Bodas temáticas

Por Javier Pardo de Santayana

( Máscaras en el carnaval de Venecia. Foto en Google) (*)

Dime de qué presumes y te diré de qué careces… Esta máxima popular de siempre bien podría aplicarse a determinados ritos de nuestra sociedad. Supongo que mi perspicaz aunque improbable lector se habrá dado cuenta de un curioso fenómeno de ahora: cuanto menos solidez hay detrás del objeto de una celebración más dinero nos gastamos en ella. Tal es el caso de las primeras comuniones y las bodas, hoy llamadas a ser efímeras en un gran parte de los casos y que, sin embargo, se están convirtiendo en costosos espectáculos.

Se diría que quienes en ellas se gastan hasta lo que no tienen lo hacen tan ofuscados por la pasión del lucimiento que son incapaces de imaginar lo que más tarde o más temprano pudiera acontecer. Así no ha mucho que en mi parroquia oímos el comentario de una niña que, conocedora de su ambiente familiar, musitó por lo bajo: “¿primera comunión?… yo creo que será también la última”. Y hay padres que la posponen por “no tener dinero para el restaurante”.

Algo parecido sucede con las bodas, cada vez más caras y espectaculares precisamente cuando los matrimonios tienden a ser efímeros y el porcentaje de divorcios aumenta cada año. Puede decirse que el desmadre es ya total: adornos y detalles no sólo inútiles sino también de gusto muy dudoso convierten el casorio en una acumulación de excesos. Ya no sólo se hacen regalos a los novios, sino que también los novios hacen regalos a los invitados. El resultado es que, según oigo en la televisión, el gasto medio de las celebraciones sociales españolas, sean éstas con motivo de casorio, de primeras comuniones o incluso de fiestas navideñas, son tan desaforadas que mis austeras costumbres familiares me hacen sentirme cual pobre de pedir limosna. Oigo decir que una invitación para cien invitados puede salir por 16.000 euros, o sea cerca de tres millones de pesetas que no sé si incluyen las bebidas. Y eso por una cena que supongo más o menos como las de siempre pero barroca a tope.

Pienso: ¿pero vale de verdad la pena gastarse tamaños dinerales para luego tener que eliminar hasta el menor recuerdo del ser otrora amado destruyendo fotografías, vídeos y todo aquello cuya evocación nos perturbaría luego la existencia?

Pues la última moda es, según nos dicen, la de las “bodas temáticas” presentadas hace unos días en IFEMA con gran lujo de detalles. Por lo visto usted puede elegir toda clase de posibles desvaríos relacionados con los fastos nupciales, como, por ejemplo, casarse en un circo, que eso es ya para nota. Supongo que el mensaje de un montaje así será que se pretende hacer de la celebración lo que vulgarmente se llama un “cachondeo”, es decir, todo lo contrario al enfoque cristiano, que considera tan serio el matrimonio que en él se pone a Dios como testigo del acontecimiento, lo cual no disminuye en nada la alegría, sino que, por el contrario, hace que ésta sea más auténtica. Dicho lo cual añadiré que, teniendo en cuenta que hoy es normal que el matrimonio ya fuera consumado con anticipación, lo del circo me parece espacialmente idóneo, pues, a falta de emociones novedosas, la fiesta bien puede enfocarse como una juerga de fin de semana.

Otra de las ofertas que encontramos en IFEMA se relaciona con la equitación vaya usted a saber por qué. Y el programa es muy completo: los novios entran en coche de caballos y durante el cóctel previo a la cena tienen derecho a un espectáculo de carácter ecuestre. A lo cual digo: que pues qué bien, ya que así uno tiene relinchos y todo en esa noche mágica.

Mas no crean que aquí se agota la oferta del IFEMA. Aún podrán ustedes elegir entre un carnaval tipo Venecia y un jardín de la Toscana: ambiente italiano en todo caso aunque ustedes sean de Alcorcón o de Talavera de la Reina. Supongo que tanto si se deciden por una cosa como si lo hacen por la otra no faltarán los espaguetis a la milanesa en el menú.

Y si ni siquiera bastaran esas fantasías, todavía podrían ustedes optar por un enfoque castizo y desde luego propio del país; algo distinto de todo y espectacular a tope: la celebración del enlace nada menos que en un ruedo taurino, con la oportunidad de salir incluso por la puerta grande como símbolo vivo de la trascendencia del acontecimiento.

Sólo una pega veo yo a esta maravillosa opción, y se lo digo con sinceridad: si ustedes creen que no se sentirían cómodos oyendo chirigotas a su espalda con el tema de los cuernos – algo imposible de evitar por mucho que busquen excusas como la afición del novio por los toros o la fascinación de la novia por José Tomás – será mejor que vayan pensando en una opción distinta.

Ay, Dios mío… Con lo bella que es la sencillez y lo hermoso que es todo lo auténtico…

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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