Agustín Redondela, en la galería Rafael

Por José María Arévalo

( Sepúlveda. Acuarela de Agustín Redondela en la exposición de la Galería Rafael) (*)

Hace unas semanas les invitábamos a descubrir las acuarelas de un pintor fallecido hace un año, Emilio Tejeda, y también a poco más de un año de su fallecimiento podemos ver ahora las de otro gran acuarelista, Agustín Redondela, que nos ofrece estas Navidades, hasta el 7 de enero, la galería Rafael, en la vallisoletana calle de Miguel Iscar. Se trata de una colección de más de treinta óleos y acuarelas de todas las etapas de la trayectoria pictórica del pintor, de formación prácticamente autodidacta, que está considerado como uno de los más originales paisajistas españoles del siglo XX.

Agustín González Alonso, más conocido como “Redondela”, nació en Madrid en 1922 y falleció en la misma ciudad el 4 de abril de 2015. Sus acuarelas, muchas de paisaje urbano, me recuerdan el estilo que años después pondría de moda Manel Plana, en las que, en base a un realismo subjetivo, usan ambos un sencillo lenguaje expresivo de formas muy simplificadas. Pero mientras en Plana el color es lo definitorio, y pinta casi siempre al natural, Redondela mantiene unos tonos pardos propios de los temas castellanos que interpreta, y pinta de memoria. En una entrevista que le hizo, a sus 85 años, Héctor Martín, éste le preguntó qué significado tenía lo que escribió de él el poeta José Hierro en 1979: “Redondela pinta lo que ya no ve… No pinta el paisaje que ama, sino su amor al paisaje”. A lo que contestó: “El significado es que yo pinto mucho con el recuerdo. Yo al natural no hago más que apuntes, y luego lo trabajo en el estudio. Es el recuerdo lo que tiene más influencia en mis cuadros. El recuerdo buscando pintura, que a mí es lo que más me interesa, y conservando una personalidad que tiene que tener todo pintor; buscando un sentimiento y una calidad”

Redondela se formó junto a su padre, el pintor y escenográfo José González Redondela, trabajando con él como ayudante en la creación de decorados, primero en Madrid y luego en San Sebastián. Finalizada la guerra civil regresaron a Madrid, donde Agustín asistió a clases nocturnas en la Escuela de Artes y Oficios con el paisajista José Ordóñez. Decidió no entrar en la Escuela de Bellas Artes, para poder seguir ayudando en el negocio familiar. En 1945 envió un cuadro a la Exposición Nacional de Bellas Artes firmado con el seudónimo heredado de su padre (Redondela), que ya siempre conservará.

( Óleo de Agustín Redondela en la exposición de la Galería Rafael. 40 x 33) (*)

A finales de aquel año presentó su primera exposición individual en la Galería Estilo de Madrid, y en esa época entró en contacto con los miembros de la Escuela de Madrid, que se sentía heredera de la Escuela de Vallecas, si bien la obra de Redondela difiere de la de los maestros Benjamín Palencia y Daniel Vázquez Díaz, y de la de sus compañeros de generación, algunos de ellos entrañables amigos: Cirilo Martínez Novillo, Luis García-Ochoa, Juan Guillermo, Francisco San José, Álvaro Delgado y Menchu Gal, componentes medulares de dicha «Escuela de Madrid». Con ellos celebraba una tertulia de aquellos pintores que se sentían “vanguardistas, porque en esos años –como dijo en aquella entrevista- la pintura en España era muy pobre y muy académica, sujeta a las normas establecidas por las academias de pintura, y nosotros fuimos una renovación de la pintura; y todavía había algunos críticos en España que nos ponían verdes”.

( Segovia. Grabado de Agustín Redondela en la exposición de la Galería Rafael) (*)

Así que fue tras la guerra civil cuando su obra aparece con nombre propio. En aquel 1945, además de su primera individual en una galería, ya hemos dicho que presentó un cuadro en la Exposición Nacional de Bellas Artes, de Madrid. En 1947 la Academia Breve de Crítica de Arte de Eugenio d’Ors lo incluye en el Salón de los Once, a raíz de lo cual su pintura despega. En 1952 obtuvo el Premio Acuarela del Ateneo madrileño; al año siguiente el Nacional de Pintura y en 1954 el de la II Bienal Hispanoamericana, además de la Beca Catherword Foundation de Filadelfia que le abrió el camino a los Estados Unidos.

En 1996, la Real Academia de San Fernando le concedió el premio «José González de la Peña». Finalmente, con más de treinta exposiciones individuales y otras cincuenta colectivas, alcanzó el cenit de su carrera en 1998, cuando el Centro Cultural de la Villa de Madrid le dedicó una Exposición Antológica.

( Acuarela de Agustín Redondela en la exposición de la Galería Rafael) (*)

Fue un profesional abierto a todas las técnicas y como ilustrador dejó su impronta en libros como ‘Viaje a la Alcarria’ de Camilo José Cela, y como escenógrafo: ‘Caperucita asusta al lobo’ de Jacinto Benavente; ‘La Muralla’ de Joaquín Calvo-Sotelo; ‘El amor de los cuatro coroneles’ de Peter Ustinov o ‘En día de abril’ de Dodie Smith. Su obra, en colectivas e individuales, se han ido mostrando en espacios españoles y extranjeros, en bienales como la de Venecia o Hispanoamericanas, y forma parte de colecciones públicas y privadas. Para Agustín Redondela la pintura ‘es dejar el alma en lo que haces; la pintura que no me emociona, que no me dice cosas, no me interesa’.

En esta exposición, ahora, hay óleos, acuarelas y grabados en muy diversos formatos y precios, desde 500 a 8.000 euros, así que pueden ser un buen regalo de Reyes. Un acierto de la Galería Rafael, esta selección tan significativa de la obra de Agustín Redondela, que falleció, a los 92 años de edad, hace poco más de un año, y cuya muerte no ha hecho más que agrandar su figura.


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