Por José María Arévalo

( Iglesia Parroquial de San Juan Bautista, de Almaráz de la Mota. Acuarela de Francisco Pedro Roldán Morales, en el libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid” ) (*)
Seguimos con la reseña del libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid”, de los arquitectos vallisoletanos Juan José Fernández Martín, Francisco Pedro Roldán Morales, José Ignacio Sánchez Rivera y Jesús Ignacio San José Alonso, que nos proporciona la relación – en la zona considerada de nuestra provincia- de edificios o restos en ruinas, por localidades, con su historia, estado actual y el tipo de intervención que podría considerarse en principio como más adecuado. Después de ver la historia y estado de la Ermita de Nuestra Señora de las Viñas, en Mota del Marqués, y del Humilladero de El Cristo, en Adalia, continuamos, dentro del capítulo dedicado al Partido judicial de Mota del Marqués, con dos nuevos enclaves: en Almaraz de la Mota, la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista, y en Casasola de Arión, la Capilla de San Andrés y San Miguel.
ALMARAZ DE LA MOTA
Iglesia Parroquial de San Juan Bautista
Es el único edificio que queda del despoblado lugar de Almaraz, desaparecido en la década de los 70. Se localizaba junto a la Nacional VI, en la bajada desde el páramo de Mota hacia los llanos tierracampinos de Villardefrades ( Cart. Militar de España: Hoja 14-14, l/50.000, «San Pedro Latarce», del Servicio Geográfico del Ejército, año 1984. Cuadrícula 314 462.) .
Todas las casas y tierras del pueblo eran de propiedad particular, de manera que los habitantes del lugar merecían más bien el apelativo de colonos que el de vecinos. A mediados del XIX era el Marqués de Mota el propietario de los inmuebles, incluido el mesón de la carretera de La Coruña, recién trazada. Incluso el cura párroco era nombrado por el propio marqués ( P. MADOZ, p. 30).
Cuando se impuso la mecanización en el medio agrícola, desde mediados de la década de los 60, la mano de obra afincada en el pueblo tuvo que emigrar por no tener otra ocupación que las tierras del marqués y así, el pueblo quedó vacío. Ha sido éste el final de muchos lugares donde la tierra no estaba repartida en pequeños propietarios que se sintieran ligados al terrazgo y donde el sector terciario no se desarrolló jamás. En consecuencia, los términos ligados a un único propietario del terreno han sentido mucho más fuerte el éxodo despoblador, aunque fueran entidades de población relativamente grandes. Actualmente los restos de la iglesia son inaccesibles por haber vallado los propietarios el solar del pueblo junto con la propiedad agrícola.

( Axonometría de la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista, de Almaráz de la Mota, en el libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid” ) (*)
En el interior tuvo retablo y una buena cantidad de esculturas y pinturas ( Inventario Artístico de Valladolid y provincia, p. 76: En el interior se conservan las siguientes obras: restos de un retablo del XVI. Esculturas: San José del XVIII, en forma de Asunción; Virgen con el Niño del XVI; San Antón del XVIII; Cristo del XVIII. Dos pinturas sobre tabla, tercer cuarto del XVI: anuncio del Angel a Zacarías y Degollación del Bautista. Pintura al fresco con la muerte de un dominico, del XVI). A la trasladada ermita de Bercero, reubicada en la Feria de Muestras, se trajeron un crucifijo del XVII, una pintura de la Inmaculada del XVIII y una imagen de San Roque ( J. MARTÍN DE UÑA, «La ermita de la Feria de Muestras» y «Más sobre la ermita de la Feria».)
Aunque debió existir un edificio del que se tienen noticias documentales en el XIV, el actual es del XVI ( Catálogo Monumental, Mota del Marqués, p. 25). Hasta mediados de los años 70 conservaba buena parte de sus cubiertas, hoy totalmente desaparecidas, así como la cúpula que cubría su capilla mayor y el artesonado de su nave, por aquel entonces ya hundido en una parte.
Se trata de un templo de buenas dimensiones: una sola nave, cabecera cuadrada y ventanas de medio punto. Se accede al presbiterio por arco triunfal de medio punto sobre pilares adosados de sección cilíndrica. En el lado del Evangelio de la capilla mayor se yuxtapone la sacristía, iluminada por ventana cuadrada, con un lavabo de desagüe al exterior.
La capilla mayor debió cubrirse con cúpula encañonada, hoy desaparecida, de la que sólo quedan las huellas de unos arcos apuntados sobre los esbeltos muros. Las esquinas se refuerzan con pilastras resaltadas que contribuían a contrarrestar los empujes de la bóveda que la cubría.

( Casasola de Arión, restos de la Capilla de San Andrés y San Miguel, en el libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid” ) (*)
También se sabe que la nave estuvo cubierta por armadura mudéjar del XVI, de la que sólo quedan restos de los tirantes que estabilizaban el conjunto y algo de su arrocabe, además de un friso con grutescos.
A los pies del templo quedan restos de los muros que sujetaron el coro alto, del XVIII, pero han desaparecido los tres huecos apoyados en pilares cajeados que sustentaban tres arcos, de medio punto los laterales y rebajado el central.
En el lado del Evangelio se sitúa la entrada al edificio, resuelta con una portada en piedra con arco de medio punto y alfiz. Protegiendo la entrada existió un pórtico cubierto sujeto por dos columnas, pórtico que en sus extremos se cerraba formando dos dependencias auxiliares del templo.
A los pies de la iglesia, se yerguen los dos cuerpos de piedra de la espadaña, con arcos de medio punto para las campanas y remates de bolas hincadas en pináculos. Está construida con un ancho muro de piedra que aloja en su interior la escalera de subida a una tribuna cerrada, situada tras el primer cuerpo de campanas, escalera a la que se accedía desde el coro alto. Sobre un basamento de mampuestos de piedra con sus esquinas reforzadas con sillares se asientan dos cuerpos de campanas con dos estilizados arcos de medio punto que marcan la imposta del cuerpo inferior. El cuerpo superior abre un único arco. Se ha perdido hoy el remate de bolas sobre pináculos.
El edificio, fundamentalmente construido en piedra, ha conservado sus fábricas en razonable buen estado, pese al abandono que sufre desde hace años. La falta de agrietamientos indica la buena estabilidad de sus muros y lo acertado de sus cimientos.
Como en tantos otros edificios abandonados la peor parte ha sido para las estructuras de madera de sus cubiertas, los abovedamientos protegidos por ellas y, en menor medida, las fábricas de tapial que, como las que cerraban el pórtico de entrada, aparecen desgastadas en buena parte de su masa como consecuencia del azote de la lluvia.
El edificio conserva adosado un cementerio de planta en forma de “L” que rodea la cabecera del templo en sus laterales noreste y sureste. En uno de sus laterales se mantiene un gran pilar de piedra y ladrillo que, por el arranque de un arco que conserva, nos lleva a pensar que constituyeran el arbotante y contrafuerte para apear el muro de la capilla mayor.
También se mantiene el muro que delimitaba el atrio dispuesto frente a la fachada principal y a los pies del templo, así como la escalinata de piedra de acceso a éste, frente a la portada de la iglesia.

( Casasola de Arión, Cementerio. Foto en el libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid” ) (*)
CASASOLA DE ARIÓN
Capilla de San Andrés y San Miguel
Suprimido el culto en la parroquia de San Andrés y en la de San Miguel durante el XVIII, por su estado ruinoso, se procedió a levantar una capilla bajo la advocación de los dos santos en el lugar de la primera, que ya estaba terminada en 1749 ( Catálogo Monumental, Mota de] Marqués, p. 45).
Visita de 1749.- Como en ese mismo año se desmonta la techumbre de San Andrés y se hace la obra de la capilla sobre el espacio de la iglesia, pensamos que no se derribaría por completo sino que se aprovecharía lo que se considerara conveniente. La obra fue de D. Andrés de Mazarrasa, miembro de una familia de canteros que también trabajaron por aquellos años en el ábside nuevo de Villavellid. Se incorporó piedra en cimientos y paramentos, cerrándose por bóvedas tabicadas para cuya ejecución se compraron abundantes carros de piedra y más de 4.000 ladrillos. El suelo se embaldosó con 200 baldosas que suponemos que serían para alguna zona concreta, porque suponiendo unas medidas de pie cuadrado por baldosa no salen más de 15 metros cuadrados de superficie. Esto reafirma la hipótesis de que la iglesia anterior no se derribó completamente para construir la capilla.

( Casasola de Arión, portada de la Capilla de San Andrés y San Miguel, en el libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid” ) (*)
Casi 25 años más tarde, en 1773, aprovechando unas obras en la parroquia, se contrató a los albañiles para que dieran de yeso la capilla.
El cementerio se vino a situar en ella desde mediados del XIX y allí se estuvo hasta comienzos del XX, pues en 1918 se inauguró en su nueva situación, donde aún se encuentra situado. En el antiguo solar del camposanto queda la portada, que es la antigua fachada de la capilla de San Andrés y San Miguel, por lo que pensamos que cuando se instaló allí el cementerio ya debía estar en ruina. Se dispone la necrópolis en un rectángulo cuyo lado mayor da frente a la población y en su centro se abre la portada, antigua fachada de la capilla. Sus muros están desmoronándose permitiendo el acceso al recinto por los costados.
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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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