”El Peor remedio”, de Aleix Vidal-Quadras, y “Símbolos franquistas”, de Antonio Burgos

( Viñeta de Puebla en La Razón el pasado día 12) (*)
EL PEOR REMEDIO Artículo de Aleix Vidal-Quadras publicado en La Gaceta el pasado día 10
La lección a extraer de la presente crisis y de otras similares pretéritas es que las tensiones provocadas por demasiada deuda no se arreglan con más deuda. La crisis económica global que estalló en 2008 ha generado ya tanta o más literatura que la Gran Depresión de 1929, uno de los cataclismos financieros a escala mundial que ha alimentado con mayor profusión exhaustivos análisis sobre su origen y sobre su tratamiento y del que por desgracia parece que los Gobiernos, los emisores de moneda y el sector bancario en general aprendieron poco. Dejando aparte tecnicismos y prescindiendo del críptico lenguaje que suelen emplear los gobernadores de los bancos centrales y los ministros de economía, casi siempre tendente a ocultar sus errores y no a hacer entender los acontecimientos que sufren en sus carnes los ciudadanos y las empresas, existe un aspecto que emerge con evidente fuerza a poco que se examinen estos asuntos con mirada a la vez penetrante e inocente. Un elemento letal que alimenta este tipo de desastres es el exceso de endeudamiento, es decir, el dejar que las distintas burbujas, financiera, inmobiliaria y de gasto público, se inflen hasta niveles fuera de control.
Cada uno de los actores en presencia en estos procesos, los bancos centrales auspiciando un exceso de crédito, determinadas empresas persiguiendo un beneficio fácil e inmediato sin asegurar el suelo sobre el que pisan, las entidades financieras desequilibrando sus balances entre lo que prestan a largo y las obligaciones que tienen a corto y los gobernantes buscando votos a costa de ir acumulando déficits suicidas, tiene su parte de responsabilidad y sus respectivas huidas hacia adelante se refuerzan entre sí en una espiral perversa que acaba desbocándose.
Estas consideraciones elementales, que todo el mundo puede entender, vienen a cuento respecto al actual problema griego y la llegada al poder en un país periférico y quebrado de la zona euro de un partido populista de orientación colectivista y nacionalista que pretende revisar los compromisos adquiridos por Ejecutivos anteriores y volver a la senda de vivir de prestado olvidando los excesos del pasado y la necesidad de ajustar las cuentas del Estado y el nivel de vida de su país a su capacidad real de generar riqueza. Se echa de menos en la retórica inflamada y justiciera de Syriza alguna expresión de contrición por los abusos cometidos durante la etapa de liquidez fácil y una mayor dosis de humildad frente a los que les han salvado del abismo a base de préstamos ingentes y que han renegociado su rescate en condiciones muy favorables en tres ocasiones. La subida del salario mínimo por encima del español, la readmisión de funcionarios en una Administración hipertrófica y la puesta en marcha de programas sociales sin duda muy compasivos si no fueran pagados por terceros a los que ya se debe mucho, son provocaciones que si no van acompañadas de medidas serias de recuperación de la competitividad y de la sensatez, sólo conducirán a Grecia al fracaso irreversible.
La lección a extraer de la presente crisis y de otras similares pretéritas es que las tensiones provocadas por demasiada deuda no se arreglan con más deuda, sino con un esfuerzo extraordinario de saneamiento de la economía, de incremento de la productividad y de comportamiento tributario decente. Los clamores contra la Troika y los lamentos gemebundos sobre el sufrimiento intolerable del pueblo griego y las ofensas a su dignidad y soberanía, resultan muy eficaces a la hora de ganar unas elecciones, pero no sirven para aumentar el PIB. Al final, todo lo que se haga hay que pagarlo y los griegos han de entender que el dinero únicamente sale del trabajo, del ahorro y de vender más barato y con mayor calidad que tus competidores. Podemos propone un proyecto análogo, pero en un país que se encuentra en una posición mucho más sólida que Grecia, con lo que los experimentos le pueden salir bastante más caros. De aquí a final de año nos miraremos en el espejo heleno y no es aventurado predecir que la imagen que veamos estará cada vez más deformada, lo que nos dará tiempo a madurar un voto cauto y defensivo en las elecciones generales. Después de todo, nadie en su sano juicio está dispuesto a tomar un remedio que sea peor que la enfermedad.
Artículo en : http://www.gaceta.es/aleix-vidal-quadras/peor-remedio-10022015-1957
SÍMBOLOS FRANQUISTAS
Artículo de Antonio Burgos publicado en ABC el pasado día 13
Un señor que por lo visto no tiene nada más importante que hacer, en vez de irse por las tardes a jugar al dominó a la Peña Trianera, que sería lo suyo, se ha dedicado a denunciar a treinta y ocho alcaldes españoles, porque dice que mantienen en sus ciudades símbolos del franquismo. Como si no hubiera paro, ni los chavales con Derecho más Económicas no se tuvieran que ir a Alemania; como si aquí ningún político hubiera metido la mano en el cajón; como si el sistema mismo no estuviera amenazado por unos criptocomunistas coletudos que lo malo no es lo granujas que son, sino lo pronto que han aprendido a serlo… Como si nada de eso pasara, y el crédito a las pequeñas empresas y a los autónomos fluyera como el Guadalquivir por Gelves, y no estuvieran atorados los juzgados mercantiles con las suspensiones de pagos, a este señor no se le ocurre más que dedicarse al rebusco de yugos y flechas.
Y entre los alcaldes denunciados, Zoido. Como si los anteriores del Ayuntamiento no se hubieran hartado de quitar nombres de calles que les olían a dictadura, con casos de evidente injusticia histórica, como el General Merry, que estuvo en la guerra…de Cuba; o de Domingo Tejera, el periodista carlista al que Franco le cerró el diario; o Fal Conde, a quien el dictador desterró de Sevilla. ¡Lo que es el no saber!
Zoido ha respondido al denunciante diciéndole que le señale dónde hay un solo símbolo franquista en Sevilla, que lo quita del tirón. Mejor que no se lo señalen a usted, Don Zoido, porque se puede ver un número. Gran parte de la Sevilla que conocemos, con barriadas enteras y hospitales incluidos, es un símbolo del franquismo. O sea, que como haya que acabar con esos símbolos, de momento hay que echar abajo la calle Imagen enterita, porque es el máximo exponente del urbanismo franquista. Y como tengamos que acabar con los símbolos del franquismo, de momento nos quedamos sin hospitales, porque los gobiernos de Franco levantaron el Virgen del Rocío y el Macarena, los dos, que no se pongan ahora medallas los de la Junta y los siete mil millones de paniaguados de bata blanca que están enchufados con su carguete en el SAS.
Si Zoido quisiera acabar con los símbolos del franquismo, de momento tenía que llamar a mi querido amigo Pavón el Derribista y dejar la Plaza del Duque como la palma de la mano, porque todos los crímenes arquitectónicos que la componen, todos, se perpetraron durante la dictadura, cuando un alcalde que era catedrático de Historia del Arte autorizó el derribo de los Almacenes del Duque, de la Casa Sánchez Dalp, de la Casa Cavaleri, del Colegio Alfonso el Sabio y del Hotel Venecia. Y por supuesto que allí las Comisiones Obreras se iban a quedar sin sede, porque ocupan el edificio de los Sindicatos Verticales del franquismo. Y la mitad de la población sevillana tendría que irse a vivir en campamentos de refugiados, porque habría que demoler inmediatamente el Polígono de San Pablo, Las Letanías, Los Diez Mandamientos, Los Pajaritos, Pío XII, El Tardón, La Barloa y docenas de barriadas más de pisos entregados a los trabajadores por la dictadura. ¿Seguimos? Si se trata de acabar con los recuerdos del franquismo, la antigua Fábrica de Tabacos tiene que volver a ser factoría de farias y picadura fina. Y hay que echar abajo la mitad de los edificios universitarios de Reina Mercedes. Ah, y prepárense para pasar sed, porque habría que dinamitar La Minilla, El Pintado y la mayor parte de los pantanos de la red de abastecimiento de agua a Sevilla.
¡Cuántas chorradas, Dios mío! ¿Pero es que no van a dejar de acordarse de las castas del franquismo para pasar a denunciar los escándalos de la Junta, que ésos sí que son gordos? Y si usted, por decir yo estas cosas obvias, me llama facha y franquista, le recordaré, so pedazo de mamón, que fui antifranquista cuando había que serlo: con el dictador vivo en El Pardo y con la Brigada Político-Social deteniendo y enchironando a la gente en los sótanos de La Gavidia, cuando te la jugabas por pedir libertad y democracia. La Social en La Gavidia… Otro edificio que también habría que echar abajo. ¡Tequiyá a lo que rima con «abajo»!
Artículo en : http://www.antonioburgos.com/abc/2015/02/re021315.html
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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