“La irresponsabilidad de este sujeto hará que volvamos a las urnas”, de Juan Velarde, y “Cómo podemos perder la guerra”, de Carlos López Díaz

( Viñeta de Miki y Duarte en Diario de Sevilla el pasado día 31 de marzo) (*)
CARLOS HERRERA, A CUCHILLO CONTRA PEDRO SÁNCHEZ: «LA IRRESPONSABILIDAD DE ESTE SUJETO HARÁ QUE VOLVAMOS A LAS URNAS»
Artículo de Juan Velarde publicado en Periodista Digital el pasado día 1
Estrenamos mes y este 1 de abril de 2016 comienza con…lo de siempre. Muchas reuniones, públicas y privadas, pero nada nuevo en el horizonte. Los columnistas de la prensa de papel así lo reflejan en sus tribunas que, dicho sea de paso, hacen esfuerzos ímprobos para no repetirse más que el ajo porque, claro está, cuando nada cambia, ¿qué puedes ofrecer de nuevo a tus lectores? Pues ellos, los opinadores, lo logran: Arrancamos en ABC y lo hacemos con Carlos Herrera quien asegura que Pedro Sánchez aún no ha bajado a tierra, que siguen en las nubes y pensando en que existen los Reyes Magos que le regalarán la Presidencia del Gobierno. Como dice el gran periodista almeriense, aquí el amigo socialdemócrata no se entera:
¿Han mirado en su agenda sus planes para el 26 de junio? De hecho, ¿han comprobado si tienen algún plan? ¡Yo qué sé!: fin de semana de playa, viaje para conocer nueva sobrina, comunión de un nieto, boda de un primo hermano, iniciar Camino de Santiago, comer cochinillo en Segovia, toros en las fiestas de Burgos… Es más que previsible que ese fin de semana, ese domingo, seamos convocados a las urnas al objeto de elegir al Parlamento que elija, a su vez, al Gobierno de la Nación. Anótenlo. Anótenlo si tienen intención de votar, está claro. Anótenlo si les interesa en algo este carajal político español. Anótenlo si es que pasa por su cabeza corregir los escenarios políticos que han hecho posible este estado de cosas.
Recalca que: “Es sabido que el Gobierno en funciones lleva algo más de cien días, tiempo en el que arregla el día a día pero no puede hacer planificaciones a largo, medio o corto plazo. Lo que hay es lo que hay. El Gobierno puede tomar medidas de urgencia, pero no acometer política alguna que pueda comprometer las acciones de un nuevo Ejecutivo que surgiera de un acuerdo parlamentario. Es decir, mantiene el grifo, pero no toca la cañería. Nada habría que objetar si la Cámara hubiese elegido con prontitud, a lo largo de estas semanas interminables, un nuevo gobierno, pero al no haberlo hecho todo en España se viste de transitoriedad, de provisionalidad y de indudable calma chicha, esa que hace que, en ausencia de viento, las velas no impulsen embarcación alguna hacia ninguna meta.
Despertamos ayer con la consideración en los medios que hacían muchos analistas del encuentro entre Iglesias y Sánchez. Varios constataban el canto del cisne de una legislatura que nunca llegó a nacer, con lo que nos invitaban a repasar las agendas con vistas al último fin de semana de junio y a la ineludible convocatoria electoral que de forma automática se publicará en el BOE a primeros de mayo y que resulta más que probable. La reunión «cool» de los líderes de la izquierda radical, por una parte, y la socialdemocracia fascinada por la izquierda radical, por otra, dejó las cosas como estaban: los comunistoides no quieren saber nada de los liberaloides, y viceversa.”
Le suelta un buen ‘tarantantán’ a Sánchez:
“El supuesto socialdemócrata no se da por enterado y sigue creyendo en los Reyes Magos y pensando que se puede producir el Advenimiento de su Gobierno gracias a su indudable atractivo político, lo cual no hace sino engordar la melancolía anunciada de su fracaso: ya quedó dicho en estas páginas de ABC cuando se le recordó que sólo tiene 90 escaños y con eso poco se puede hacer. Ese fin de semana de junio iremos a votar, con todo lo que ello comporta, por una sola razón: el sectarismo feroz de un secretario general socialista que ha desechado cualquier acceso a la grandeza negándose a una gran coalición con su principal adversario político, el Partido Popular. Ha preferido entregarse al canto de sirena de la izquierda radical, extrema, arcaica y absurda, antes que ceder a la evidencia de que el país, este solejar medio arruinado que podría acabar de despertar mediante un gobierno de amplia base, necesita un acuerdo de reformas prudentes pero valientes y un programa consensuado de gobierno que le proporcione la imprescindible estabilidad para desafiar este presente impertinente y cabronzuelo”.
Y finaliza:
“La irresponsabilidad histórica del sujeto que ayer paseaba con las manos en los bolsillos por la Carrera de San Jerónimo hará que volvamos a decir qué queremos los españoles ante una urna, cuando debería ser suficiente lo que hicimos el pasado diciembre. El auténtico gobierno del cambio, en esta España nuestra, es el gobierno que pudieran formar partidos constitucionalistas con vocación reformista. No alianzas de iluminados. Pero no hay esperanza alguna. Revisen sus agendas”.
Ignacio Camacho pone a la altura del betún a Pablo Iglesias, en particular, y a Podemos, en general, por su nula coherencia, por dar titulares según la situación:
“La palabra de Pablo Iglesias no tiene ningún valor. En el sentido estricto y en el lato. El hombre que irrumpió en la política como un impetuoso tertuliano, de verbosidad vehemente y retórica inagotable, ha vaciado su discurso despojándolo de importancia y de significado para sustituirlo por una sucesión de imágenes y diluirlo en contradicciones y rectificaciones tan continuas que convierten sus asertos en plática irrelevante. La sobreexposición mediática ha convertido a Podemos en un partido-espectáculo que diseña sus apariciones con técnica escenográfica mientras sus argumentos mudan a la velocidad con que caducan los telediarios. En la política convencional, ahora llamada vieja, eso significaría una inmediata pérdida de credibilidad, pero estos nuevos actores están blindados ante una audiencia hipnotizada que concede inmunidad a unos cambios de criterio de asombrosa ligereza, más cercanos a la simple mentira que al utilitarismo táctico”.
Recuerda que:
“Acostumbrado a los pronunciamientos taxativos que exige el lenguaje de las tertulias y de Twitter, Iglesias suministra titulares con una facundia veleidosa sin el menor cuidado en resultar coherente. La volubilidad constituye su método de trabajo. La adhesión incondicional de sus simpatizantes le permite decir sin rubor una cosa y la contraria. Se puede proclamar vicepresidente de un Gobierno que no existe y destituirse a sí mismo sin haber tomado posesión. Puede proclamar la abolición de la tradicional dialéctica ideológica y acto seguido postular un frente de izquierdas contra la derecha. Puede exaltar el modelo asambleario y participativo de su partido y ejercer un férreo liderazgo centralizado y autoritario. Puede acusar a los socialistas de cargar con cadáveres en cal viva y tenderles su obsequiosa mano. Puede exigir la dimisión de cualquier imputado y mantener a condenados en sus filas. Tiene bula. El principio de la contradicción, que devastaría a cualquier otro dirigente, rebota contra su férrea coraza de pragmatismo leninista.
En el discurso de Podemos sólo importan las imágenes, planificadas con mimo estético e intuición de la oportunidad. Son el centro de su actividad pública. Nacido en la televisión, aunque fundado sobre la oratoria, se ha transformado en un partido icónico, bidimensional: un partido de plasma. Las imágenes son la verdadera plataforma de un designio de poder sobrepuesto a toda consideración de consecuencia. La palabra es sólo material de acompañamiento de la ficción gráfica; cháchara instrumental, vacua, tornadiza, descomprometida. Por eso su posición sobre los pactos de Gobierno no puede colegirse de ninguna declaración de circunstancia; sólo valdrá la última decisión, el anuncio final, el que se efectúe sobre la campana de la cuenta atrás, en el minuto postrero. Todo lo demás es ocupación de espacios de opinión pública, ruido ambiental, paisaje fotográfico. Postureo”.
David Gistau se centra en el paseo de marras de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para comentar cosas curiosas tales como, a pesar de que ambos no se tragan, curiosamente la escenografía les salió a pedir de boca:
“Hace poco, a Jabois, a Lucas y a mí nos pidieron posar en unas circunstancias muy parecidas a las del paseo de enamorados que ya no se esconden protagonizado por Pedro y Pablo. Teníamos que enfilar una calle angosta, como si todo fuera casual y espontáneo, y dar esa misma impresión de gente que mola y que perfectamente podría llevar en la mano un frapuchino de Starbucks, como los hipsters de Hollywood. Como esta experiencia es reciente, no puedo sino admirar la profesionalidad para la impostura de Pedro y Pablo, porque a ellos les salió al primer intento, no los mandaron al comienzo de la calle para repetir. Cuando nosotros, mientras desesperábamos al fotógrafo, tuvimos que volver a enfilar la puñetera calle angosta una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, hasta que por fin al fotógrafo le pareció que la centésima imagen capturada sugería que de ahí podía salir una coalición o algo. El mérito de Pedro y Pablo es aún mayor si se considera que entre nosotros tres existe afecto verdadero y amistad, mientras que ellos dos se odian, se desprecian, pretenden devorarse el uno al otro, y aun así coleguearon con convicción durante su posado para el «couché», que tanto recordaba el de las parejas de nuevo cuño que, para oficializarse, se dejan ver al salir de compras. Pedro y Pablo intentan competir con Isabel y Mario, y perderán.
La impostura, sin embargo, queda delatada cuando, después de mucho pensar qué pueden tener en común la socialdemocracia y su populismo, Iglesias sólo acierta a encontrar un elemento francamente periférico: el baloncesto. Del cual, además, a él le sobra la «cutre pachanga fachosa» que es el himno y que le arruina los partidos de la Ñ, para los cuales preferiría como himno una canción dedicada a la entrañable transparencia del comandante Gasol. La cosa recuerda a cuando las parejas en crisis hacen dos columnas, con los pros y los contras de seguir juntos, y en la columna positiva sólo aciertan a poner que a los dos les gusta el chocolate, mientras que en la negativa aparecen hasta divergencias constitucionales. Porque fíjense en que, puestos a elegir un libro que represente lo que los une, a Iglesias no se le ocurre la Constitución. No en vano, la considera la coartada democrática de una mutación franquista que sólo ETA tuvo la lucidez de combatir con bombas y tiros en la nuca”.
Concluye que:
“No es probable que ni siquiera un candidato tan mendicante como Schz llegue a compartir esta interpretación de un ciclo político del cual sus mayores fueron actores fundacionales. Por eso, es peferible para todos permanecer en el baloncesto, que es un territorio lúdico, inocuo, donde la vieja socialdemocracia europeísta (o lo que quede de ella) y un anacronismo revolucionario del siglo XX, que últimamente legitima hasta la violencia física mientras ésta la perpetre La Gente, pueden fingir por un instante que algo los une. A todas ésas, Rajoy pasea solo, como Françoise Hardy”.
En El Mundo, Raúl del Pozo comenta divertido el carajal político que hay en España y dice que antes, en tiempos de los griegos y de los romanos, era mucho más entretenido:
«Por lo menos tenéis que aceptar que Mariano Rajoy es discreto y no participa en el circo». Para mi confidente en La Moncloa, las últimas escenas de los tres que aspiran a gobernar tienen las características del circo, con contorsionistas y payasos, mientras el presidente del Gobierno rehúye el exhibicionismo mediático. Las encuestas, según este testimonio, les favorecen, mientras Podemos se precipita al abismo. Le recuerdo que eso también lo decían los sondeos en vísperas del 20-D, pero contraataca diciendo: «Eso de que Pablo Iglesias renuncia a la Vicepresidencia es como si yo renunciara a Miss Mundo».
Dice que:
“Nuestra naturaleza está tan ávida de espectáculos como en tiempos del circo romano, o incluso antes, en la época de Pericles. Entonces la democracia era muy divertida y el poder de los rivales podía decidirse con un cuerno. Apareció la cabeza del carnero que no tenía más que un cuerno y el adivino dijo que había dos bandos en Atenas: el de Pericles y el de Melesias, y que el cuerno era señal de Apolo, para que ganara el dueño del morueco. Pero Anaxágoras abrió la cabeza e hizo ver el cerebro, que no rellenaba toda su cavidad, sino que adelgazaba en la punta como un huevo en el lugar en que empezaba la raíz del cuerno. Otra elección divertida fue la de Aristóteles. El filósofo debía designar un sucesor para su escuela y la elección era entre uno de Rodas y uno de Lesbos. Aristóteles deliberó largo tiempo y finalmente pidió que le sirvieran vino de ambas islas; reflexionaba, bebía a sorbos de los dos. Como juzgó a ambos excelentes, le dio la palma al de Lesbos porque tenía más cuerpo. Ahora no pasan cosas tan divertidas como en Atenas, donde nació la democracia y se elegía a generales y jueces por sorteo. Aquí todo es solemne, demagógico, con poses y sofismas, sin que nadie sepa de quién es el cuerno.
«¿De quién es el cuerno?», se pregunta un dirigente de Podemos. «De Ciudadanos, no. Te aseguro que ésta será la semana de pasión y hasta puede que de matrimonio, pero nunca de bigamia. Ciudadanos tiene dos opciones, o seguir siendo un alicatador de la restauración o abstenerse ante un Gobierno de izquierdas, participando en un pacto de legislatura por la regeneración democrática».”
Y remata:
“En Podemos esperan que Pedro Sánchez decida ser desobediente para que haya un Gobierno del cambio. Juan Carlos Monedero, que está sembrado desde que no participa en la grasienta burocracia partidista, me explica con su acostumbrada cortesía: «Pablo Iglesias ha hecho concesiones al PSOE mucho más allá de lo que le gusta a la militancia de Podemos. Decide quedarse fuera del Gobierno y le entrega a Sánchez un margen en fiscalidad, un nivel de déficit a pactar con Europa, reforma laboral y gasto público. Sólo le falta ofrecerle el Camino de Santiago en compañía de Inda a la pata coja».
Esperan que el PSOE esté a la altura, pero ven a Sánchez maniatado por la arrogancia de Rivera, al que llaman «vendedor de preferentes». O sea, que habrá, según los vigías de Podemos, una pequeña gran coalición o nuevas elecciones.”
El único que se sale de esta línea de pactos, negociaciones y demás cháchara irrelevante es Federico Jiménez Losantos que aprovecha el desvío en el déficit para recordarle a Mariano Rajoy sus incumplimientos electorales de 2011:
“Mariano Rajoy viene excusando su inacción política en el Gobierno, entre cuyas manifestaciones destaca la impunidad del golpe de Estado de la Generalidad de Cataluña, en la necesidad de rescatar la economía de la pésima situación en que la dejó Rodríguez Zapatero. «La Economía es lo único importante», ha repetido infinitas veces el presidente del Gobierno, despreciando la institución puramente política del Poder Ejecutivo que él encarna. Con la excusa de atender a la economía, Rajoy traicionó todas sus promesas políticas. Y ayer, Montoro confirmó que también ha incumplido todas sus previsiones económicas.
Como nos hemos instalado, gracias a Mariano y a una ley electoral infame, en una permanente campaña electoral que, de momento, dura seis meses pero que podría durar años, conviene recordar las cuatro promesas del programa electoral del PP, que se tradujeron en la mayoría absoluta de noviembre de 2011: bajada de impuestos y control del gasto público, independencia del Poder Judicial para combatir la corrupción política, luchar contra el separatismo catalán y liquidar el pacto de Zapatero con la ETA. Esas promesas las ratificó Rajoy solemnemente en su discurso de investidura y las respaldó su primer ministro de Justicia, Ruiz Gallardón, con una frase que, apenas pronunciada, estaba pidiendo mármol: «Vamos a acabar con el obsceno espectáculo de los políticos nombrando a los jueces que pueden juzgar a esos políticos».”
Y recuerda que el derroche ha sido la tónica generalizada:
“Pocos meses después el PP, con mayoría absoluta, pactó con todos los partidos -salvo UPyD- el reparto del CGPJ, garantizando la impunidad judicial de la corrupción política. De combatir al separatismo catalán, que se lanzó abiertamente al golpismo, pasamos a financiarlo. El cumplimiento íntegro de las penas por los terroristas devino suelta masiva de etarras, con Bolinaga al frente. Y tras la mayor subida de impuestos de la historia, Rajoy ha incumplido todos los años el objetivo de déficit pactado con la UE, base del rescate financiero que necesitó España. Hemos pagado más que nunca, pero los políticos han derrochado como siempre. Y el que más, Rajoy. Ayer, Montoro dijo que va a embridar el derroche autonómico. Y lo dice después que De Guindos pactara con Puigdemont la financiación del golpismo catalán. La herencia de Mariano será la de ZP: déficit y deuda.”
Artículo en: https://www.periodistadigital.com/periodismo/prensa/2016/04/01/carlos-herrera-cuchillo-contra-pedro-sanchez-irresponsabilidad-sujeto-volvamos-urnas-abc-psoe.shtml
CÓMO PODEMOS PERDER LA GUERRA
Artículo de Carlos López Díaz publicado en Actuall el pasado día 30 de marzo
Las reacciones a los atentados del pasado Martes Santo en Bruselas, como las no-reacciones al atentado contra cristianos del Domingo de Resurrección en Lahore han sido, una vez más, las previsibles. Declaraciones retóricas de condena y gestos sentimentales de solidaridad en un caso; una relativa frialdad en el otro.
No han faltado los opinadores más preocupados por una hipotética islamofobia que por la cristianofobia real, que asesina y desplaza a cristianos por millares. Y no olvidemos a quienes sugieren que algo habremos hecho, que Occidente “recoge lo que ha sembrado”, como dijo Pedro Santisteve, alcalde de Zaragoza.
Significativamente, en su perfil de Twitter, Santisteve sostiene que nuestro modelo social es “radicalmente injusto”. Si esto es así, si el sistema debería reconstruirse desde los cimientos, incluso aunque uno no aprobara los métodos de los terroristas, no sería difícil experimentar una perversa simpatía (en ocasiones poco disimulada) hacia quienes comparten, aunque sea por motivos distintos, los mismos oscuros deseos de demolición.
No se trata sólo (aunque también) de que la izquierda intente reconducir todo debate, venga o no venga a cuento, a su monotema de que la culpa de todo mal la tienen el capitalismo y la Iglesia, sino de que no puede evitar percibir como aliados objetivos a quienes amenazan a sus bestias negras favoritas.
Pero incluso sin entrar a discutir la mayor, cabe señalar que el perfil de los yihadistas no se corresponde con el de víctimas del sistema. Estamos viendo que la mayoría son ciudadanos europeos que han gozado del acceso al sistema educativo y a las prestaciones sociales. Incluso aunque hubieran sufrido severas dificultades, hay que estar muy desinformado o muy ideologizado para ver en tal cosa una explicación del suicidio y el asesinato. Dentro de la cabeza de los terroristas tiene que haber algo más que meros sentimientos de agravio para desencadenar una violencia tan brutal.
Ese “algo” es por supuesto la ideología islamista, según la cual los infieles (es decir, todos quienes no compartimos su fe) debemos someternos a la ley islámica, porque esa es la voluntad de Alá, tal como le fue comunicada a su profeta Mahoma en el siglo VII. La idea es extraordinariamente simple, pero tremendamente sugestiva para cualquiera que busque una fácil vía de escapatoria del desarraigo espiritual.
Los autores de los atentados suelen ser individuos que hasta poco antes habían manifestado escaso celo religioso, pero que de repente encuentran un atractivo refugio identitario en un islam redescubierto por conductos distintos de los tradicionales.
Los objetivos de los yihadistas parecen irrisoriamente utópicos, salvo si nos detenemos a pensar en los 20 millones de musulmanes residentes en la Unión Europea, y en que esta cifra, de por sí creciente, puede aumentar significativamente en poco tiempo, con la aportación de los refugiados que optan por emigrar a nuestro continente, antes que a países geográfica y culturalmente más cercanos.
Uno de los dogmas de la impuesta corrección política es que la mayoría de los musulmanes deploran el terrorismo yihadista. Pero ¿qué pruebas existen de ello? Las declaraciones de portavoces de la comunidad musulmana son de un valor estadístico nulo, por su exiguo número y su carácter políticamente calculado. Lo realmente llamativo es el contraste entre violentas movilizaciones de masas como las que se produjeron contra unas simples caricaturas de Mahoma, y la boca pequeña con la cual algunos representantes islámicos nos comunican que no aprueban matar en su nombre.
De nada sirve negarse a ver los hechos, recurriendo a las etiquetas de ultraderecha y xenofobia para anatemizar a quienes se atreven a enunciarlos sin tapujos. El problema seguirá ahí, y consiste en que hay un elevado número de musulmanes, en Molenbeek y en centenares de Molenbeeks en toda Europa, que no se integran en nuestra sociedad, ante todo porque no lo desean, no porque nadie los discrimine previamente. Aunque a menudo sepan chantajearnos hábilmente con acusaciones de racismo, rara vez fundadas.
Se trata, por decirlo más claramente, de un elevado número de ciudadanos franceses, alemanes o españoles que sólo se consideran franceses, alemanes o españoles a la hora de percibir subsidios o reclamar derechos, no para cumplir las leyes ni respetar nuestra cultura.
Ahora bien, la causa fundamental por la cual nos pierden el respeto es que somos los primeros en no respetarnos a nosotros mismos. Mientras sigamos denigrando sistemáticamente aquello por lo que vale la pena luchar, privándonos de nuestras mejores razones y motivaciones, estaremos perdiendo la guerra que nos han declarado. Es lo que hacemos cada vez que denunciamos nuestra sociedad como un modelo “radicalmente injusto”, y sobre todo cuando persistimos en despreciar nuestras raíces clásicas y cristianas.
En toda guerra trascendental, el factor moral ha sido siempre el decisivo. Una civilización que ha dejado de creer en el Dios verdadero puede caer perfectamente ante otra que cree en un dios falso. No me imagino a soldados luchando con denuedo suficiente, contra fanáticos islamistas, sólo para defender el día del orgullo gay.
A medida que las élites político-burocráticas de la UE, en connivencia con los grupos de presión abortistas, laicistas, LGBTI, etc., profundizan en su agenda de desmoralización (no es casual la acepción militar del término), adquiere creciente verosimilitud la predicción de Edmund Burke acerca de lo que ocurrirá si nuestra civilización se despoja del cristianismo: “es de temer (sabiendo que la mente no podrá soportar un vacío) que alguna grosera, perniciosa y degradante superstición tome su lugar”.
Artículo en: http://www.actuall.com/criterio/persecucion/como-podemos-perder-la-guerra/
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c2.staticflickr.com/2/1695/25561775334_f8819cbcee_b.jpg