Afinidades peligrosas

Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Caín en El Norte de Castilla el pasado día 10) (*)

Hoy propongo a mis improbables y queridos lectores un ejercicio de imaginación. ¿Pueden ustedes suponer lo que sucedería si aquí en España hubiera un partido de extrema derecha desde luego hoy inexistente, y el partido más representativo de la derecha que pudiéramos llamar “civilizada” declarase una pretendida afinidad con él para así superar a su adversario, ganador con diferencia en unas elecciones generales? Pues seguro que todo el mundo se le echaría encima y le diría: mire usted, ahí se le ve a usted el plumero. Y se le cubriría de improperios: de entrada se le tacharía de nazi, radical, impresentable, y de todos los epítetos que a mano se pudieran encontrar. Pero por favor… ¡querer como socio a la extrema derecha!

Ahora imaginen lo qué ocurriría si encima de esto, es decir, después de haber mostrado su verdadera faz, el partido catalogado oficialmente como de derecha “civilizada” pero autoasimilado a los de extrema derecha, hubiera tenido que soportar que la respuesta de sus supuestos camaradas ideológicos fuera un gesto obsceno en despectivo rechazo de sus arrullos y requiebros. Lo mas seguro sería que quedara sumido en el mayor ridículo tras demostrarse que lo de la pretendida afinidad era, afortunadamente, una falacia.

Ahora hagan el esfuerzo de situarse imaginariamente en un país vecino al nuestro, y vean ustedes lo que ocurrió no ha mucho en la vecina Francia. Como un partido de la “derecha irresponsable” – “le Front National” – hubiera amenazado con llegar al poder en unas elecciones, “la derecha razonable” votó a favor del partido en el poder, representante por cierto de la izquierda, para reforzarla y evitar así el desastre de que venciera un grupo radical “de derechas”. A lo cual la izquierda española reaccionó, naturalmente, aplaudiendo con su tradicional silencio tan patriótico gesto.

Hago estas suposiciones para ponerles a ustedes de relieve la contradicción que supone que los propios adoradores de la “corrección política” en España den ahora por natural y lógico que un político alardee de consanguinidad con una “izquierda” leninista y populista, maleducada hasta en el Congreso de los Diputados, donde se besa en los morros o exhibe impúdicamente a los bebés como gesto mediático para invadir nuestras pantallas. Esa que que avanza en grupo por los pasillos con un aire mafioso y gesto amenazante, como ustedes habrán sin duda visto. Y que, para colmo, canta las bondades de los amigos de aquellos terroristas cuyas hazañas diarias conocimos durante demasiados años sin necesidad de hacer otra cosa que mirar las noticias en la televisión. Son los rufianes y los sucesores de los terroristas del Frap, que se atreven ahora a gallear de demócratas; tanto, que incluso presumen de regeneradores del sistema poniendo como ejemplo a un personaje foráneo que metió en chirona a sus rivales políticos y que, pese a gobernar un país inmensamente rico, ha dejado a sus conciudadanos hasta sin papel higiénico y sin pan. Y son también aquellos que cobran de otro gobierno igualmente impresentable en el que existen “guardianes de la revolución” y se ejecuta en público a los reos.

Naturalmente ante esta situación escandalosa más valiera, no sólo por el bien de la nación, sino siquiera por la buena fama de quienes sí la utilizaron arteramente para ganar acceso a los sillones del poder, el reconocimiento de que no existe tal cosa como una pretendida coalición de izquierdas que pueda reunir decentemente en una denominación común a una gentuza de este porte y a dirigentes que se tienen por homologables con los de los grandes países de Occidente.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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