Equívocos publicitarios

Por Javier Pardo de Santayana

( Reflejos en la Gran Via I. Acuarela de Francisco José Castro en acuarelasfjcastro. blogspot.com) (*)

Ya he dicho repetidamente que cada vez entiendo menos lo que me rodea, y que una de las ocasiones en que esto me sucede es cuando observo la publicidad. Mi hijo suele decirme que no es de extrañar puesto que uno de los criterios publicitarios más utilizados consiste precisamente en llamar la atención mediante la inclusión de equívocos y distorsiones. Así que se tiende a despreciar la lógica.

No me referiré en esta ocasión al hecho de que en la televisión encadenen los anuncios sin marcar el final de uno y el comienzo de otro, lo cual suele dejarme algo perplejo, o que los oiga sin enterarme verdaderamente de lo que es publicitado. Esta vez mis comentarios me han sido sugeridos por la radio y la contemplación de los comercios de una gran superficie comercial.

Usted lo entenderá, improbable lector mío: por ejemplo, se levanta usted y oye un mensaje orientado a convencerle de que venda su coche a una determinada empresa, y ni siquiera intentarán convencerle de los precios ofrecidos para desembarazarse, como sería mi caso, de un automóvil que ha superado ya todos los límites. Ni una mala explicación darán sobre los precios o las condiciones en que lo comprarían, siquiera para dar una ligera idea sobre quienes pudieran estar interesados por la oferta. Se limitan simplemente a repetir que compran nuestro coche; eso sí en inglés, quizá porque la gangosa insistencia de la frase “we buy your car” suena como un insistente golpeteo que hiere las meninges. Mas me parece tan absurdo el escucharlo que me permito exclamar ¡pelmazos! en la soledad del dormitorio. Y es que si de algo estoy seguro es de que de ocurrírseme vender mi coche acudiría a cualquier otro vendedor antes que a quien tan insistentemente agrede mis oídos.

Luego salgo a dar un paseo por una atractiva zona comercial y casi sin proponérmelo constato que la mayor parte de los negocios que ofrecen sus productos se identifican en lenguas no españolas pese a ser raro encontrar a alguien con pinta de extranjero entre los potenciales compradores que deambulan por el centro. Y también pese a que, aun en caso de encontrarlo, lo más probable sería que se tratara de un hispanoamericano conocedor de la lengua de Cervantes. Pero, además, los rótulos a los que me refiero suelen mostrarse incomprensibles, absurdos y hasta contraproducentes. Fíjese usted, improbable lector mío, que uno de ellos dice literalmente: “Never trust”, cuya tradición es un aviso para que ustedes “no se fíen nunca”. Con lo cual dígame quien es tan iluso como para que se le ocurra entrar.

Otro lugar que no le anda muy lejos – una tienda de productos de cosmética – tiene situado en la entrada al establecimiento un esqueleto de pie y en bata blanca con el que, por lo que cualquiera intuye, pretende seducir a los incautos. Pero dígame usted quien es el guapo que se aventura a entrar allí con tales perspectivas de futuro. Como otra tienda más reciente, que luce el título de “La oveja negra” como dando a entender que el dueño o promotor es ese hijo de familia que no está a la altura de sus progenitores.

O como otro establecimiento que se da al conocimiento público con un letrero que dice “Catchalot”, parecido a la palabra “cachalote” pero también a la expresión inglesa “catch a lot”, que significa “coge mucho”. Y bueno, la cosa no está mal como juego de palabras, mas la verdad, se hace difícil imaginar a qué viene la cosa ya que se trata de vender zapatos y complementos de sector medio/alto, según dicen. Algo parecido ocurre con otro lugar de venta – éste de ropa para niños – que se titula “Sergent Major” (?)

Luego hay nombres de tiendas que como la ya citada “Never trust” parecen sugeridas por la competencia. Hasta hace poco pude ver un establecimiento de ropas y zapatos de postín cuyo nombre era “Sebago”, lo que, teniendo en cuenta que gran parte de los españoles no hacemos distinción entre la be y la uve, podría sugerir que el titular anima a no dar golpe en el trabajo. Lo que podría justificar la desaparición de un buen negocio.

Y aún podríamos hablar de la manía de las siglas, que a simple vista resultan intragables. Sin ir más lejos, ahora mismo podría citar un par de casos utilizando simplemente la memoria: una de ellos, de instalación reciente, corresponde a una firma italiana: la OVS, respecto a la cual nadie – ni tan siquiera las cajeras – me supo dar respuesta. Así vamos, señores, por la vida: sin hacernos más preguntas que las indispensables para seguir viviendo.

En cuanto al segundo caso que les cito, se refiere a un negocio bien conocido de venta de sofisticados productos electrónicos. Se trata de la FNAC; que ahí pueden ustedes hacer volar su imaginación buscando descubrir lo que las siglas letras significan, pues tanto puede ser “Federación Nacional de Asesores Comerciales” como “Fuerza Nacional Anticapitalista”. ¡Con lo poco que habría costado inventar algo más sencillo y expresivo! ¿Recuerda usted aquellas tiendas de los viejos tiempos que se llamaban cosas que se entendían porque de alguna forma concordaban con su posible contenido?

Claro que. un poco más allá, sin todavía salir del escenario de mi mencionado paseo matinal, también nos encontramos con otro rótulo curioso; éste conocido de todos los ciudadanos españoles: me refiero al archifamoso “Corte Inglés”. ¿Puede encontrarse algo más equívoco y contradictorio para una institución que por su presencia en toda España es símbolo – según suele decirse – de nuestra propia identidad?.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://c1.staticflickr.com/5/4485/37759967352_db544dc753_b.jpg

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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