En pos de la esperanza

Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Caín en La Razón el pasado día 14 de Julio) (*)

Presentaba yo en mi anterior artículo un panorama desolador, y no en un ejercicio de especulación sino de realismo: me asombraba de todo lo que conseguimos y hemos dilapidado; la ruptura de la continuidad en nuestra esforzada marcha en pos de la paz y la felicidad. Describía yo una situación aún casi reciente que se estaba instalando no ya solo en el confort sino incluso en la ilusión, y la comparaba con el erial que hoy contemplamos a nuestro alrededor.

Uno de los foramontanos creyó ver en mí una actitud dominada por el pesimismo, y he de decir que me ha halagado al sorprenderse, pues esto significa que mis fundadas críticas a la deriva que estamos tomando en nuestros días tuvieron habitualmente el contrapeso del humor o la esperanza. Cierto es que en este caso mi artículo acudía finalmente al simbolismo del desconcierto causado por un hecho tan insólito como, en el fondo, banal: la paliza de Alemania al Brasil en el campeonato del mundo, dulcificadora en cambio de nuestro propio desastre deportivo.

Ahora presento una segunda parte mucho más positiva. En efecto, la poco halagüeña visión de la realidad actual no anula la posibilidad de que exista un horizonte algo más grato. Y como nuestra enfermedad no es mortal de necesidad a menos que incluya la caída del famoso meteorito o un lengüetazo letal de nuestro astro-rey, es de cajón aventurar que el futuro traerá consigo un cambio positivo. Claro que no se sabe cuando, porque antes la situación podría todavía empeorar bastante dentro de un proceso de duración desconocida.

Lo que es seguro es que se acabaremos saliendo de este trance. La humanidad es un cuerpo vivo que crea sus anticuerpos y evoluciona en el sentido conveniente para perpetuarse a pesar de nuestros desaguisados y nuestro empeño en contradecir a la naturaleza, así que llegará el día en que hasta los estúpidos caerán en la cuenta de sus errores y recuperaremos nuestro impulso. Para lo cual habremos de esforzarnos. Pero es sabido que la penuria y la dificultad sacan de nuestro interior la fuerza y las ideas necesarias para sobrevivir y encontrar el camino.

Desde luego, como hacemos en el ordenador cuando nos armamos el gran lío, tendremos que encontrar la tecla. Yo veo ésta en una regeneración de las instituciones, pero sobre todo en una decidida recuperación moral. Ahí es en donde cifro las mayores esperanzas; desde luego mucho más que en las teorías políticas, sociales o económicas o que en los recovecos de la psicología. Estoy casi seguro de que un buen día nos daremos cuenta de que vamos mal por donde vamos, que la gran sabiduría permanece donde siempre estuvo; que bastará con retornar a ella tras una buena ducha fría en la que nos desprendamos de la visión estrecha y deformada del materialismo y dejemos de hacer caso al consejo interesado de los necios.

Entonces quizá nos demos cuenta de que andábamos perdidos entre los mecanismos retóricos y tecnológicos y la falsa sabiduría encapsulada para uso general de la “ciudadanía”, o sea de la “masa” aborregada por los trucos dialécticos y los efectos especiales de los medios al uso. Recuperaremos, no sé si a fuerza de desgracias, la visión del hombre como ser vulnerable que ha de reconocer su debilidad y confiar en alguien: que necesita, en suma, la esperanza.

Nos daremos cuenta de que no nos salvaremos gracias a la caída de la prima de riesgo, ni proclamando el amor libre y a destajo, ni cargándonos a los más débiles antes de nacer o fomentando la eutanasia de los viejos, como tampoco perdiendo el respeto a la naturaleza y a la tradición o despreciando lo aprendido en el largo camino de la Historia. Constataremos que si seguimos como ahora no diferiremos mucho de quienes creían vivir en una tierra plana; pues aunque ahora sepamos que es esférica, nuestro pensamiento, con Big Bang y ordenadores incluidos, no pasa mucho en lo esencial de donde estábamos entonces, es decir, aferrados a la superficie de las cosas y enredados en los mecanismos y en la música de las palabras; confiando todo a unos recursos ya agotados por la práctica.

Tendremos, sí, que reconocer muestra condición terrícola y buscar una visión más cósmica y profunda; mirar mucho más lejos y recordar entonces que tenemos por delante un camino ya descrito: una senda luminosa que conecta con la dignidad y la verdadera realidad del hombre. Poner en orden nuestro pensamiento, aceptar la realidad incontestable del misterio. Y aceptar de nuevo que, tal como dijo Jean Guitton, Dios es un bien común de nuestra inteligencia. Solo así todo encajará de nuevo en su sitio y no nos perderemos. Sólo entonces recuperaremos plenamente la imprescindible virtud de la esperanza.

—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://farm4.staticflickr.com/3837/14682352704_3d7974c09d_o.jpg

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

Lo más leído