Monarquía española

Por Carlos de Bustamante

( Los entonces Príncipes de Asturias en una visita al Papa en marzo de 2013. Foto de El Mundo)

Nos cabe el privilegio de presenciar “en vivo y en directo” la proclamación de un nuevo Rey de España, tras la abdicación de su padre, felizmente reinante durante 39 años. ¿Cómo, pues, no comentarlo en nuestro blog? ¿Se puede escribir de pájaros y flores o de fútbol cuando se está realizando un acontecimiento histórico tan importante como éste? Todo puede ser motivo de comentario; pero con orden de prioridades. Ésta, lo es primerísima. Puesto que comencé con preguntas, sigo en la línea.

¿Fue don Juan Carlos I el mejor rey de la monarquía española?, se preguntan hoy los medios de comunicación más diversos… ¡Qué manía por comparar! ¿Acaso no soy odiosas las comparaciones? Es que para mí y los de mi profesión, esto no es siquiera opinable. Fue nuestro Rey, y basta. ¿Fueron Fernando e Isabel los mejores? Fueron y son la viva imagen de la unidad de España y basta. Nuestro Rey, sea quien sea, es la unidad de España. Ya que, como su padre reinará sin gobernar, quiera Dios, de donde procede toda autoridad, que nunca deje de ser el paradigma de nuestra innegociable unidad.

En este momento agridulce, encarecidamente le pido a Dios que durante su reinado, en el que serán otros los que gobiernen, no firme ni un solo documento contrario a nuestras raíces cristianas. Que recuerde cómo en un acto importante con su padre el rey, trazó con su dedito de niño la señal de la Cruz sobre la frente real. Que sea fiel a la Fe recibida en el Bautismo. Que Dios y audacia sean consignas que rijan su conducta durante un reinado que de corazón le deseo largo y próspero en una España unida contra viento y marea. Que haga presente, aún contracorriente, el querer y sentir de la mayoría de los españoles; católicos en el muy diverso arco de sus profesiones laicas. Que nunca olvide, en fin, la esperanzadora emoción- todo lo humano es perfectible- con que hemos vivido el acto solemne y sencillo de la abdicación de su padre el rey.

A pesar de que con lo dicho bastaría, retengo el artículo incompleto en tanto esperamos a mañana. El día de la proclamación de nuestro joven monarca.

Con el sello de la normalidad. Gozosa, pero normalidad. Así lo hemos vivido. Así es como lo recogerá la historia. Solemnidad no reñida con la sencillez, sin menoscabo de la dignidad y categoría social de los regios protagonistas. No hubo tronos ostentosos, ni coronas ornadas de la filigrana medieval de oro y piedras preciosas. Ni carrozas, ni lacayos decorativos. Sobriedad en los atuendos, dignos, elegantes, pero sencillos. En las palabras, claras. Concisas y concretas. Sin interpretaciones sectarias. Palabras de rey. Mensaje entendible por todos, aún por los de dudosa buena voluntad. Unidad de todas las tierras y regiones de España. Con el signo castrense de la sobriedad austera; no pobretona. Sin doblez. Para todos los españoles, de cualquier credo o costumbre, signo o tendencia. Palabra digna de crédito de un rey joven; pleno de facultades.

Discurso medido, amplio, para todos. Discurso en el que para mí, no sobró nada. En el que para mí, y me permito, sin desdoro, significarlo y con buena voluntad disculparlo, sí hubo alguna carencia. He de pensar que lapsus.

Para mí, insisto, un católico que es proclamado rey, no precisa de un discurso-homilía programático. No creo que sea el momento, ni acontecimiento obligado. Pero sí opino, que un católico proclamado rey de forma tan solemne, podría haber aludido, siquiera de pasada a su condición y agradecimiento a Dios del que procede toda autoridad. Mas anotado el indudable lapsus, sinceramente confiamos en que las obras, dentro de sus posibilidades limitadas por el Gobierno, den cumplida satisfacción a esta omisión.

Y no es-permítaseme el inciso- que un católico que es proclamado rey, como si lo es de otra profesión, cargo u oficio honrados, haya de presumir proclamando públicamente sus creencias religiosas, no; presumir y portar un letrero indicativo de su condición de católico, es una cosa, no deseada o innecesaria. Pero ocultar, sin alusión alguna a Quien presidirá sus actos, es otra. Al menos, y siempre en mi opinión, conveniente. No han faltado ternura, emoción y ambiente de familia en el acto. Aspecto éste, familiar, altamente positivo en tiempos en los que parece que la familia cuenta poco. Familia real. Familia, con luces y sombras, como todas. Ejemplar.

Hemos presenciado hoy, el inicio de la continuidad en un reinado. Savia nueva en el viejo tronco de una Institución milenaria. Quiera Dios, y así se lo pedimos hoy, que sea abundante en renuevos, hojas y frutos. España os necesita Majestad. ¡Viva el rey!

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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