Por Javier Pardo de Santayana

( Acuarela de Álvaro Castagnet en Facebook) (*)
Pues a mí que me parece normal… Me parece, sí, normal y perfectamente lógico comentar que habiendo micrófonos presentes hay que andarse con un cuidado extremo porque podrá ocurrirnos cualquier cosa. Eso lo tengo comprobado. Sé que hay un muro invisible de corrección política montado por la progresía y que no hace falta mucho para que se le echen a uno encima para destrozarle; que bastará con pronunciar alguna de las palabras clave, esas que viene etiquetadas y con el lacito puesto. No hay que formular una opinión siquiera: sólo citarlas. Porque aún hay tabúes por raro que parezca en nuestros días, y los reflejos condicionados siguen funcionando.
Saben ustedes hasta qué punto este tipo de estupideces han sido objeto de mis comentarios, pues es factor de ambiente que influye poderosamente en nuestras vidas y no digamos en el fluir político. Usted toca uno de esas palabras mágicas y se le puede abrir la caja de los truenos.
Pero a mí me parece normal y lógico decir la verdad de lo que nos ocurre: por ejemplo, que ante unos micrófonos y una pantalla un hombre que se enfrenta a una mujer en términos de competición por un puesto influyente siente hoy el temor de que cuanto diga sea tomado como agresión al adversario. Que si se impone por mayor conocimiento o autoridad alguien podrá aludir a una humillación por razón de sexo o algo por el estilo. Que alguien te atacará aduciendo que al apabullar al adversario estás hiriéndole en su dignidad. ¿Les parece a ustedes exagerado tal temor? Pues a mí no, porque conozco el paño: vi cómo salían las plañideras y los indignados del «Prestige» en una operación perfectamente articulada y cómo se tildaba de asesino al jefe del Gobierno por un atentado islamista en el que, naturalmente, no intervino. Sí; he visto tantas marranadas de este estilo, que no me extraña nada que alguien se sienta constreñido por la posibilidad de que se le lancen a la yugular por decir cualquier cosa más o menos lógica y normal pero que se refiera a una de las palabras mágicas.
¿Que comentarlo puede ser pecar de ingenuidad? De acuerdo. ¿Que no es normal ni lógico? En absoluto, amigos míos. La reacción es, en este caso, una marranada más entre otras muchas. Reacción de listillos que se las saben todas y son especialistas en manipular la realidad. De quienes aprendieron de sus maestros la «agitprop» y la manejan con destreza. De quienes posiblemente carezcan de argumentos propios y se refugian en los trucos.
Les diré que lo que de verdad me ha fastidiado es que quienes así actúan no quedasen fulminantemente desacreditados para la opinión pública. Y, sobre todo, que quien se refirió a estos temores ciertos y comprensibles tuviera que excusarse por lo dicho. Hasta sus propios compañeros lamentarían «el resbalón». Esto sí que me parece grave, porque me da idea de hasta qué punto existe y es poderoso el muro de la dichosa «corrección política» y toda la garambaina adicional. Poco importa la importancia histórica y el futuro de la Unión, que lo que importa aquí son los pequeños trucos infantiles de utilizar el segundo apellido, agarrarse a cualquier cosa y hacer bolas de nieve. Esto sí que merecería el repudio de la «ciudadanía». ¡Pero cuánta zafiedad habrá que soportar, y qué infantiles parecemos!
Y, sin embargo es evidente que nada como la realidad de lo ocurrido testifica mejor y más rotundamente que el temor de «el del resbalón» estaba bien justificado. Ningún argumento lo demuestra mejor que la reacción estimulada por sus astutos adversarios políticos y el alivio que éstos encontraron caricaturizándole y desviando la atención de lo que importaba, prueba también fehaciente de la debilidad de quien se rasgó las vestiduras y de quienes, hipócritamente, aprovecharon la ocasión para hundirnos un poco más en el descrédito como nación de listillos y cotillas, picaresca barata y venta de humo; como nación ajena a los grandes ideales europeos y a una solidaridad continental activa y bien fundamentada; como sociedad más bien amiga del garrotazo y la polémica.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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