Si nuestra Plaza Mayor hablara. 1

Por Carlos de Bustamante

( Plaza Mayor de Valladolid en niebla . Acuarela de José Mª Arévalo. 36×43) (*)

Sí; la Plaza Mayor de Valladolid, es la plaza regular más grande de España, y a mucha honra. También cierto que en esta gran Plaza Mayor se vivieron acontecimientos históricos de la mayor importancia de sobra conocidos muchos; otros, aún hoy en día, no tanto. Teatro espléndido para el gran público. Grandes o medianos actores, representaron notables autos sacramentales de los mejores autores de esta ciudad villa y corte, o de otras de mayor antigüedad y nombradía. Tiempos en que Valladolid fue capital de un imperio.

Plaza Mayor espectacular donde se celebraron los famosos juegos de “cañas y lanzas”. Rudo “deporte” de la hidalguía, nobleza e incluso del propio rey. Importante Plaza donde Carlos I de España lanceó un toro como celebración del nacimiento en Valladolid de su hijo: rey de las Españas que le sucedió en el trono como Felipe II. Formidable juzgado abierto para aristocracia y plebe. Aquí tuvieron lugar multitudinarios autos de fe, de gran repercusión por los personajes juzgados. Cito sólo de pasada el caso tremendo y confuso de don Álvaro de Luna. Condestable de Castilla y válido del rey Juan II. Al parecer, su amante masculino. Las conjuras contra él – ciertas o no- culminaron en una parodia de juicio, según testifican algunos historiadores. Probables o posibles conjuras de la nobleza, que culminaron con la ejecución de don Álvaro en la Plaza Mayor vallisoletana. Su cabeza estuvo expuesta largo tiempo en la argolla, que aún se conserva, incrustada en la piedra de un edificio en la Plaza del Ochavo.

Juicios notables por diversos motivos, como los de herejía luterana, en tiempos del Santo Oficio-Inquisición-. Así fueron los del doctor Cazalla y fray Bartolomé de Rojas. Los que, públicamente, bien resultaban absueltos o condenados a morir “in situ” en la hoguera; en el “menor suplicio” del garrote vil…, o decapitados como en el caso citado de don Álvaro de Luna.

Mejor que ningún aspirante a cronista, lo relata nuestro Miguel Delibes en su última obra “El Hereje”, de seguro conocimiento de mis improbables lectores.

Cito con especial afecto al ilustre paisano, porque, alumno de mi mismo colegio –Lourdes-, fue muy posteriormente estricto censor, junto a Fernando Altés Bustelo y Francisco Javier Martín Abril, de los escarceos literarios durante los años (cuatro al menos) en que fui colaborador de “El Norte de Castilla”. Por recuerdos de los que tal vez no era muy dado a manifestar personalmente por su carácter adusto, tan castellano, tuvo a bien citar como madre de su “hereje” Cipriano Salcedo a Catalina de Bustamante. Tarde pero con el mayor afecto, gracias Miguel.

Tuve también la satisfacción de formar cuadrilla con él por pagos de Peñalba de Duero. Donde aún a Miguel, excelente cazador, se le marchaban “a criar” muchas de las muy bravas perdices, abundantes en las aún más bravas laderas.

Sí; muy importante nuestra querida Plaza Mayor; pero, citado a Miguel Delibes, en los artículos que sigan, si Dios es servido, “no irán por ahí los tiros”.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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