Listillos, liantes y malababas propiamernte dichos

Por Javier Pardo de Santayana

( Acuarela de Alesandro Andreuccetti en aandreuccetti. altervista.org) (*)

Mi improbable lector sabe mejor que yo de mi afán por acotar los recintos responsables de la mala baba, hoy en alza en nuestro lar común, y que va mucho más allá de la natural desesperación por los efectos de una crisis económica aunque la parasiten. Pues bien, para su información comentaré que creo haber avanzado bastante en tal empeño; en efecto, ya he podido delinear más o menos los contornos de al menos tres reductos: el de los “listillos”, el de los “liantes”, y el de los “malababas propiamente dichos”.

Esta clasificación no debe ser tomada como definitiva; en realidad corresponde a tres estereotipos. Por eso no será extraño encontrar coincidencias entre unos y otros, de forma que a usted mismo no le será difícil visualizar algunas caras conocidas que participan de características comunes a los tres grupos de clasificación.

El de los “listillos” se sitúa preferentemente entre los formadores de opinión, hoy ajenos por cierto a los círculos intelectuales de prestigio. Me refiero a quienes en los medios opinan de todo sin dominar a fondo casi nada; gentes con labia y excelentes reflejos, dotada sobre todo de facilidad para desenvolverse en la polémica. La polémica es, en efecto, la madre del cordero desde que se produjo el feliz descubrimiento de que engendra dinero sin medida gracias al caudal de contenidos que ofrece al codicioso mundo de los “medios”. Así que si no hay polémica, se crea, cosa fácil hoy día en nuestros pagos.

Entiéndame usted bien, querido e improbable lector mío: no es que esté en contra del debate, sino del enfoque general de éste como pura polémica, entronizada aquí por su supuesto carácter “lúdico” y su aprovechamiento político y mediático. Lo que debiera ser sabio ejercicio de un contraste de opiniones mutuamente respetadas se convierte en lucha partidista con vencedor glorioso y vencido aniquilado. Tampoco digo, como es lógico, que todos los tertulianos y comentaristas estén ansiosos por entrar en la polémica: supongo que muchos de ellos querrán, como cualquier hijo de vecino, seguir cobrando, quedar bien, e incluso satisfacer su vanidad. Pero yo me permito ponerlos como ejemplo de listillos porque una buena parte de ellos opina de todo con seguridad y contundencia sepa o no de aquello que se trata, y, si lo considerara necesario para hacerse valer, tirará abajo cualquier exposición sensata de la realidad siempre que venga de su rival dialéctico. La polémica les permitirá mostrar cumplidamente su capacidad para desenvolverse con mayor soltura que cualquier sabio o experto en la materia. Se trata, por tanto, de individuos que se las saben todas y que, como personas duchas en esconder lo que no saben, permiten suponer que ellos mismos harían todo mucho mejor que nadie; claro que raramente llegan a tener ocasión de mojarse en puestos de responsabilidad, y, como aquél diría, “así cualquiera”. Así que uno acabará por preguntarse por qué nunca se decidieron a presentarse como candidatos al gobierno de la nación o del Banco Mundial, ya que para ellos, que encuentran siempre la solución más adecuada para cualquier problema, quienes ostentan tales cargos son unos auténticos zoquetes. Nada se resistirá a estos listillos nuestros: siempre serán los dueños tanto de la verdad como del conocimiento. Y sus oyentes y videntes contribuirán a crear un clima de polémica y de malestar al impregnarse de ese mismo espíritu y pontificar también sobre lo que se tercie haciendo ver que el prójimo que no comulga con sus ideas y argumentos es inútil cuando no malvado.

El segundo grupo, esto es, el de los “liantes”, se concentra sobre todo en el ámbito político. En efecto, convertida la política en el arte de cargarse al adversario ideológico – “quítate tú que me pongo yo” – su objetivo principal y casi único será desacreditar cuando no eliminar a su oponente, convertido ya definitivamente en enemigo declarado. Su actividad más destacada consistirá en interpretar en clave negativa cualquier cosa que éste se haya permitido hacer o manifestar, por nimia que sea o que parezca ser, y magnificar luego su crítica a través de medios afines para construir un “caso” que acabará siendo conocido por la mayoría de los ciudadanos, convenientemente rebozados en una inevitable “corrección política” previamente acuñada y extendida por los medios afines. El resultado será el rechazo de gran parte de aquéllos. Se trata de la aplicación de una receta parecida a las de la cocina que consiste en freír unas sabrosas croquetas que la “ciudadanía” se tragará tan ricamente. Se trata, sí, de armar lío y oscurecer el panorama hasta infantilizar debidamente al respetable. De ahí lo de “liantes”, ya que nada escapa al enfrentamiento y a la confusión prefabricada.

Una variante de “liantes” es la de quienes para medrar aprovechan cualquier circunstancia negativa; entonces su acción consistirá en liar las cosas en beneficio propio causando problemas con la pretensión de que se les deje hacer lo que les da la gana sin ponerles demasiadas pegas. Su papel es parecido al de las ratas de cloaca que se sienten bien en la inmundicia de la que se alimentan y a la que contribuyen poderosamente.

En cuanto al tercer grupo, o sea el de los “malababas propiamente dichos”, yo lo sitúo preferentemente entre los habituales de los “tuits”, refugio consuetudinario de quienes arremeten contra todo y contra todos sin otro objetivo que la destrucción. Juegan a ser osados cuando su rasgo principal es el de la cobardía, ya que se escudan en el anonimato y en la masa. Para ellos las redes sociales son un escaparate que les permite volcar sus vómitos habituales sin apenas coste económico o social. Desde luego se sienten importantes, y su expresión preferida es la violencia escrita mas propicia a pasar a ser violencia física: el perfecto escenario para hacer de la política un vertedero de escombros, un muladar de la ideología: el terreno perfecto para extender un populismo con base argumental decidido e arrasar cuanto tenemos; acabar con todo cuanto les estorba con el pretexto de una aparente novedad que no es sino algo ya tristemente conocido. El escenario perfecto para acabar rompiendo escaparates o quemando contenedores si no iglesias.

Unos y otros – “listillos”, “liantes» y “malababas propiamente dichos” – han interactuado eficazmente para acabar configurando una realidad surrealista de la que la lógica está totalmente ausente. Estoy seguro de que usted mismo, improbable lector mío, podrá poner cara a las personas y organizaciones que responden a estos biotipos y habrá identificado los males y perjuicios que hoy sufrimos por su causa, empezando por la desunión, la confusión, la crispación y la inmersión en la mentira. La pérdida, en fin, de una visión ponderada, no sólo del presente, sino también de un futuro al que, por lo que se está viendo, no quieren dar la oportunidad de desarrollarse en paz.

PS: Supongo que al leer lo de los “listillos” mi improbable lector habrá pensado también en otra acepción del mismo término, es decir, en la que podría aplicarse con igual exactitud a quienes engordaron sus caudales disponiendo de los dineros públicos. Pero ésta es otra historia que más bien tiene que ver con algo tan antiguo y tan clásico como la picaresca.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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