Rincones con fantasma. Y 46. El convento de la Santísima Trinidad

Por José María Arévalo

( Del conjunto del convento no se conserva dibujo alguno, pero gracias a la documentación recopilada por María Antonia Fernández del Hoyo –explica Urueña- ha sido posible hacer esta reconstrucción bastante aproximada ) (*)

Con un amplio artículo sobre el desaparecido Convento de la Santísima Trinidad, que ocupaba todo un lateral de la calle de María de Molina, el inmediato al Convento de San Joaquín y Santa Ana, concluye el último capítulo, “Zona de la Plaza Mayor”, del itinerario que sigue Juan Carlos Urueña Paredes en su libro “Rincones con fantasma. Un paseo por el Valladolid desaparecido”, que hemos venido reseñando, en la edición que publicó el Ayuntamiento de Valladolid en el año 2006, y que nos ha ofrecido, decíamos en palabras del Alcalde, “mil y una anécdotas e historias hilvanadas para ayudarnos a identificar los fantasmas” de nuestra ciudad. Urueña ha recreado el aspecto exterior de buen número de edificios desaparecidos, especialmente religiosos, insertándolos en el entorno actual, y comentado su devenir, acompañando todo ello con curiosidades y anécdotas de los libros que usó para documentarse.

Antes de recoger lo referente al citado Convento, con lo que concluye Juan Carlos Urueña su relación, reproducimos el epílogo con el que cierra el libro: “Aquí acaba este intento de condensar en unas páginas los rincones desaparecidos de Valladolid. Pero como más serviría este libro es complementándolo en la calle, saboreando la ciudad y paseándola sin prisas, parándose a mirar esas venerables fachadas, que muchos saben que están ahí pero nada más. No nos dé vergüenza conocer nuestro patrimonio, pues lo vergonzoso es visitar los museos que están donde vamos de veraneo y no conocer los de aquí.

Gracias a todos los que me habéis ayudado a finalizar esta empresa, en especial a María Antonia Fernández del Hoyo, profesora de la Universidad de Valladolid y prestigiosa investigadora. Sin su trabajo de años, este libro no hubiera sido el mismo. Gracias a Fernando Nieto Pinto, “Tito”, por creer en mi proyecto y a Paz Altés por su amabilidad. Gracias a mi compañero Félix García Arroyo por ayudarme a “cazar” elementos para las reconstrucciones, labor pesada y en extremo desesperante. Y desde luego, gracias a usted también por haber escogido este libro. Vuelvo aquí a pedirle benevolencia hacia esta “opera prima”, pues quien la ha escrito no es más que un simple trabajador, con aficiones quizá demasiado elevadas para sus posibilidades. Si es usted forastero y le ha servido mi libro, espero que haya disfrutado de él y de su estancia aquí. Regrese cuando quiera, que ésta es ya su ciudad, y traiga consigo a quien esté interesado en ver nuestros “santos de palo” y nuestros viejos rincones. Si decidiese usted algún día releer estas páginas, me sentiría muy honrado y daría mi labor por buena. Por si así fuera… ¡hasta entonces! Como escribió Pinheiro, «mi historia acabada, mi boca llena de mermelada». Juan Carlos Urueña Paredes.”

( El convento según el plano de Ventura Seco. Remarcada, la situación de la portería) (*)

Los trinitarios calzados tuvieron muy antigua fundación, debida según algunos a los reyes de Castilla sobre finales del siglo XIII. A finales del XV, la familia Zúñiga se hizo con su patronato que dotó con generosidad. La iglesia del monasterio era similar en tamaño y estilo a la de san Benito y contenía como ésta un gran retablo mayor renacentista; que si el de la primera fue obra de Alonso Berruguete, éste del templo trinitario fue obra de su hijo Inocencio. Contuvo también ricas obras de arte y suntuosos sepulcros de sus patronos y protectores.

Vayamos, pues, ahora con el último relato de Urueña: “El convento de la Santísima Trinidad (“Patrimonio perdido: conventos desaparecidos de Valladolid”, de M.ª Antonia Fernández del Hoyo, Pág. 529) se alzaba en la actual calle de María de Molina y era tan enorme que desde su portería, que salía a la plaza de santa Ana, se prolongaba hasta la actual calle de los Doctrinos. Fue sin duda uno de los más grandiosos de Valladolid, comparable en empaque y extensión a los de san Benito o san Pablo.

( Convento de la Santísima Trinidad: “aposento nuevo”) (*)

Todo fue pasto de las llamas durante la guerra de la Independencia y los franceses terminaron de arrasar la mayor parte de lo que el fuego respetó. Quizá es la pérdida más lamentable del enorme patrimonio destruido en nuestra ciudad. Fue célebre el espectáculo de la voladura de la espadaña de la iglesia por los franceses, torre admirada por todos los que llegaron a conocerla, según el diarista Francisco Gallardo, el 13 de febrero de 1811, casi a la vez que se demolía la portería de san Francisco:

( Reconstrucción de la fachada de la portería de la Trinidad Calzada, según el único dibujo que se conserva obra de Ventura Pérez)(*)

«Se derribó la torre espadaña de la iglesia que fue de trinitarios calzados. Era obra de mucho mérito por su bella arquitectura y firme construcción. Para derribarla se la dieron barrenos de fuego, y aun costó dificultad, y cuando cayó, fue entera sin desunirse piedra alguna.»

Cualquier vestigio del convento, morada del insigne Simón de Rojas, desapareció incluso de la memoria histórica de la gente. Pocos saben que en el terreno que hoy ocupa la calle Veinte de Febrero existió una de las iglesias más soberbias que hubo en la ciudad, y que el cine “Roxy” y el teatro “Lope de Vega” ocupan parte del solar de aquel monasterio”.

( Dibujo de la portería de la Trinidad Calzada, realizado por Ventura Pérez) (*)

Sobre la reconstrucción de la fachada de la portería de la Trinidad Calzada, según el único dibujo que se conserva obra de Ventura Pérez, añade Urueña: “La parte inferior gótica sería casi toda respetada tras una remodelación que afectaría a la parte superior, efectuada quizá a finales del Barroco a juzgar del remate mixtilíneo y las cubiertas de pizarra que coronan la portada, puede que en unas obras realizadas en la “fábrica de portería y sacristía” documentadas en 1756. Las esculturas exentas colocadas en lo alto, también típicas de aquel periodo artístico, representaban al Ángel trinitario, y a los fundadores de la Orden: san Félix de Valois y san Juan de Mata, con sus atributos. A la derecha, un pequeño ciervo de piedra recordaba al que se apareció a aquellos santos para iluminarles en la fundación. El Ángel sostiene las cadenas de dos cautivos. La historia trinitaria dice que Jesús se apareció a los santos fundadores en compañía de dos cautivos, uno blanco y otro negro. El cautivo de la izquierda en el dibujo parece imberbe y de rasgos negroides, pero ante la duda se ha reconstruido el grupo con dos imágenes sin distinción de raza. Ante la falta de esculturas reales que se prestasen al tema, ha sido necesario a dibujarlas. También se han simulado en la fachada las huellas que dejaría al suprimirse el gablete que habría entre las agujas de la primitiva puerta gótica”.

( Actual espacio de la plaza de Santa Ana y calle María de Molina) (*)

En cuanto a la reconstrucción del conjunto del convento, explica que no se conserva dibujo alguno, pero gracias a la documentación recopilada por María Antonia Fernández del Hoyo ha sido posible hacer esta reconstrucción bastante aproximada. “Ha sido labor minuciosa. Calculando la perspectiva desde la plaza de santa Ana (en la foto derecha, con su aspecto actual) y fiándonos del plano de Ventura Seco, podríamos tener esta vista del convento de los trinitarios si se hubiera conservado. Desde este punto no tendríamos mucho ángulo para ver la famosa espadaña de la iglesia, pero sí las torres del llamado “aposento nuevo” (dibujo página anterior). Lo que menos documentado está es la forma de la espadaña y de la cúpula. Para la primera se ha optado por un esquema clásico considerando la fecha de su construcción. Para la segunda se ha seguido el estilo de Matías Machuca, arquitecto que la diseñó, tan amigo de estípites y barroquismos. En cualquier caso, aun siendo lo más rigurosa posible con la (no poca) documentación, no deja de ser una reconstrucción ideal”.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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