Apócrifo III. 33. Cordero asado

Por Carlos de Bustamante

( Última cena. 1542. Óleo de Giacomo dal Ponte en la Galleria Borghese, Roma. Pintura.aut.org) (*)

Era “una sala grande y bien aderezada”. Probablemente de Myriam, amiga de mi Ama y Señora y madre de Marcos. El mismo que conocí como alumno aventajado en la escuela y hoy, hombrón hecho y derecho. Como -y perdonen la miaja de vanidad- Tarsicio: servidor de ustedes y relator de acontecimientos de escalofrío. Inolvidables.

La casa era pura fragancia. El cordero asado a fuego, el horno de cocer pan, y el perfume con que Magdalena, creo, ungió los pies de Jesús, olían a esencia de campo; tierra recién regada y aromas de incienso, sándalo y rosas del jardín de Edén. Todos sonreían en torno a Jesús recostados en lo lechos de la mesa. Todos, menos Tarsicio y Myriam, la Madre de Jesús.

Aún me rondaban los malos presagios del sacrificio del cordero, que creí alusivo a un posible sacrificio de Jesús. No sabía de fijo cuál era el motivo, pero sentía miedo. Menos mal que, siervo y a mucha honra de tal Señor, me afanaba en que todo estuviera en condiciones. El pan, el vino, las verduras amargas. Cada cosa en su sitio.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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