La Toma de Granada

Por Javier Pardo de Santayana

( La rendición de Granada, óleo de Francisco Pradilla) (*)

No ha mucho que comenté en este blog de mis entretelas el insólito hecho de que en España se fomente una leyenda negra autóctona, no atribuible sino marginalmente a la foránea. Lo hacía con ocasión de una nueva y falaz versión de la que con el mismo título – “Los últimos de Filipinas” – había sido rodada por Luis Lucia; aquélla que nos cautivó con el “Yo te diré…” y sólo pasados unos meses después de que un premiado director español nos regalara aquella píldora de que en caso de un ataque contra España él se situaría del lado del enemigo. Sí que obtuvo el pretendido obsequio de hacer titulares, que es lo suyo, así que todos contentos como de costumbre.

Ahora, lloviendo ya sobre mojado, nos llega otra noticia; la de una feroz lucha entre los que pudiéramos llamar “normales” y la legión de malababas y de tontos útiles a los que ya estamos bastante acostumbrados. Me entero de ella por un mensaje de Internet, e indago en Yahoo para profundizar en el asunto: resulta que todos los años, y entiendo que en éste con mayor intensidad que en otros precedentes, los que ustedes conocen han armado pata para oponerse a la tradición de celebrar la Toma de Granada. A ella se oponen los de siempre con el apoyo de los consabidos, incluido un afamado ex-presidente de la UNESCO. Por lo visto, una celebración como ésta es algo propio de gentes perversas, belicistas y xenófobas que no reprueban lo que hicieron nuestros predecesores expulsando a los moros que la tuvieron invadida nada menos que ochocientos años.

Y, la verdad, no me ha extrañado a fuerza de conocer situaciones parecidas. Pero mire usted si andaría yo confuso que antes había puesto negro sobre blanco, como se dice ahora, algo así como que la toma de Granada era uno de los grandes hitos de la Historia. Recuerdo que lo hice en tiempos en los que los españoles nos incorporábamos a un gran proyecto que traería prosperidad y, sobre todo paz a Europa. Ya no se acordarán ustedes de cuáles fueron sus padres y mentores, así que me permito el repetir sus nombres: se llamaban Jean Monnet, Robert Schumann, Alcide de Gasperi y Konrad Adenauer entre otros, y perdónenme por traerlos ahora a colación cuando según algunos de nuestros políticos deberíamos haberlos borrado ya de la Memoria Histórica.

Decía yo entonces que una de las grandes aportaciones al proyecto de una Europa unida había sido la recuperación de su cultura en las fronteras naturales para proyectarlas luego al Nuevo Mundo y aún más allá de éste. Pero ya veo que andaba equivocado. Fíjense ustedes en la paz que reina en nuestros días en los espacios hoy ocupados por los sucesores de nuestro llorado Boabdil. Mis improbables lectores saben cuánto he lamentado sus luchas intestinas y sus invasiones mutuas, y aun así confieso haberme equivocado al exagerar las consecuencias de sus operaciones de degüello de extranjeros y de sus propios ciudadanos; pecadillos que tan sólo empañan una actuación poco menos que impecable.

Pero lo que me extraña de verdad es que de los actuales dimes y diretes sobre la Toma de Granada nada encontrase en mi diario habitual, por lo que pienso que lo más probable es que su línea editorial no concuerde con la de los indignados, uno de cuyos gerifaltes desea ardientemente que la lucha del pueblo en cuestión “crezca en todo el continente, y salte como la pólvora a Europa y a Estados Unidos”. Aunque la verdad es que ya había ocurrido esto el 11 de septiembre del año 2001, el mismo día del mes de marzo del año 2004, y el año pasado en París, NIza, Bruselas, Munich. Berlín y diferentes puntos de Turquía. Y no no se trata sólo de eso, sino que además se nos exige pedir perdón por nuestra Reconquista.

De ahí que a mí se me ocurriera que lo que el director de mi periódico quiso evitar fue que, quien así se expresaba sin que mis conciudadanos le persiguieran a gorrazos, ganara audiencia a golpe de titulares efectistas. Al fin y al cabo, si es español lo será por mandato constitucional.

El escenario se completa con rasgado de vestimenta por parte de algunos tontos útiles como contestación a las palabras pronunciadas por una antigua presidenta madrileña que acostumbra no tener pelos en la lengua. La cual señora, ante exquisiteces del calibre de éstas osó decir que si no fuera por la Toma de Granada seguramente no disfrutaríamos de la libertad de la que ahora disfrutamos. Y ahí tienen ustedes a nuestros corresponsales de Yahoo conmocionados por tan inadecuada intervención. “Ataque al Islam de Fulanita” llegaron a decirnos.

Así que me pregunto: “¿Cómo se la ocurriría tal cosa a nuestra ex presidenta teniendo el democrático y alentador ejemplo de nuestros propios vecinos, quienes, tras oír las voces de su pueblo, tuvieron el inmenso detallazo de suprimir un programa de televisión en el que se proponían ideas novedosas para disimular los estragos de los golpes del marido en la fisonomía de la esposa? He aquí un ejemplo de libertad sublime incluso en el discreto ambiente familiar: la libertad de mantener la autoridad paterna juntamente con la de utilizar cremas y maquillajes para recuperar la belleza femenina disimulando cortes y hematomas cuando para ocultarlos bastaría con echarlas un buen burka encima de los hombros.

Ahora ya se comprende el entusiasmo de los indignados de los puños en alto y los deseos de alcanzar el cielo – es decir, de los de la pandilla del tic-tac y sus adláteres más los consabidos “tontos útiles” – a la hora de desear un buen futuro a sus conciudadanos. Pidamos pues, cuanto antes, el perdón que nos vienen exigiendo, y resignémonos humildemente a que nos traten a todos como a sus mujeres si es que no nos degüellan como hemos visto tantas veces en la pantalla del televisor.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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