Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Esteban en El Norte de Castilla el pasado día 16 de octubre) (*)

Un hombre se detiene brevemente en la puerta de un avión de línea y ofrece sus manos a dos policías para ser esposado. Es un asesino múltiple que mató a toda una familia: a su tío y a la esposa de éste; también a los dos pequeños fruto del matrimonio. A los mayores los trocearía y a todos los metería en unas bolsas. Los investigadores del asesinato están seguros de esto porque encontraron su ADN, no ya en la casa, que podría ser una prueba no necesariamente inculpatoria, sino en la cinta con que había sellado su legado de muerte. Además pudieron seguir la traza de su móvil hasta determinar que estuvo en el lugar del crimen el día mismo del hecho. Así que el caso se consideraba ya cerrado.

Yo me detengo a pensar en lo que es España ahora mismo, cuando las fuerzas del orden son capaces de reunir en unos pocos días pruebas tan contundentes gracias al dominio de los más modernos procedimientos técnológicos. Sé que lo de las huellas dactilares es cosa dominada desde la época de nuestros padres y nuestros abuelos, o sea desde hace hace ya bastante tiempo, pero en este tipo de averiguaciones no basta la paciencia; hay que encontrar las huellas y tratarlas como se debe para que no haya dudas al respecto. En cuanto a la traza del teléfono, confieso que hasta la reciente desaparición de una joven en Galicia yo desconocía incluso que existiesen medios y procedimientos para reconstruir con ellas el pasado. En todo caso la rapidez de las investigaciones contrastando y validando todas estas pruebas con otros muchos datos me parece un indicio de la calidad y la excelente coordinación de nuestra policía.

Mas lo que yo quiero hacer es sobre todo recalcar lo que hay detrás del increíble hecho de que el presunto autor de la masacre volviera a España en cuanto pudo para entregarse por propia decisión a las autoridades del país. Sobre todo teniendo en cuenta que Brasil, lugar de nacimiento del sujeto a donde éste marchó recién cometido el asesinato, no tiene con España tratado de extradición. Así que más de uno se preguntará qué pudo hacer a este hombre echarse en los brazos de nuestra justicia sabiendo que además ésta ya le tenía identificado y teóricamente condenado. La contestación es que, sencillamente, el susodicho prefirió pasar el resto de su días en una cárcel española a hacerlo en una cárcel brasileña, y no me extraña en absoluto después de haber oído en un programa radiofónico el testimonio de varias personas que estuvieron en presidios extranjeros. Créanme que el panorama es pavoroso, pues tanto las prisiones filipinas, como las guatemaltecas e incluso las norteamericanas y otras muchas -casi todas -, arrojan un saldo espeluznante de celdas donde se duerme por turnos o simplemente amontonados y con un olor insoportable, dificultades insalvables para realizar los actos íntimos de higiene corporal, trapicheo de drogas y otras lindezas parecidas… A uno de los reos que había permanecido durante años en penales norteamericanos y acabó recalando aquí en España le costó dar crédito a sus ojos al ver que en su cárcel contaban incluso con piscina.

Y sin embargo ahora nuestros “indignados” piden derechos humanos en el parlamento por una especie de motín “light” realizado por los ocupantes de uno de los centros ad-hoc para emigrantes, es decir, por unos hombres que aunque estaban allí temporalmente por decisión de los jueces según las reglas de la democracia, querían que les dieran inmediata suelta. Un incidente que se disolvería sin la menor violencia – sin quemar una manta o arrojar siquiera un ladrillo – mas que sería aprovechado por los enredadores de “cuanto peor, mejor” para montar el gran “show” parlamentario de quienes ni siquiera respetan su propio reglamento.

Pero, por mucho que nuestros revolucionarios exageren intentando mostrarnos una España mal organizada que viola derechos esenciales, la realidad acaba desdiciéndoles hasta ponerles en el mayor ridículo. Pues acostumbrados como estábamos, no sólo a a salvar la vida de quienes nos vienen en pateras ansiosos de disfrutar de nuestra paz, nuestro clima y nuestros avanzados servicios sociales, sino también a muchos europeos, sobre todo a los exigentes ingleses y alemanes, que esos son de los de “pata negra”, aun nos faltaba que gente de otros países eligieran las cárceles de España en lugar de las propias. Que un asesino nos prefiera es algo como para enmarcar y colgar en los pasillos del congreso para conocimiento y reflexión de nuestros insatisfechos diputados.

Digo yo que algo tenemos que estar haciendo bien para resultar tan atractivos hasta para los asesinos múltiples, realidad ésta que eclipsa incluso a nuestro primer puesto mundial en los trasplantes – dando prueba fehaciente de la generosidad de los españoles y de la eficacia de nuestro tratamiento hospitalario – o al prestigio internacional ganado por el ”know how” de las grandes empresas de obras públicas que en este campo nos sitúan entre las grandes potencias del planeta. Bueno, y a tantas otras cosas más en las que los españoles estamos en vanguardia.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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