre el segundo centenario del nacimiento del genial arquitecto.

Gaudí, a la edad de 31 años, se hizo cargo de la dirección de las obras de este Templo, tras la dimisión del arquitecto inicial Francisco de Paula Villar, cuando ya se había construido una parte de la cripta subterránea. Gaudí cambió radicalmente el primer proyecto sustituyéndolo por uno propio, mucho más ambicioso, original y atrevido que el inicial. La fachada por la que se lo conoce, la del Nacimiento, es la parte de la obra que Gaudí deseaba dejar terminada como muestra y ejemplo para sus continuadores, ya que él, muy a su pesar, tuvo que aceptar que era imposible llegar a realizar una obra de esta envergadura en el corto periodo de una vida. Casi en los inicios había sido tan optimista que soñó con que podría llegar a acabarla en poco más de diez años.

La web dedicada al Templo explica que, aunque en algún momento las formas de la Sagrada Familia puedan recordar el estilo gótico, nada más lejos de la realidad en su esencia. “El gótico se veía obligado a contrarrestar el desplazamiento de las fuerzas, utilizando contrafuertes y arbotantes. Es decir, los arcos exteriores tenían una función de apoyo, no de decoración. Gaudí dijo una vez, que es como si un jorobado para disimular su defecto se pusiera banderitas encima.

En la arquitectura gaudiniana, por el contrario, los pesos y las fuerzas se desplazan en sentido vertical, por ello, en algún caso, los pilares o columnas están inclinados. Precisamente para contrarrestar un pequeño desplazamiento lateral. De esta forma, como se ha comentado anteriormente, es innecesario el empleo de contrafuertes, apoyos y arbotantes, tan característicos e imprescindibles en el gótico. Por este motivo, las dos fachadas existentes han podido ser edificadas como si fueran construcciones independientes del resto del templo”.

En una sala de la muestra que mañana concluye, se exponen maquetas del pináculo de la fachada de la Pasión del templo de la Sagrada Familia y de la cúpula de la sacristía, así como diversos planos de esta obra emblemática.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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