Por José María Arévalo

( Óleo de Mercedes del Val, en la exposición del Museo de la Universidad de Valladolid) (*)
El Museo de la Universidad de Valladolid recoge, hasta el próximo 31 de julio, con veinticuatro obras de la pintora vallisoletana Mercedes del Val Trouillhet, (1926-2012), una retrospectiva de su pintura, fundamentalmente paisaje castellano, a la que se dedicó desde muy pequeña – tuvo como profesor, antes de la Guerra Civil, a Timoteo Pérez Rubio, el marido de Rosa Chacel-, y que en 1975 interrumpió. «Dejó de pintar –ha explicado Jesús Urrea, director del Museo- y se recluyó en sus recuerdos, ya que la pérdida de su padre la afectó mucho a nivel personal». La muestra ha sido organizada con algunas de las obras que la pintora tenía en su estudio, con la colaboración de Concepción del Val, sobrina de la pintora, y presenta también, como en otras retrospectivas anteriores de artistas ligados a la Universoidad, distintos objetos personales que utilizaba como inspiración.
El prestigio de Mercedes del Val le llevó a exponer en Madrid, San Sebastián, Sevilla, Oviedo y Bilbao, donde obtuvo diversos reconocimientos oficiales. «Viajaba y vendía muchísimo –recordaba su sobrina en la presentación– porque tenía muchísimo ‘caché’ a nivel nacional e internacional y no paraba de pintar porque continuamente se quedaba sin obra».
Como explicaba Alfredo Gómez en El Norte de Castilla, Mercedes del Val era una artista moderna, adelantada a su época, tanto en sus gustos, como en su forma de vivir y de expresarse artísticamente. “Mostraba la luz etérea de los campos castellanos, en sus amanecidas y en sus anocheceres, los campos que tantas veces visitó y los que quiso inmortalizar a lo largo de toda su obra”. Ahora la Universidad de Valladolid ha querido rendirle su particular homenaje a esta pionera del paisaje castellano, que «ya expuso –como explicó Urrea- por primera vez en Valladolid en 1947 en el Palacio de Santa Cruz y que fue la artista que más veces colgó sus cuadros en esta Universidad».
En la muestra se incluyen varios cuadros de formato grande, con diversos paisajes, entre los que destacan los del típico vallisoletano de cerros testigos, pintado con profundidad y en forma sintética, impresionista, donde el color delimita las formas. Llama también especialmente la atención su interpretación del tema de rastrojos secos, tanto en formato grande como en mediano, en la que consigue, junto a un estilizado dibujo, buenos contrastes de luces y sombras, que los hace ciertamente originales.
Además de los cuadros de paisajes, en la exposición también se puede apreciar el proceso creativo de la artista, desde dibujos a tinta hasta pequeñas postales pintadas como bocetos, en las que refleja su pasión por el paisaje y por los municipios vallisoletanos, de los que se recogen, ya en formato medio, dos vistas interesantes, muy sintéticas, de Tordesillas desde el puente sobre el Duero.
Es una pena que se truncara la trayectoria artística de esta pintora vallisoletana, que tanta facilidad tenía para interpretar nuestro paisaje.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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