Por José María Arévalo

( Almaraz de la Mota. Acuarela de Francisco Pedro Roldán Morales, en el libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid”) (*)
Continuamos, en este segundo capítulo de la reseña del libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid” de los arquitectos vallisoletanos Juan José Fernández Martín, Francisco Pedro Roldán Morales, José Ignacio Sánchez Rivera y Jesús Ignacio San José Alonso, editado en 2004, completando el artículo con que se inicia, “Piedras para la memoria” de don José Delicado, Arzobispo Emérito de Valladolid, fallecido el pasado día 17, que empezamos a recoger en el artículo de la semana pasada. Se refiere ahora don José, como veremos, en base a las consideraciones del libro, y en un análisis de conjunto, a causas y soluciones del abandono de una importante parte de nuestro patrimonio religioso.
“Por eso esta publicación –continuaba don José, refiriéndose al libro que prologaba- es el resultado de un estudio laborioso digno de todo encomio en su motivación inspiradora, en su planteamiento y en sus resultados iniciales, que prometen continuidad y esperan influir en «terapias» para recuperar enfermos todavía salvables, aunque siempre inevitables por el envejecimiento con el paso del tiempo y las dificultades insuperables, que jamás se podrían justificar por el desinterés y la pasividad. Un reto para todos.
Se trata, como dice la justificación de este trabajo, de «recuperar al inválido y no practicar una eutanasia, de hecho, lenta e inexorable, basada en el olvido». Se han perdido centenares de edificios para el uso religioso, templos parroquiales, ermitas y santuarios, monasterios y conventos. De muchos de estos edificios en ruina se propone una actuación adaptada y gradual según los casos y posibilidades: consolidación de la ruina, reconstrucción parcial o total, rehabilitación.
En el empeño de este estudio se proponen etapas por circunscripciones de partidos judiciales, basándose en el estudio del edificio como principal fuente de datos, aunque también de la información oral y documental, para ofrecemos su descripción, estudio bibliográfico y datos documentales, catalogación, análisis de los sistemas constructivos, información gráfica con croquis, anotaciones numéricas, fotografías, etc.

( San Pablo de la Moraleja. Dibujo de Francisco Pedro Roldán Morales, en el libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid”) (*)
También se alude a las causas que han influido en el abandono y deterioro de estos edificios: abandonos de aldeas por diversas causas, como epidemias, falta de recursos para la pervivencia del clero en determinados lugares, incapacidad económica para hacer frente a las necesarias reparaciones, desaparición de población de los pueblos pequeños, la incesante crisis agrícola que vacía el mundo rural progresivamente, las consecuencias devastadoras de la francesada, la disolución de órdenes religiosas, la extinción de las órdenes militares, la desamortización, etc.
Sobre la desamortización, en la HISTORIA DE LA DIÓCESIS DE VALLADOLID, editada en 1996 con ocasión del IV Centenario de la Diócesis, se puede leer un interesante estudio referido al patrimonio artístico monumental en que se ofrece una larga lista de bienes eclesiásticos afectados, especialmente en conventos destinados a usos militares, fines benéficos, docentes, culturales y otros usos públicos, arrendados para actividades industriales y otros sin uso específico; hay que contar también con la enajenación a particulares de varias decenas de conventos o monasterios, que fueron a parar a utilización industrial y comercial, otros que fueron demolidos para construir casas, o de los que cayeron en el desuso y el abandono precursor de su ruina. Las repercusiones urbanísticas de la desamortización de los edificios conventuales en la ciudad de Valladolid se ofrecen en datos objetivos que cuantifican, sitúan por zonas y prueban que sus solares sirvieron de espacios para la remodelación de la ciudad. Pero la desamortización también afecta al patrimonio mueble, con dispar destino, aunque si una parte del mismo puede contemplarse en museos, no se puede negar que la obra de arte destinada al culto pierde su valor cultual y espiritual en favor del meramente cultural o artístico.
Recién llegado a la diócesis de Valladolid, en 1977, ya me hicieron una entrevista sobre la conservación del patrimonio artístico y religioso de la Iglesia, preguntándome por su estado y por las causas que más influyen en su situación actual. En la respuesta, aludí a su riqueza extraordinaria en nuestra región y diócesis de Valladolid, que hemos heredado en iglesias, lugares de culto, tesoros artísticos de toda clase, pero que el paso del tiempo se ha hecho notar sobre todo en nuestros pueblos. Las obras que era necesario emprender en ese año para consolidar o restaurar llegaban a una cuarentena de templos, siete de los cuales estaban cerrados al culto por amenazar ruina. La falta de recursos era palmaria y la colaboración urgente para poder afrontar estas situaciones, que podían ir creciendo en el futuro, también, en la medida en que hay que construir otros templos parroquiales en zonas urbanas de crecimiento.

(Retuerta. Dibujo de Francisco Pedro Roldán Morales, en el libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid”) (*)
A la pregunta sobre las medidas que habría que tomar para la custodia, conservación y administración de este patrimonio, respondí que tendrían que ser complementarias para poder ser eficaces:
a) Ayudar a formar una conciencia colectiva del valor e importancia que tiene este patrimonio para la vida del pueblo en general y de los creyentes en particular, a fin de suscitar un movimiento de colaboración en este asunto que nos afecta a todos. Es necesario que haya inventarios tanto locales (cada parroquia o comunidad, cofradías, el de su propio tesoro artístico) como diocesanos, precisamente para este aprecio, evitando descuidos y facilitando el control y la protección. En nuestra provincia y diócesis de Valladolid existe un inventario de las obras y edificios artísticos editado por la Dirección General de Bellas Artes, obra de la Cátedra de Historia del Arte de nuestra Universidad. Inventario enriquecido por un archivo fotográfico y que se está completando con el paso del tiempo de año en año.
b) Son necesarios organismos y personas especialmente disponibles y responsabilizados en el plano local -el clero y el Consejo Pastoral Parroquial-, en el diocesano -Comisión Diocesana de Arte, de Obras, de Administración-, que, obedeciendo a unas normas diocesanas sobre la custodia y vigilancia, restauración, reformas, etc., protejan este patrimonio.
Interesar a todos, especialmente a las entidades sociales y del Estado, para que acudan con sus ayudas y subvenciones adonde ni las propias comunidades ni la diócesis puedan llegar con sus medios, claramente desproporcionados para estas obras, ya que se trata de un patrimonio de interés común al servicio de todo el pueblo.
d) También hay que tomar medidas de seguridad frente a la amenaza de los robos. Concentrar en lugares más seguros los objetos valiosos, retirarlos de las ermitas más alejadas de las poblaciones e instalar dispositivos de seguridad donde sea necesario.
e) Concentrar en museos diocesanos o zonales las obras de mayor valor artístico e histórico que no sean necesarias para el culto en sus respectivos lugares.
f) Es muy conveniente la instalación de talleres de restauración y limpieza en zonas de mayor riqueza artística, para evitar el deterioro de retablos y tallas de verdadero valor artístico, con las suficientes garantías.
En 1997, los Obispos de Castilla y León publicamos una instrucción pastoral titulada EL PATRIMONIO CULTURAL DE CASTILLA y LEÓN, en la que explicamos, entre otras cosas, la motivación y los destinatarios; la finalidad esencial del patrimonio eclesial, que es evangelizadora, catequética, litúrgica y devocional; el marco jurídico del patrimonio cultural de la Iglesia en el que hay que tener en cuenta la propiedad, la administración y uso de este patrimonio cultural que corresponde siempre, en conformidad con la legislación vigente, canónica y civil, a los diversos entes jurídicos que integran la Iglesia Católica; este patrimonio ha de ser contemplado, en este ámbito jurídico, a la luz de los Acuerdos entre la Santa Sede y el Estado Español firmados en 1979, que según los principios de la Constitución Española de 1978, exigen desarrollos legislativos ulteriores en las diversas comunidades autonómicas.
En el ámbito estatal se firmó ya un 1980 un primer acuerdo, por parte del Ministerio de Cultura y de la Presidencia de la Conferencia Episcopal, que puntualizaba algunas aplicaciones en sus líneas operativas: el Estado reconoce los derechos de la Iglesia sobre los bienes que integran su patrimonio cultural y, por el servicio que este patrimonio presta a la sociedad, se compromete a cooperar técnica y económicamente para la conservación y enriquecimiento de dicho patrimonio, en cuyo destino se destaca su primaria finalidad cultual y litúrgica, y la Iglesia reitera el compromiso de ponerlo al servicio de la sociedad, conservándolos en consonancia con su valor histórico y artístico. Se prevé también en este acuerdo marco que puedan tomarse otros acuerdos entre las Comunidades autonómicas y las Iglesias particulares: en la nuestra se firmó en 1984 el «Acuerdo sobre la constitución, composición y funciones de la Comisión Mixta Junta Castilla y León-Obispos de la Iglesia de Castilla y León para el Patrimonio Cultural».
La aludida instrucción de los Obispos trata también de la valoración y el sentido de los objetos sacros, del respeto debido a los lugares de culto, del lugar propio de las imágenes, del necesario inventario y catalogación, de las escuelas-taller de restauración y creatividad, de LAS EDADES DEL HOMBRE, como mediación privilegiada desde que surgió en 1988 en Valladolid para dar a conocer y revalorizar nuestro patrimonio castellano-leonés. Por eso dicen los Estatutos de la Fundación que se constituyó: «El fin esencial de la Fundación es la promoción de la evangelización en el campo de la cultura. Los instrumentos a utilizar son la conservación, promoción, desarrollo, protección y fomento del patrimonio histórico-artístico y cultura], propiedad de las Diócesis católicas radicadas en la Comunidad Autonómica de Castilla y León, así como toda clase de estudios, investigaciones y actividades sociales, económicas, culturales y artísticas en el ámbito de la Comunidad de Castilla y León que contribuyan a su conocimiento y al de las finalidades para el que fue creado».
Por estas razones es un motivo de satisfacción y gratitud el servicio que nos ofrece este laudable trabajo sobre «ruinas», deseos y estímulos preventivos para una responsabilidad que hemos de asumir todos.
El Papa Juan Pablo II -recordamos en la instrucción los obispos- llamó a San Juan de la Cruz, en su discurso de noviembre de 1990 a una Comisión de la Junta de Castilla y León, con motivo de la celebración al año siguiente del IV Centenario de su muerte, «modelo de cristiano dialogante, hombre de amplitud cultural que expresa bien aquella apertura propia de los hombres y mujeres de la tierra castellana… precisamente cuando en estos días existe el riesgo de disociar la fe de la cultura, como si existiese una laguna ‘incolmable’ entre ambas». Por eso añadía: «Tales actitudes no responden a vuestra tradición cultural más genuina, que tiene valores imperecederos y otras riquezas humanas. Así lo muestra el programa cultural que en Castilla y León ha encontrado expresión encomiable en la exposición ‘Las Edades del Hombre’ que tanta resonancia están teniendo. Edades del Hombre, que llevan las marcas de Dios y han reflejado una huella imborrable en la cultura de vuestra tierra y de vuestras gentes».
“El futuro de la sociedad castellano-leonesa –concluye don José Delicado su artículo, con el que se abre el libro que reseñamos- se está fraguando en gran medida en el campo cultural, y nuestro patrimonio es un hecho diferencial, una clara seña de su identidad”.
La próxima semana recogeremos el segundo prólogo del libro, el artículo del catedrático de Historia del Arte don Francisco de la Plaza, titulado “Mirar las ruinas”.
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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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