No seas impaciente

Por Carlos de Bustamante

( Acuarela de Camilo Huéscar en Facebook) (*)

Creí que, terminada cada serie de las que acostumbro a escribir en éste nuestro blog, haría un lapsus para concederme algún descanso en el noble oficio de las letras. El que debidamente dosificado, tantos beneficios me aportó para desenredar, siquiera un poco, la maraña que durante años tuve en mis más recónditos adentros (léase cerebro). Pues que si quieres arroz Catalina. Ni pausa, ni lapsus ni… ¡nada! ¿Motivos…? Háylos: la dichosa impaciencia. Por ser defecto tan común, me vino de repente el tema. Espero que, comentado, haga al menos un buen propósito de enmienda. El que buena falta me hace.

Nada de particular, digo, que a los 57 años de matrimonio, mi mujer y yo seamos uno. Vamos, que con sólo el respirar conocemos lo que nos inquieta, alegra o entristece. Y más cosas que saben ustedes mejor que yo.

A veces, este conocimiento nos produce situaciones “tirantes”; de las que, g.a D., nunca llega la sangre al río. ¡A ver…! Pero…fastidian. ¿No? : ¡no seas impaciente!. Expresión que, con razón, me repite un día sí y otro también. Y… fastidia.

Supongo que el carácter nace con la persona. Pero he de suponer mejor, que también es posible mejorarlo o agriarlo. De mi niñez no es que no quiera hacerles confidencias a las que soy tan dado. Es que de verdad no recuerdo detalles de lo que ahora es auténtica impaciencia. De la que a diario y de forma más que insistente me acusan. Y… fastidia. Insisto.

Defecto el referido que creo se incrementó considerablemente tras el dichoso accidente vascular-cerebral en Acto de Servicio. Puede tener explicación por el hecho de que antes “deportista de oficio, más fuerte que un toro y más tonto que Picio”, la actividad física fue desbordante. Y en la actualidad al estar reducida a mínimos, quisiera “in mente” comerme el mundo con ansiosa impaciencia. Y se me atraganta, claro. Con solo una mosca. Justificado, pues, sin que me lo pida nadie. Paso al porqué del tema elegido. Nada que ver con mi caso particular, que a casi nadie interesa. Hablemos del gobierno. ¡Acabáramos…!

Una vez más he de decirles que cuando escribo no dejo mi condición de cristiano católico fuera del teclado a la puerta de mi cuarto de trabajo. Desde este punto de vista, hago referencia a nuestro gobierno que encabeza el que supongo un hombre horado, mientras no se demuestre lo contrario.

A decenas y a diario, me llegan correos de críticas, desaforadas a veces, sobre lo que algunos –demasiado extremistas o ¿intransigentes?- consideran mala o pésima gestión de nuestro Presidente al frente del “ejecutivo”. ¿Motivos?, tan variados como variopintas son las ideologías de quienes le ponen “zupio” (verde).

No lo sé a ciencia cierta, pero al parecer nuestro Presidente es católico, más o menos practicante. Viene esto al caso de que veo en éstos (los que critican), una enorme impaciencia. La que justifican con argumentos para todos los gustos:

-Tenía que haber derogado ya, y completa, la ley del aborto.

– Idem la del divorcio y el mismo en la variante de “expres”.

-Inadmisible que siga en vigor la ley que regula y acepta el llamado matrimonio entre homosexuales.

– Idem la adopción de niños por gays y lesbianas.

-Exigen la inmediata respuestas contundentes a las pretensiones independentistas catalanas y o vascas.

Idem sobre medidas sin dilación y de inequívoco rechazo -aún por la fuerza- a la quema de Banderas de España y o de insultos al Rey. Sea en el lugar que sea.

– Inadmisible el diálogo con los nacionalistas o con quien tenga algo que ver con el terrorismo.

-Idem con los piratas que se adueñaron injustamente del Peñón de Gibraltar por derecho (¿ ?) de conquista.

No digo que no tengan alguna razón o motivo; porque les hay. Tantos, que incluso yo mismo les di en ocasiones la razón. Pero, bien pensado, no es justo. Impaciencia en grado sumo, que favorece claramente a los partidarios de quien pretenden acallar. ¡No seas impaciente!, le dije a un amigo que rebosaba en éstas y otras quejas que ustedes pudieran añadir a las mentadas.

-¿Pero no eres tú católico y que se te llena la boca al decirlo a tiempo y a destiempo, con ocasión o sin ella?

– ¿Y tú?-le respondí preguntando.

-Pues claro hombre-. Si no, ¿a qué iban a venir mis quejas? –añadió, con verdad ¡y a machamartillo!-remató contundente . Pasé a ser quien interrogaba:

-¿Y acaso, le dije, todos los católicos tienen que ser tan a machamartillo como tú?-. ¿No tendrán, sin perder de vista todo lo que nos impacienta, su orden de preferencia?

………..

-Si él ha considerado mejor el atender primero la extrema pobreza e inmediatamente después de conseguida la recuperación económica emprender lo otro, ¿quiénes somos para imponer unos planes que sólo a él y su gobierno corresponden? ¿No consiste la democracia en debatir los temas de gobierno y leyes en el Congreso?

……….

-¡Es que yo no soy demócrata! –me contestó incluso desabrido.

-Y de ésta, mi amigo, yo tampoco-fue la respuesta que lo dejó desconcertado-. ¡Y no me seas impaciente! –finalicé.

Por mucho que nos cueste, digo, que paciencia. ¿O no?

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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