El Rezongón. Barruntos de mal agüero

Por Carlos de Bustamante

( Viñeta de Caín en La Razón del pasado día 31 de enero) (*)

Dice la sabiduría popular “que más sabe el diablo por viejo que por diablo”. Como el diablo, queramos o no ciertamente existe, digo, lo que dice la sabiduría popular, y dice bien. Sin ser diablo este Rezongón empedernido, sí es viejo. Si no de espíritu, lo es de cuerpo y edad. Por muy primaveras que sean, ochenta y tres son primaveras, veranos, otoños e inviernos de viejo. Cuando me dicen “no, si de cuerpo estás roto, pero de cabeza, como un chaval”. Vanidad de vanidades, porque el Rezongón se pone hasta tiesecillo…, pero viejo.

Pero oigan, ¡que no creo ser diablo! Con imperfecciones mil, sí, pero no, diablo no. Entonces, ¿Sé o no sé, mucho…? Más que saber, diría y digo, que por experiencia, barrunto. Digo, que el Rezongón (y no yo) barrunta. ¿Qué qué barrunta…? Enseguida. Hasta en demasía creo haber rezongado en este blog de los que, sin ánimo de ofender llamé tontos útiles: los que por denostar al gallego, dieron alas y votos a la oposición.

Pese a todo, ganó, sí, las elecciones, pero con margen insuficiente para formar nuevo gobierno; ni en solitario, ni en coalición. Porque si no le hubieran puesto “a caer de un burro”, otro gallo nos cantara y otra gallina nos cacareara (Carpanta dixit). El “¡todos contra el PP!” y su presidente era y es un clamor. Coreado en el no va más de la tontuna por los que denominé tontos útiles. El resultado vaticinado hasta la saciedad y barruntado por este Rezongón estaba bien a la vista. La propuesta del ínclito opositor era clara: formar coalición con Izquierda unida- Podemos, hasta completar ¡cuarenta y cuatro! grupúsculos de partidos, pero con mayoría Absoluta para derrocar al gallego y su “derecha…” (que es de lo que desde siempre han tratado).

Los barruntos eran de tal gravedad que creo muy corto denominarles de mal agüero. “Sólo propuesta”, sí, pero suficiente como para que España entera se estremeciera. Y no precisamente de sólo miedo, sino de verdadero horror a que esta España nuestra volviera a soportar en las propias carnes de los verdaderos españoles el horror si no vivido plenamente, sí sufrido por el Rezongón. De sobra saben a qué me refiero. De donde se deduce lo acertada de la sentencia dicha de la sabiduría popular: “que más sabe…”.

Veamos: No pensaba dimitir, tampoco pedir permiso. Se mantenía en el “no” a Rajoy y estaba decidido a intentar formar un Gobierno en España con Podemos y los independentistas catalanes (y vascos), ya que Ciudadanos se auto-descartó en aquel momento de un acuerdo en el que estuviera Podemos.

De tal postura, le vinieron al Rezongón los fundados barruntos. Pero como nunca pierde la esperanza, veía una tabla de salvación: El mal pronóstico que las encuestas daban al PSOE –en Galicia, tercera fuerza, por detrás de PP y En Marea-Podemos; en el País Vasco, cuarta fuerza, por detrás de PNV, Bildu y Podemos– podía hacer que los críticos con Pedro Sánchez pasasen de las palabras a acciones concretas para deponerlo como secretario general, facilitando, así, la investidura del gallego mediante la abstención del grupo socialista. El intríngulis estaba en si “caerá o no esa breva”. Lo del viejo y el diablo, le decían al Rezongón que no. Y es, que normalmente la historia se repite; y ésta, más reciente por mor de la “memoria histórica”, no era como para ser en exceso optimistas.

¿Qué sucedería con esta improbable (¿) caída de la breva?: un gobierno de centro-derecha en minoría con una oposición implacable. O de no caer el susodicho fruto, un gobierno de “agárrate y no te menees” de extrema izquierda comunista- marxista del más puro cuño estalinista. O sea, “El paraíso… de las checas, incendios de iglesias, asesinatos del clero y demás lindezas sufridas por el viejo Rezongón.

Si Sánchez se salía con la suya, y los llamados “barones” del PSOE no lo frenaban, en España solo quedarían dos salidas: un Gobierno de extrema izquierda, o unas terceras elecciones generales en diciembre. Todo ello, ¡un verdadero disparate! Obra en parte- insisto- de los tontos útiles. Los que, una de dos, o de verdad, y sin perdón, lo son, o, – como Abundio que fue a vendimiar y llevaba uvas de merienda-, lo parecen…

No viene mal recordar lo ocurrido. Todos estos barruntos se renuevan ahora en que el ínclito Sánchez repite el “no es no” en su campaña por volver a ocupar la secretaría general del partido ¿Vuelve a repetirse la historia?

Pues aunque para algunos no se lleve, “que Dios nos coja confesados”…


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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