Humor político

Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Miki y Duarte en el diario de Sevilla el pasado día 8 de Junio ) (*)

Que no hay territorio exento para el humor es cosa bien sabida, ya que se trata de una regla inexorable. Mi comentario es que deberíamos sentirnos felices de que tal regla exista, ya que deja en ridículo la falsedad y el engolamiento de los hombres. De su efecto relativizador tan solo la humildad se salva, y esto con la condición de ser auténtica.

Como es lógico, uno de los territorios más susceptibles al ridículo es el de la política, donde el endiosamiento y la palabra inane suelen estar presentes, así que la tarea de los humoristas – y especialmente de quienes han de dar diariamente con la idea feliz para su comentario gráfico – no resulta tan ardua como a primera vista pudiera parecernos.

Facilita aún más la crítica humorística de la llamada “actividad política” la estulticia añadida, un jugoso ingrediente que en España nos proporciona espléndidas cosechas. “La estupidez que no cesa” fue un titular que suelo recordar de cuando en cuando y que firmó en una tercera de ABC don Gregorio Salvador, vicepresidente o algo así de la Real Academia de la Lengua, refiriéndose a esas cosas tan chuscas a las que nos tienen acostumbrados de hace tiempo. Y en esto fuimos creciendo luego en la medida en que con la crisis veíamos adelgazar nuestros bolsillos.

Recordarán que tuvimos un presidente del gobierno que salía en los espacios cómicos de allende las fronteras igualando en vis cómica a su sosias: un famoso actor británico cuyas constantes desventuras se encadenaban hasta desternillarnos. Algunas fotos ilustrativas de importantes actos europeos mostraban a nuestro insigne prócer con los ojos graciosamente entornados y en trance de cerrarse en un dulce sopor mientras los restantes mandatarios internacionales discutían del futuro de nuestro continente o de la Humanidad entera. No entraré en aquello de que dejó a España hecho unos trapos; que aún estamos sufriendo el resultado de su paso. Sí que el ridículo alcanzó su zenit con aquel friso de pelotas subvencionados que arqueaban las cejas en su alepórico homenaje.

Qué quieren que les diga; lo ven ustedes diariamente: ahí tienen a los “parvenus” de la moqueta, cuyos rostros rezuman de felicidad por encontrarse donde nunca hubieran soñado estar a tenor de su educación y sus currículos; les localizarán si simplemente observan cómo se pavonean y hablan ex-cátedra como si no los conociéramos de siempre. Algunos son unos zoquetes redomados: no hay más que verlos. Hasta uno se pregunta: ¿pero de dónde ha salido ese individuo impresentable que tanto presume de su poder ante nosotros? Esto en el mejor caso posible, pues de algunos sabemos bien de dónde vienen; son carne de penal que sólo nuestras permisivas leyes salvan los largos años carcelarios que merecen.

Naturalmente, uno también acaba preguntándose si ese señor – perdonen, o señora – representa de verdad a miles o millones de españoles, pues si así fuera habría que plantearse en qué país vivimos. Los hay cerriles, permanentemente cabreados, de camiseta, cuentistas, trincadores, chaqueteros, y así toda una gama ideal para la risa una vez llorada la tragedia.

Claro que también los hay de vocación y con elevados sentimientos. Son patriotas, mujeres y hombres de bien que se esfuerzan por una España más justa y más pujante; por un mejor futuro. Seguro que hay quienes podrían ganar bastante más dedicándose a negocios o brillando por sus dotes organizativas, pero lo que yo quiero subrayar es que hay mucho, demasiado manta, y demasiados tipos retorcidos que espero no reflejen exactamente la realidad hispana.

Un detalle significativo es el nombre que dan a los partidos, pues éste tiende a reflejar, no tanto lo que son como aquello que les falta, resultando así expresar más lo que quisieran representar que lo que realmente representan: el partido comunista se puso lo de “español”, el popular lo de “popular”, el socialista lo de “obrero”, y el comunismo lo de “izquierda unida”. ¡Qué más quisieran ellos!

Ahora, por ejemplo, sale un tipo que necesitó de una coleta para no pasar físicamente inadvertido y que arremete contra todo lo que pilla, excitando así el entusiasmo de los ignorantes y de sus compañeros de la malababa. En otro tiempo sería – y también lo es de seguro en éste – el espécimen perfecto del antiamericanismo anti-OTAN de marcha a Torrejón, bocadillo y pancarta, solo que pasado por la universidad del botellón, el porro y las pintadas. Pues bien, maravíllense: este señor ha creado un partido bautizado – en bautizo laico, claro está – con el curioso nombre de “podemos”. Maravíllense, digo, porque lo de “podemos” ( “yes, we can” ) fue nada menos que el lema del presidente yankee, a quien no podrá por menos de considerar traidor para la causa.

Y digo yo también que bien pudiera haber evitado este desliz y haberse ajustado mejor a la realidad. Le bastaba con haber cambiado la inicial por una jota.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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