25 años D.O. “Cigales”. 10. La reestructuración del viñedo. I. Historia

Por José María Arévalo


( Estructura actual del parcelario de viñedos de la bodega Museum en Cigales) (*)

Todavía dentro del primer capítulo, “Constitución y evolución de la D. O. Cigales”, del libro conmemorativo “La comarca vitivinícola de Cigales: viñedos, bodegas y vinos. 25 años de la D.O. Cigales” que venimos reseñando, encontramos un muy interesante estudio de don Julio Fernández Portela titulado “La reestructuración del viñedo y las nuevas bodegas en la comarca de la D. O. Cigales: permanencias y transformaciones en el paisaje de la vid y el vino (1988-2016)”. Fernández Portela es profesor del Departamento de Didáctica de las Ciencias Experimentales, Ciencias Sociales y de la Matemática en la Facultad de Educación, Campus Universitario Duques de Soria, de la Universidad de Valladolid. Este trabajo se enmarca dentro del proyecto titulado “Cartograíía y catastro de los sitios reales españoles y sus entornos (siglos XVI-XIX): tradición e innovación”.

Dada su extensión lo reproducimos en tres artículos, que publicamos en semanas sucesivas. Este abarca la primera parte del trabajo, referida a los aspectos históricos hasta la constitución de la D.O. “La industria de la vid y el vino –comienza el profesor Fernández Portela- en las llanuras del Duero ha experimentado profundos cambios a lo largo de la historia. Desde la producción de vinos para el autoabastecimiento hasta la elaboración de caldos de calidad, han pasado muchos siglos y se han acometido transformaciones muy relevantes en las estructuras productivas de las diferentes bodegas presentes en la región”.

“Sin duda alguna –continúa-, la evolución sufrida por este sector ha sobrepasado la propia actividad vitivinícola y ha conseguido cambiar de forma sustancial las comarcas tradicionales productoras de vino, además de modernizar sus estructuras socioeconómicas y diversificar el tejido económico y empresarial con nuevas actividades relacionadas con el mundo del vino que han ayudado a incrementar las rentas agrarias, y en algunas ocasiones a fijar nueva población o mantener la existente entre otros aspectos.

El nombramiento de las primeras denominaciones de origen en Castilla y León a partir de la década de 1980 supuso un cambio clave en esta industria. Rueda fue la primera en 1980, seguida de Ribera de Duero en 1982, y no fue hasta 1991 cuando se aprueba el reglamento de la D. O. Cigales. En la actualidad, esta región cuenta con 12 denominaciones de Origen y una Indicación Geográfica Protegida, situación que refleja que la pervivencia del viñedo se produce gracias a su pertenencia a algunas de estas figuras de protección que ayudan a la comercialización de los vinos que se elaboran, pues en aquellos territorios que no poseen ninguna de ellas, la superficie de viñedo disminuye de forma drástica, llegando incluso a desaparecer, como ha ocurrido en muchas localidades de la Tierra de Campos, o del Cerrato, trasladándose los derechos de estas plantaciones a los explotaciones que proliferan a lo largo de la ribera del río Duero, en especial en las D. O. de Rueda y Ribera del Duero.

Esta industria de calidad desencadenó un proceso de modernización e innovación importante en la industria vitivinícola a través de una serie de agentes implicados en este proceso como son los bodegueros, los viticultores o las administraciones públicas, que ha tenido consecuencias positivas en este sector por la atracción de capital exógeno, la expansión de los mercados, la promoción del producto en diversos eventos y plataformas digitales, la incorporación del personal cualificado para desempeñar las diferentes tareas en el campo y en la bodega, la formación de nuevos viticultores o la diversificación económica de esta actividad principalmente hacia el ámbito del enoturismo (Alonso et al., 2003).

En este marco se encuentra la D. O. Cigales, un espacio productor que, reconocido como D. O. posee 25 años, aunque la tradición en el cultivo de la vid y de la elaboración del vino en esta comarca del Bajo Valle del Pisuerga hunde sus raíces en el siglo IX.

El nombramiento de la D. O., así como la adhesión a otros sellos de certificación y marcas de calidad como Tierra de Sabor, han ayudado, y lo siguen haciendo, a promocionar los productos agroalimentarios autóctonos de forma fiable y segura, fomentando este tipo de industria y revalorizando el potencial endógeno que poseen los municipios en los que se asientan (Tolón y Lastra, 2009). Esto ha permitido la modernización del sector vitivinícola con la renovación de las bodegas introduciendo los sistemas más actuales en las técnicas de vinificación y de conservación del vino; nuevos sistemas de plantación en espaldera; o la incorporación de personal cualificado de diversas ramas del sector, lo que ha permitido crear un tejido económico más sólido, complementario a esta industria. Aunque Cigales se encuentra distante respecto a la situación existente en la Ribera del Duero o Rueda, sigue la senda que antes han recorrido estas D. O., y poco a poco está consiguiendo abrirse un hueco en el panorama vitivinícola nacional e internacional con la elaboración de vinos rosados y tintos, pero también, en menor medida, de blancos y espumosos.

ÁREA DE ESTUDIO

La Denominación de Origen de Cigales engloba a doce municipios localizados en el Bajo Valle del Pisuerga entre las ciudades de Valladolid y Palencia. Once municipios pertenecen a la provincia vallisoletana: Cabezón de Pisuerga, Cigales, Corcos del Valle, Cubillas de Santa Marta, Fuensaldaña, Mucientes, Quintanilla de Trigueros, Santovenia de Pisuerga, San Martín de Valvení, Trigueros del Valle y Valoria la Buena. A todos ellos hay que añadir un pequeño pago perteneciente a la localidad de Valladolid conocido como «El Berrocal», por lo que se puede decir que son doce municipios vallisoletanos. Finalmente se encuentra Dueñas, el único municipio que pertenece a la provincia de Palencia.

Este territorio se caracteriza por una buena localización. Cómo se ha comentado, los viñedos de la D. O. Cigales se extienden a lo largo de este corredor, entre los páramos de Torozos y el Cerrato, y comunica ambas capitales castellanoleonesas a través de la Autovía A-62 (Autovía de Castilla), por ella trascurre el ferrocarril de la línea Madrid-Hendaya, el río Pisuerga y el Canal de Castilla. En definitiva, un enclave geográfico privilegiado en todos los sentidos, en accesibilidad, comunicación, y en recursos naturales gracias al río Pisuerga, y en especial en los suelos, presentado unas características físico-químicas idóneas para el cultivo de la vid en las diferentes terrazas fluviales que ha ido formado el río con el paso del tiempo.

El periodo de estudio escogido para este trabajo se centra en casi treinta años (1988-2016), es decir, desde los años previos a la conformación de la D. O. y la aprobación de sus estatutos, hasta la actualidad, momento en el que cumple su veinticinco aniversario. Alrededor de tres décadas muy representativas en la historia de la D. O. en la que se han producido transformaciones claves en todas las escalas y en todos los ámbitos.

La información utilizada para esta investigación procede de diversas fuentes destacando el Consejo Regulador de la D. O. Cigales. También se han consultado otras bases estadísticas como los Documentos 1 T de la Junta de Castilla y León de diversos años, y los Censos Agrarios de 1999 y 2009, así como las páginas web de las diferentes bodegas que componen este espacio de calidad obteniendo información de carácter cuantitativo como por ejemplo la superficie total de viñedo inscrita en la D. O., el tamaño de las explotaciones y de las parcelas, la distribución de las bodegas y de la superficie a nivel municipal, etc., cifras que, gracias a los Sistemas de Información Geográfica (SIG) se han podido plasmar en una serie de cartogramas que permiten ver su distribución espacio-temporal en la comarca.

A todo esto, hay que añadir el trabajo de campo realizado, y que ha consistido en entrevistas a personal cualificado como son los viticultores, bodegueros, técnicos de turismo, representantes políticos, etc., que han proporcionado una valiosa contribución para poder entender el proceso ocurrido en esta comarca de vides y vino.

LAS RAÍCES HISTÓRICAS DE LA VID Y EL VINO EN LA COMARCA: DESDE SU ORIGEN HASTA LAS DENOMINACIONES DE ORIGEN

El arraigo histórico en el cultivo de la vid y en la elaboración de vino en la comarca de la actual D.O. Cigales se remonta al siglo X. La historia vitivinícola de este territorio no puede entenderse si no se tiene en cuenta lo que ha sucedido en el resto del espacio regional, y en algunas ocasiones, de lo ocurrido en el conjunto nacional (Fernández, 2014a). Sin duda alguna, la llegada de la filoxera a finales del XIX y comienzos del XX, y la crisis del medio rural de mediados del XX, fueron dos de los acontecimientos que provocaron descensos importantes en la superficie de viñedo, y supusieron un cambio trascendental, no solo en el cultivo de la vid, sino también en el ámbito social, cultural y económico de numerosos municipios de la región.

Sin embargo, antes de estas crisis, hay que explicar cómo se fueron conformando los viñedos en las llanuras centrales del Duero. Castilla se había convertido en una tierra de paso entre el norte y el sur para las tropas musulmanas que había invadido la Península Ibérica y que querían conquistar Asturias, por lo que el interior de esta región había quedado arrasado y se había convertido en lo que algunos investigadores como Huetz (1967 a y b) denominaron «Tierra de nadie». Esta idea la comparten otros autores como Valdeón (2006), que dice sobre este territorio lo siguiente: «la Cuenca del Duero pasó a ser, a raíz de aquellas campañas, una zona intermedia entre al-Ándalus y el incipiente reino Astur» (56), un espacio en el que se destruyeron pueblos y cultivos a causa de las diversas batallas que se libraban entre ambos bandos.

El año 728 supuso un antes y un después en este momento histórico, se produjo la batalla de Covadonga con victoria de los cristianos en detrimento de los árabes, y comenzó la Reconquista. En este proceso, Castilla jugó un papel trascendental, pues a lo largo de su territorio se fueron creando y consolidando poblaciones y monasterios que permitieron asentar nuevos pobladores, gracias a la puesta en marcha de tierras destinadas al cultivo, y en especial, viñedos, pues utilizaban el sistema de presura y la plantación de viñas a medias, lo que permitió la configuración de grandes centros de producción de vino como la Tierra de Medina, el Valle del Duero vallisoletano y burgalés, y en menor intensidad, la comarca de Cigales.

La actividad repobladora tuvo en la Iglesia su principal aliada para restablecer la población en el entorno del valle del Pisuerga, y en especial, en los monasterios de San Isidro de Dueñas o Santa María de Palazuelos en Corcos. El cultivo del viñedo era considerado un elemento clave en el proceso de repoblación, pues desde la plantación de las viñas hasta obtener los primeros frutos podían transcurrir hasta cinco años, por lo que la población tenía que permanecer en la villa para rentabilizar el cultivo. A la actividad religiosa hay que añadir la nobiliaria, muy arraigada en este territorio, que a partir del siglo XV comenzó a adquirir mayor peso gracias a la edificación de imponentes castillos y fortalezas como la de los Robles de Guevara en Trigueros del Valle o el castillo de Fuensaldaña mandado construir por la familia Vivero, a los que hay que sumar los de San Martín de Valvení perteneciente a la familia Zúñiga, y el de Mucientes, algo anterior, del siglo XlV, y que fue entregado por el Rey Alfonso XI de Castilla a su Mayordomo Mayor Alvar Núñez Osario, de ambos solo quedan ruinas en la actualidad, y del completamente desaparecido castillo de Dueñas, del siglo IX, ubicado en lo alto del pueblo, en las inmediaciones de lo que se conoce como cerro de Pico Castro, y que fue reconstruido por el monarca astur-leonés Alfonso III cuando repuebla la zona y la ciudad de Dueñas, junto con Zamora y Simancas (Sampiro, 866-999); a estos castillos y fortalezas hay que añadir los palacios y la multitud de casas blasonadas existentes, destacando el palacio de los Condes de Buendía en Dueñas o el de los Vizcondes de Mendoza en Valoria la Buena. Esta importancia nobiliaria y religiosa fue fundamental para la expansión del cultivo del viñedo, pues el clero y la nobleza contaban con capital necesario para poder acometer las inversiones necesarias que requerían los viñedos, además de ser importantes consumidores de este producto, lo que hacía necesario el cultivo de la vid para su posterior transformación en vino «Todo el trabajo que supuso el hacer fructificar las tierras abandonadas no habría podido llevarse a cabo sin la organización y el fuerte impulso del clero» (Huetz, 2005:129).

Esto permitió asentar las bases de un cultivo que comenzó una fuerte expansión alcanzando su máxima superficie a finales del siglo XIX, pasando de las 150.000 hectáreas de viñedo a las 300.000 en toda Castilla y León (Piqueras, 2005). Un importante crecimiento que tuvo su origen en la invasión de los viñedos franceses de un insecto llamado filoxera, destruyendo la práctica totalidad de sus plantas. Lo que supuso un desastre para el país galo, para España fue una época de esplendor, pues se enriqueció al tener que hacerse cargo de una parte considerable de la demanda de vino de los franceses, grandes consumidores y productores en este periodo.

Pero esta «época dorada» como algunos la calificaron llegaba a su fin, pues, a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, la filoxera llegó a España y causó un estrago similar a lo acontecido en el país galo. En la Península Ibérica este insecto entró en un primer momento por el puerto de Málaga, pero también encontró las puertas abiertas en la frontera entre España y Francia, en la provincia de Gerona, y a través de Gounvinhas, cerca de Oporto, en Portugal. Estos dos últimos focos fueron los que afectaron a los viñedos de la Cuenca del Duero, y por ende, a los de la comarca de Cigales. La pérdida fue irreparable, y nunca se consiguió replantar toda la superficie que quedó destruida. A esta crisis de la filoxera le sucedió, medio siglo después, a mediados del XX, la crisis del medio rural. Como se ha comentado, el viñedo nunca recuperó esas 300.000 hectáreas que tenía antes de la filoxera, y se vio de nuevo inmerso en un periodo de retroceso. En esta ocasión motivado por las diferentes políticas agrarias que se pusieron en marcha para la modernización del campo como la concentración parcelaria, la política de regadíos o la mecanización, lo que supuso un abandono del medio rural conocido como éxodo rural. De nuevo el viñedo se vio afectado por estas iniciativas, y se abandonaron viñedos y bodegas en la mayor parte de los municipios de la región, desapareciendo por completo en muchos de ellos, en especial en la Tierra de Campos, en los Valles de Benavente, las Arribes o Cebreros, lugares donde el cultivo de la vid y la producción de vino habían tenido un peso muy significativo en la vida social y económica de sus moradores.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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