En vez de cortesía, “postureo”

Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Puebla en ABC el pasado día 18) (*)

Se ha hablado mucho de la necesidad de diseñar una ley de educación estable y supongo que también a la altura de lo que exige un gran país moderno. Y algunos aportan datos muy concretos que demuestran que nuestro sistema actual es deficiente: ahí tienen ustedes ese informe vergonzante que nos viene de Pisa y que da idea de lo mucho que hay que reformar. Para mayor abundamiento, las palabras “reforma” y “regeneración” no cesan de oírse entre nuestros políticos, así que lo normal sería desterrar la zafiedad y las malas maneras de los comportamientos habituales. Ahí está nuestro parlamento como foro perfecto para hacerlo aprovechando la representación otorgada por la “ciudadanía”. Y sin embargo es precisamente ahí donde nos darnos de bruces con una realidad indeseable: que una buena parte de quienes hablan por nosotros y debieran reflejar nuestras maneras de interpretar la convivencia son literalmente unos “mal educados”.

La expresión parece fuerte y efectivamente lo es, pero tenemos que admitir la realidad tal como se viene produciendo. Porque díganme ustedes, queridos e improbables lectores de este artículo: ¿Cómo podremos educar a las nuevas generaciones de españoles a partir de la ley si ésta es elaborada por gente que no sabe convivir sin molestar a alguien? ¿Por ventura son el mejor modelo para nuestros jóvenes estos “rufianes”, estos tuiteros de la malababa, estos ediles meones y chistosos del mal gusto, estos líderes con pinta de desgarramantas, estos fulanos de las camisetas serigrafiadas que apoyan a los delincuentes y asaltan los supermercados, estos portadores de banderas inconstitucionales; es decir, esta panda de gañanes que se permite faltar al respeto a las instituciones del Estado? ¿Podremos aún sostener con ellos aquello de que “hay que predicar con el ejemplo”?

Ahí tienen ustedes el nuevo parlamento en su reciente jornada inaugural: ustedes habrán visto que hasta los porteros de las discotecas exigen ciertas formas para entrar en su establecimiento, y sin embargo aquí algunos mastuerzos, además de montar un espectáculo, se permiten representarnos en un acto público como si se tratara de un botellón o de una barbacoa. Claro que entre ellos hay expertos en invadir la propiedad ajena y aun en quemar contenedores y reventar cajeros automáticos. Y otros abjuran de su propia patria.

No creo que a nadie le sorprenda que yo dé por supuesto que todas estas cosas responden a un deseo incontenible de violar la dignidad de nuestras instituciones aprovechando la contención del resto de la gente como es norma en todas las naciones en que impera la buena educación. La necesidad de dotar al parlamento de un ambiente de respeto y cortesía compatible con la libertad de expresión y otras libertades parecidas siempre se revistió de ciertas expresiones y comportamientos propios de un país civilizado. Así se han evitado situaciones indeseables que desprestigiarían a quienes tienen la responsabilidad de orientar nuestro futuro y encauzar los problemas de nuestra convivencia; es decir, para lograr precisamente lo contrario de lo que vemos desde la llegada al poder de los nuevos bárbaros apoyados por los tontos útiles. Porque supongo que todas y cada una de nuestras supuestas señorías se duchará y se pondrá un atuendo ad-hoc para asistir a una fiesta de invitado, sea ésta la de la entrega de los Goyas o la del cumpleaños de un vecino, y se contendrá a la hora de insultar a los demás. Incluso empleará cierta cortesía al tratar con el portero de su casa o con el camarero de la cafetería. Pero lo que hacen sus señorías con sus compañeros de trabajo y no digamos con Su Majestad el Rey es en el fondo un gesto obsceno que en este caso se dirige a todos y cada uno de los españoles para jactarse luego de “su valentía”, a la manera del gamberro que disfruta destrozando algo que tiene por ajeno o le supera.

Dado lo cual uno vuelve otra vez a preguntarse aquello de “por qué ahora sí y no antes” y si nuestras instituciones no debieran parar los pies de vez en cuando a quienes se dedican a estimular el enfrentamiento en vez de contribuir a un ambiente de trabajo y responsabilidad que favorezca el conseguir los objetivos que a todos los españoles interesan. Y nos preguntamos si con sus tabernarios gestos estos maleducados creen de verdad representar a los votantes que en su día les darían apoyo, puesto que, si esto fuera cierto y sus actitudes y comportamientos respondieran a los de sus representados, tendríamos que lamentar algo que me resisto a admitir como posible: la existencia de una “ciudadanía” ignorante y mal formada; generadora de la desunión e incapaz de producir los cambios necesarios para conseguir un mejor sistema educativo y toda esa “reforma” y “regeneración” de la que tanto se habla.

PS: En resumidas cuentas me resisto a admitir que gran parte de los españoles que gritaron “no nos representan” se sienta ahora bien representada por esta panda de maleducados y retrógrados.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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