Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Puebla en ABC el pasado día 27 de octubre) (*)
“Según informe de la OMS vivir produce un 100 % de fallecimientos”. Leo esto en un mensaje de Facebook. ¿A que es bueno? La broma responde al revuelo causado por un informe según el cual la carne es cancerígena, sobre todo la roja, tan codiciada por los gourmets más exigentes. Y también – no sé si decírselo a ustedes para no desilusionarles – la carne “procesada”; que fíjense usted en el adjetivo, que, acostumbrados como estamos a la terminología judicial, concordaría plenamente con las malas intenciones que ahora la atribuye la Organización Mundial de la Salud.
¡Lo que nos faltaba! exclamará mi improbable lector. Pues la publicación del estudio que anatematiza la ingestión de los austeros “fuets», las ricas salchichas alemanas y la incomparable morcilla de Burgos, por no decir de los mismísimos jamones de Jabugo, ha caído sobre nuestros estómagos como una auténtica pedrada.
Oigo a los comentaristas reaccionar ante noticia tan amenazante y, aún no salido de mi asombro, me vienen otras nuevas tan impactantes como aquélla. Ahora resulta que el nuevo presidente valenciano, en plena ofensiva antirreligiosa cuyos antecedentes históricos creíamos felizmente superados, se ha puesto manos a al obra para suprimir en nuestros cementerios cualquier alusión al cristianismo. Esto después de anunciar que piensa condenar por ley a quien, en su calidad política ose participar en procesiones o ceremonias parecidas. También ha decidido suprimir las clásicas ofrendas de flores a la Virgen. Así que se propone legislar contra el corazón mismo de los españoles, o sea contra el pueblo hispano y sus costumbres y creencias más arraigadas y entrañables. Todo esto, claro está, como sustitutivo gestual de la gestión pública de la que es realmente responsable.
Supongo, sin embargo, que ese impresentable personaje al que ha caído el poder en paracaídas no se atreverá a arremeter contra las cruces de los camposantos, porque si lo hace tendrá trabajo para toda la legislatura y aun por las que queden por venir. Además, las viudas le correrían a gorrazos. Así que a la estupidez supina que demuestra se suma la mayor ineficacia. Y es que en el mundo hay dos tipos de personas: las que se dedican a solucionar problemas y las que, por el contrario, se dedican a crearlos, y él es, sin duda, parte de estos últimos. Además, así se comporta innecesariamente, porque su único objetivo es incordiar. Yo imagino la cara que se les pondrá a aquellos que, por no dejar gobernar a quien fuera más votado, han propiciado mayorías de perdedores caracterizadas por la ineptitud y por la mala baba.
Así que entre unos y otros, poquito a poco pero con continuidad e insistencia en los propósitos, se nos está acumulado toda una galería de “freakies” dignos de la casa de los horrores de una feria rural. Tipos impresentables y entre siniestros y ridículos, a quienes tan sólo falta la escoba para golpearnos a modo las espaldas: graciosillos a costa de víctimas de violaciones y atentados terroristas propuestos para gestionar la cultura, strippers blasfemas con vocación de pirómanas devenidas portavoces públicos, ideólogos de tres al cuarto con ínfulas de estadistas a quienes no se les ocurre otra cosa que avanzar la idea de suprimir el Ministerio de Defensa y arremeter también contra la Iglesia, iluminados que tienen – pobres desgraciados – la desfachatez de irse de Europa renegando de la democracia real, abuelas que quisieran poner a barrer a a las madres y a los estudiantes para limpiar los colegios y las vías públicas, señoras que hoy ocupan puestos de responsabilidad aunque que se jacten de orinar en la vía pública y propongan porno cutre, y – para colmo – pretender cargase al propio Estado del que cobran tras haberlo esquilmado impunemente con desprecio de las leyes y la constitución. Luego, cuando no se les ocurren burradas como éstas, dan pellizcos de monja con “postureos” – como quitar los bustos reales – o paren pequeñas tonterías como cambiar de emplazamiento los belenes. Como usted verá, improbable lector mío, todos personas con iniciativas constructivas y fomentadoras del “buen rollo”.
A usted no le podrá extrañar, por consiguiente, que metafóricamente me pellizque para asegurarme de que lo que acabo de escribirle responde a la realidad en que vivimos; esto es, de que esta nuestra situación surrealista no responde a un mal sueño o a una pesadilla propiciada por mala digestión de carne roja, sino que es tan real como la vida misma. De que estamos presenciando un despropósito ganado a pulso por el infantil pueblo español, que jugó con el fuego cual aprendiz de brujo para ser manipulado por tiros y troyanos y después ninguneado por el lumpen.
Y al que – ¡horror! – amenazan con dejarle sin jamón para mayor vergüenza.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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