Da hasta vergüenza que se enteren de lo nuestro

Por Javier Pardo de Santayana

(Viñeta de Puebla en ABC el pasado día 28 de octubre ) (*)

Dios mío, ¡qué vergüenza! Hace sólo unos días escribí un artículo – que titulé “La gran Superchapuza” – en el que describía el impresentable comportamiento de la clase política reinante en Cataluña, esa que hasta nos da vergüenza – por poner un ejemplo – de que la puedan ver los alemanes.

Pues bien. el caso es que aún se ha acentuado el desvarío y ahora nos avergüenza tanto que ha habido que pararlo porque ya estaban montando el baile y además quería bailar solos. Les recordaré simplemente lo que nos mostraron las pantallas: la conocida pandilla improvisando una a modo de comedia recontando votos en el kafkiano escenario de una sala vacía en su mitad – la de la oposición ausente – mas sin embargo acompañada por quinientos ediles de “los suyos” en una coreografía amenazante.

Ahora recuerden aquella Historia: la de una España que siempre ha sido grande; una de las grandes naciones europeas, que restauraría las fronteras del continente y se iría luego a descubrir un nuevo mundo, atravesaría océanos hasta abrazar el orbe, y pariría navegantes, santos, reyes, artistas, capitanes y poetas cuyos nombres quedarían para siempre como razón de asombro. La España de nuestros abuelos, bisabuelos y tatarabuelos; la que con el tiempo iría acumulando la herencia compartida de una cultura más que milenaria.

Pues bien, con solo ochenta papelitos echados en ausencia de casi la mitad del parlamento, con el solo apoyo de una consulta declarada nula por la Justicia española encarnada por la mayor autoridad del Reino en este tema, es decir, despreciadas todas las posibles reglas constitucionales, la pandilla se permitiría declarar la independencia de una región española en la que, como ustedes saben, García es el apellido más frecuente. Que así de zafiamente, en este escenario ilegal y lamentable, la pandilla se permitiría perpetrar el gran atraco para acabar con una patria – un patrimonio – que a todos pertenece.

Así que, mire usted por dónde, quienes en un eslogan vomitivo decían que España les robaba lo que en realidad pretendían era despojarnos a nosotros de una parcela de nuestro hogar común, algo sólo posible gracias a la agit-prop que durante años y años practicaron en las pantallas, en las escuelas, las universidades, y en cualquier otra posible lugar y circunstancia. Cosa que hacían conscientes del enfrentamiento que tozudamente predicaban.

Bien les está, por tanto, que se hayan dado de bruces no sólo con el resto de los españoles incluidos el resto de los catalanes, sino con la Justicia. Y, gracias a Dios, con una sabia previsión de nuestros padres fundadores. Yo imagino ahora los días en que éstos, en pleno entusiasmo constitucional, cayeron en la cuenta de la necesidad de prever este tipo de situaciones limite. Quizá consultaran las disposiciones redactadas por otros países europeos empezando por Alemania, pues este país centroeuropeo tuvo que reinventarse tras la guerra. E imagino que, fuera por casualidad o porque ya albergaba cierta preocupación respecto a la posibilidad de tales desvaríos, uno de nuestros padres fundadores tropezaría con un artículo que le saldría al paso. Como imagino las más que probables discusiones, pues también es posible que alguien pensara que no valía la pena abordar este supuesto, mientras otro más cauto y precavido mantuviera la opinión contraria. Y que, la cosa fuera como fuera, se decidiera redactar lo que debía ser tenido en cuenta en una circunstancia como la actual o parecida inspirándose en la solución de los teutones con algunos matices adaptados a nuestra peculiar idiosincrasia.

En cualquier caso, visto lo que nos ocurre ahora, bendita sea aquella hora concreta, y bendito sea que de esta forma pudiéramos contar con un ejemplo ajeno y respetable, ya que todos sabemos que a la hora de elegir modelo los españoles creemos más en la opinión ajena que en la parida por nosotros mismos. Y benditos sean los precavidos alemanes que con el tiempo nos ayudarían a superar ese buenismo hoy tan frecuente en nuestros predios bien pensantes.

Demos gracias a Dios, pues es lo justo, por aquella decisión tomada al hilo del estudio de nuestra ”Carta Magna”. Como también por que, quienes siempre encontraran un motivo para significarse en contra de cualquier iniciativa de sus contrincantes por muy sensata que ésta fuera acabaran por hacer causa común con sus rivales en esta hora en que los superchapuzas intentaron nada menos que destruir su propio patrimonio, o sea el nuestro.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://c1.staticflickr.com/5/4477/37965801522_cd4abbe575_o.jpg

Recibe nuestras noticias en tu correo

Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

Lo más leído