De “entre todos” y como todos

Por Carlos de Bustamante

(Junto a la Esgueva. Acuarela de J. M. Arévalo. 34×46) (*)

Sé que necesito hacer una pausa en mis relatos camperos, tan amorosos. Creo saber, que el mundo en que vivimos contiene en cantidades espectaculares cosas propias de casi todos los mortales: Virtudes, cualidades, afectos…. y cantidad interminable de lo que hoy tanto se denomina como “sensaciones”.

En cada ciudad, grande o pequeña; en cada pueblo idem de idem; incluso en cada familia o comunidad de vecinos, en lo cotidiano de cada uno, hay infinidad de las cosas dichas y muchas no referidas: (….), en cantidad e importancia a cuál más impresionantes. Porque puestas al descubierto, a la luz pública lo son: impresionantes, conmovedoras.

Con mi habitual (y mal, lo sé) andarme por las ramas en prolegómenos antes de entrar de lleno en el meollo del artículo, vale este preámbulo para referirme a un programa de la cadena -1- de la TV. estatal, creo. Se llama “Entre todos”. Es como el toque de diana que me despierta del suave sopor tras la comida y el tráfago de la mañana de quien no está para muchos trotes. Eso, y el rebullir de quien es mi costilla desde hace un montón de años.

Antes de ver el programa, normalmente discutimos. Brevemente. Ella conmovida. Su otra mitad, disconforme. ¿Será otra confidencia, decirles el motivo de nuestras diferencias? Seguramente innecesaria. Pero se repite un día tras otro.

No les pido la opinión que sé nunca va a llegar. Yo, inquieto…, digo nada más. Sin embargo, algo me dice que no debemos de ser caso único.

Bueno, vale, no se me molesten que enseguida les diré el motivo: estamos de acuerdo en que el programa en cuestión no es malo. O sea, que si no lo es, debiera de ser bueno; y ésta es-¡al fin!- la cuestión. Que de palabra, no sé expresar el motivo “concreto” del desacuerdo. Lo que mi mujer de por vida dice extraordinario, su media naranja dice que sí; pero no.

La presentadora, impecable, maneja “superior” su cometido. Sabe como pocas o ninguna vez he visto, conmover al personal que vive cada “caso”. Y se emociona con él. Hasta el lagrimeo. Porque escribir me sale fácil, les diré, y le diré por este medio el motivo de que, también conmovido ¡que oigan uno no es de piedra!, no acaba de convencerme el susodicho.

No les voy a repetir lo de mundo, nación, ciudad, pueblo… del preámbulo. Sólo les ruego que lo recuerden.

¿En qué familia, si se nos abre la puerta, no podremos ver desgracias, tragedias o dificultades sin cuento? ¿En cuáles de ellas, incluso muy próximas, no hay en estos tiempos de crisis alguna situación que, expuesta a la luz pública, no impresiona? Ésta, repito, es la cuestión. Será, a veces, la enfermedad rara o traidora. Otras una lamentable situación de penuria económica. Separaciones, divorcios…, que, unidos o no a las dificultades tantas veces al límite de lo inhumano, complican aún más tales desastres. Porque lo son. Con los hijos como paganos.

Si encima éstos viven o malviven a costa de una siempre escasa pensión de jubilación de los padres ancianos. Ya tenemos el cuadro oportuno para la conmoción de hasta los insensibles.

Pueden, si les pete, añadir más ingredientes de droga, descarrío etc., a la situación límite. Les aseguro que lagrimean hasta las piedras.

Debidamente- extraordinariamente- expuesta la situación en vivo y en directo de los personajes, cada uno que lo vive, entrega hasta lo que no tiene.

Ciertamente que de esta forma se han resuelto casos y situaciones dramáticas e “in extremis”. De acuerdo que la bondad que siempre hay en lo más íntimo de hasta el más perverso, no se resiste en acudir presto, so-li-da-rio, del más necesitado. Mas de lo que dudo, y esto es el corolario del “tema”, es si el método empleado es bueno en sí mismo o no. Si incita a la buena obra por sólo compasión lagrimosa o por verdadera solidaridad humana. Esto sin entrar en lo sobrenatural que parece ignorarse por completo. Que no; que hay algo-mucho- que no me cuadra.

No sé si estarán “al loro” de mis dudas o no. Tampoco sabré nunca su veredicto; pero les aseguro que creo haber expresado lo que de palabra no sé decir. Y ustedes, ¿qué opinan? Si Dios es servido, nos vemos en el reino vegetal. El que en el cereal rey (el trigo) les vengo comentando.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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