Por Javier Pardo de Santayana

( Mercado moro. Acuarela de Manolo Jiménez en Facebook) (*)
Verdad es que los ciudadanos españoles poco sabemos de las famosas suras del Corán, quizá porque nos cogen tan sólo de refilón. Pero sí que solemos conocer algún detalle significativo: por ejemplo, que su paraíso es un lugar pródigo en fuentes y palmeras, es decir, en lugares en los que abundan cosas de las que en general carecen quienes tan apasionadamente lo desean que hasta se juegan premeditadamente el físico por alcanzarlo cuanto antes. Esto sí que lo sabemos. Y conocemos sobre todo lo de las huríes, que siempre llama mucho la atención.
Sabemos, efectivamente, que lo mejor del paraíso es que en aquellas sombras apacibles nos espera una legión de jóvenes bellezas; acogedoras muchachas que esperan amorosas para hacernos gozar del excelente ambiente de tranquilidad que nos acoge. Aceptado lo cual yo me pregunto qué es lo que pensarán esas esposas que tienen que admitir como normal y deseable que se la den con queso los maridos a los que acompañaron siempre; incluso en los achaques de una compartida ancianidad. Como por idénticas razones no puedo por menos de expresarles mi extrañeza ante la ausencia de reciprocidad respecto al otro sexo. Siento extrañeza digo, y me parece lógico, ya que jamás he oído decir nada – quizá por mi ignorante conocimiento de estos temas – respecto a que se cuente con algo parecido a la hora de acoger a las mujeres que a lo largo de sus respectivas vidas demostraran su fidelidad a los esposos respectivos; y esto pese a que, bien mirado, ellas podrían encontrar aun con mayor motivo cierto respiro con el cambio.
Mas ni siquiera colman mi capacidad para el asombro estas disquisiciones previas que hoy situaríamos dentro de la indeseable “incorrección política” en tanto que demuestran impresentable preferencia por los varones en detrimento de sus compañeras, puesto que el principal asombro del observador “occidental” es la “sexualización“ de un paraíso orientado preferentemente al gozo de los “hombres” en su sentido más estricto.
Viene esto a colación por la noticia de que para la segunda mitad del año en curso está previsto inaugurar en Doha una impresionante instalación que reflejará la idea de lo que es el paraíso para muchos de los fieles musulmanes; desideratum difícil para cualquiera, pero que se hará posible gracias a la inmensa riqueza que la naturaleza concedió a Qatar en forma de petróleo. Se trata de un inmenso complejo equivalente en extensión a cincuenta campos deportivos en el que se reproducirá esa idea del oasis tan cercana a la idealización del paraíso, ese lugar divino. Jardines y fuentes generosas lo recrearán mediante un amplísimo espacio ajardinado rodeado – asómbrense mis lectores si es que existen – de una abundancia de instalaciones comerciales entre las que proliferan las tiendas con marcas de lujo y los restaurantes, sin excluir, sino todo lo contrario, los establecimientos de comida rápida. Hasta se incluirá un teatro con compañía propia; algo que suena a material pecaminoso para los creyentes a juzgar por el tipo de preceptos inculcados en las madrasas y mezquitas.
O sea que, según parece, el famoso paraíso de las huríes ondulantes, lejos de incluir un ambiente que resultara familiar para la mayoría de los musulmanes, sean estos sunitas o chiítas, nos remitiría al imposible sueño de un oasis que, para ser perfecto debería incluir algo bastante similar a aquello que venimos viendo en las naciones más avanzadas y capitalistas. ¿Sorprendente? Puede ser que así sea en principio, pero también es algo comprensible si consideramos la tendencia de aquellos inmigrantes, que, gobernados según la ley de la sharía, se juegan la vida al huir de sus países respectivos y buscar un refugio confortable no ya sólo en los países europeos sino sobre todo en aquéllos que nosotros mismos calificaríamos de “nórdicos”, es decir, en los que más se caracterizarían por unas costumbres y creencias que difieren tanto de las propias de los países musulmanes que las sitúan precisamente en sus antípodas.
Curioso, ¿no? O sea que el paraíso al que hoy pretenden ir hasta los terroristas que se autoeliminan con los cinturones explosivos pudiera ser bastante semejante a Europa. Y mira que nos la machacan…
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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