Por Carlos de Bustamante

( Acuarela de Flor Plaza, de felicitación de las Navidades) (*)
Pobre. Ignorante Tarsicio. Pero no tonto. Quiero decir, que de entre los nuevos seguidores de Jesús (me reservo el título de Amigo), los había que me caían bien y alguno les puedo decir solo que fatal. Y como me encargó mi Ama y Señora cuidar de Él -¡ahí es nada!- , ese alguno (en realidad uno), se me atragantó. Hasta en el nombre. Mal, lo sé ahora, pero no cuando se unió al grupo de los doce, sino antes. Y no por lo que pudo o no hacer, sino porque sin conocer aún, como yo, para lo que Jesús había venido, además era ladrón de lo que le echaban en la bolsa. Sin honradez, persona no grata. Tarsicio ignorante, criado junto a mi Dios y Señor-Cristo, el Mesías, todavía estaba en pañales de lo que le restaba por conocer, aprender y practicar. Pero, ¿lo digo…?, no me llamaba Judas Iscariote.¡ Ése, ése, es el que me caía fatal! El pobre…
Servidor, Tarsicio, y a mucha honra, Amigo de Jesús.
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